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jueves, 9 de junio de 2011

Rápido repaso a algunos “Anillos del nibelungo” en imágenes


Últimamente me he repasado varios Anillos del nibelungo en DVD (aparte de reescuchar los dos de Furtwängler en CD, como sabrán mis lectores más fieles) y he llegado a conclusiones no siempre nuevas, pero sí bastante nítidas. No hay muchas que merezcan globalmente la pena, la verdad: hay una muy interesante y valiosa, “profética” en el plano escénico (Patrice Chéreau, Philips y D.G.), que falla estrepitosamente por la dirección musical de Pierre Boulez, canija y muy alejada de lo que entendemos por Wagner y por la Tetralogía en particular.

Otra de una calidad técnica excepcional (la de Zubin Mehta en Valencia, con muchos cantantes epléndidos, no todos, bien dirigida –muy romántica– y con una escena, de La Fura dels Baus, que no me convence para nada, y menos conforme va avanzando: una solución visual para quienes pueden aburrirse con lo que se oye).

Una más (la de James Levine y Schenk en el Met) que en lo musical resulta más espectacular que sentida o centrada en Wagner, y con una escena anticuada hasta lo patético, yo diría que “imposible”. Esta versión, de calidad técnica escasa, no sale adelante pese a contar con algunos, no pocos, cuantos cantantes magníficos. (Es curioso comprobar cómo Bayreuth “inspiró” a Levine, que en 1997 mejoró muchísimo en El ocaso publicado por D.G., con curiosa escena de Alfred Kirchner y algunos cantantes formidables).

Es raro que EMI no haya publicado la de Wolfgang Sawallisch y Götz Friedrich, que aun sin entusiasmarme musicalmente (tiene algunos, pocos, grandes cantantes, pero la dirección es bastante indiferente), es muy a tener en cuenta en lo escénico.

Antonio Pappano/Keith Warner

Más raro aún encuentro que tampoco esté comercializada la mucho más reciente (2005-06) de Antonio Pappano, en el Covent Garden, con escena de Keith Warner y una importante plantilla vocal, que circula por ahí en imágenes, con calidad sólo aceptable. Lo mejor de ella es la dirección musical, que sigue las trazas de Barenboim pero sin alcanzar su grandeza ni su dramatismo (sí, a menudo, su fuego); tampoco la Orquesta del Covent Garden es la de Bayreuth (curiosamente, el muy alto nivel medio flaquea en las dos páginas orquestales más sobresalientes de El ocaso: el “Amanecer y Viaje de Sigfrido por el Rin” y la “Marcha fúnebre”). Cuenta con un reparto irregular, con bastantes voces británicas, algunas espléndidas (el Loge de Philip Langridge, el Wanderer y el Hagen de John Tomlinson ¡todavía!), otras no tanto (el insuficiente y algo tosco Wotan de Bryn Terfel)...

En cuanto a la escena, además de numerosos objetos y mobiliario innecesarios, “inventa” multitud de cosas, muchas de las cuales no vienen a cuento. Así, cuando Alberich es atrapado y es despojado del anillo, intenta matarse clavándose la lanza de Wotan: algo absurdo, pues de haber sido así, la orquesta lo hubiera delatado con el correspondiente leitmotiv. Lo mismo digo de Hunding, que no muere fulminado cuando Wotan le ordena por segunda vez “Geh!”, sino que Wotan le hinca su lanza (se pierde así un tremendo efecto teatral). En la “Cabalgata”, las walkyrias son furias que cabalgan sobre calaveras de caballos; otra calavera, en vez de su caballo, muestra Brunilda al final de El ocaso. En Sigfrido, el pájaro es un artilugio movido por el Caminante (copia de Kupfer), para luego cobrar forma humana: la soprano que lo canta. Y muchas otras ocurrencias innecesarias cuando no absurdas. Y, sin necesidad de poner más ejemplos: las prácticas con vivos y cadáveres en el Nibelheim son (créanme que no exagero quienes no lo hayan visto) horriblemente repugnantes.

La Brunilda de Lisa Gasteen es notable, pero aquí y allá cala de modo ostensible. Katarina Dalayman, en cambio, es una magnífica Siglinda, como Emily Magee estupenda Freia y Gutrune. Muy bien Gerhard Siegel como Mime y Jane Henschel como Erda. Por el contrario, John Treleaven es un Sigfrido de buen centro pero escasamente musical y de canto muy, muy deficiente. También son flojos el Alberich de Peter Sidhom (bastante mejor Günter von Kannen en este mismo papel en El oro) y el Hunding de Stephen Milling.

Daniel Barenboim/Harry Kupfer


Harry Kupfer

Pero el repaso de la de Daniel Barenboim y Harry Kupfer (Warner), de Bayreuth en 1992-93, me ha vuelto a entusiasmar, si cabe más que antes, por la labor del director de escena alemán. Creo, incluso, que su propuesta de esta ocasión debería servir de ejemplo a muchos directores (o que creen serlo) que se dedican a inventar cosas sin el menor sentido. Porque, lejos de ser una propuesta “moderna” (con el sentido de arbitraria y disparatada que le dan los más conservadores a esa palabra), aunque pudiera parecerlo a primera vista, me parece un ejemplo supremo de respeto a la música de Wagner y a su dramaturgia, hasta el punto de subrayar multitud de detalles que tienen traducción visual en la música y, desde luego, de crear una relación entre los personajes de una solidez y lógica aplastantes. ¡Qué trabajo con los cantantes-actores! ¡Chapeau! Por otra parte, despoja el escenario de elementos escenográficos superfluos, preservando así la esencia del drama. Lo cual es enormemente de agradecer: concentra la atención en la colosal música y ahorra un pastón (¡qué forma tan inconsciente de gastar y gastar en otras propuestas!...) Sólo podría resultar objetable el final mismo de El ocaso, que parece abrir una puerta a la esperanza...

No hace mucho ha sido reeditada ahora a precio mucho más bajo que antes en una caja cuyo lomo se ha reducido a 2 centímetros (antes tenía 6 con los mismos 7 DVDs). Es una propuesta inmejorable.

Porque no hace falta recordar que, desde el punto de vista musical, es magnífica (pese a algún cantante –pocos– no del todo a pedir de boca. Entre los que me apresuro a decir que ahora no incluyo a John Tomlinson, pese a sus defectos canoros). Pero la dirección musical es impresionante, lo mejor escuchado desde la mítica grabación de Solti para Decca, y además el rendimiento que el de Buenos Aires saca de la Orquesta de Bayreuth es de todo punto incomparable (¿de verdad es la misma de Boulez?...)

Por cierto: la escena de Kupfer repuesta en el Liceu no es exactamente la misma, y creo que en líneas generales ha perdido algo en varios aspectos. Y no digamos en lo musical: aunque la batuta de Sebastian Weigle es estimable y estilísticamente acertada, los cantantes no tienen aquel nivel, y la orquesta barcelonesa, francamente, no da la talla.

Lo que no comprendo es cómo la versión de Barenboim y Kupfer no la han publicado en Blu-Ray, porque está filmada en alta definición. Desde luego, la que está haciendo Barenboim ahora en La Scala, que posiblemente va a ser también editada, no parece que esté teniendo o vaya a tener una propuesta escénica (de Guy Cassiers) de tal solidez.

4 comentarios:

  1. Es que ese anillo de Baren en dvd a escasos 36 euros... hay que tenerlo sí o sí. Probablemente sea la mejor opción en dvd a día de hoy.

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  2. Lo he mirado en Amazon.com y el estuche con 7 dvd´s cuesta 40 euros y el de 14 cd´s 60 euros. Supongo que los cd´s se escuchan mejor. La verdad es que es muy tentador. Tengo la versión Kna 1956 de Golden Melodram y la de Solti en vinilo. Con esta completaría un trío difícil de igualar...

    Alberto Ayas Linde

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  3. Sí, Knappertsbusch, Solti y Barenboim sería, para mí, el trío ideal, los tres mayores intérpretes hasta la fecha del "Anillo" desde el podio.
    Pero no es cierto que los CDs suenen mejor que los DVDs correspondientes de esa última versión: la "banda sonora" es la misma y con el DVD se tienen, además, imágenes; y el precio es inferior (evidentemente, por el ahorro en los libretos que llevan los CDs; pero es que los DVDs incorporan subtítulos en castellano). O sea, que creo que la versión en DVD trae más cuenta.

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  4. A pesar del sonido -que es aceptable para la época, pero mono- y de la orquesta -que es floja- el Anillo de Furtwängler para la RAI, publicado por EMI, es, para mi, la otra gran referencia interpretativa de la obra, además de las tres que apuntáis.

    Por referencia quiero decir el tipo de grabación a la que ir, una y otra vez, a profundizar en la obra, a contrastar y a revisar. Para disfrutar o para iniciarse, yo recomendaría Barenboim y Solti, por el sonido, y si hubiera que seleccionar solo una, Barenboim, por las imágenes.

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