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martes, 26 de julio de 2011

Abbado no convence en “Fidelio”

La nueva versión publicada por Decca de Fidelio –que no suena todo lo bien que debería– podría haber sido una de las grandes de no haber sido por la batuta, una de las más brillantes de nuestro tiempo, pero no propiamente beethoveniana. Podría haber sido, porque dispone de un elenco vocal adecuadísimo y magnífico todo él. Esto por lo que se refiere a la calidad de sus voces y al canto, más que propiamente a la interpretación, que está en algunos casos un poco por debajo de esas otras cualidades.

Nina Stemme, por ejemplo, es una Leonore que, desde el punto de vista vocal, es prácticamente insuperable (hoy o antes). No tengo ningún reparo que hacerle a su encarnación del personaje, pero no logra emocionar como lo hacen Christa Ludwig (con Klemperer) y Waltraud Meier (con Barenboim). Jonas Kaufmann es más lírico de lo que pide Florestan, pero como el color de su voz es oscuro y su registro agudo muy firme, no tiene problemas (lo que no es poco decir, con lo terrible que es su parte). La exclamación “Gott!” con la que aparece me ha parecido un poco forzada o exagerada (¿potenciómetro?); es mi única objeción.

Christoph Fischesser, aún joven, se consolida como uno de los mejores bajos del mundo (al menos en el terreno alemán): admirable su Rocco en todo y por todo, casi al nivel de Pape. En cuanto a Falk Struckmann, su color vocal y sus características son ideales para Pizarro, pero aquí resulta algo menos creíble que con Barenboim. Espléndidos, finalmente, tanto la Marzelline de Rachel Harnisch (lírico-ligera) como el Jaquino de Christoph Strehl y el Don Fernando de Peter Mattei, un barítono-bajo muy en alza.

El coro es soberbio, irreprochable la orquesta (un poquito escuálida, para mi gusto)... ¿qué pasa, entonces, porqué no termina de convencer esta versión? Pues por culpa del director. Y Fidelio es una obra de director. Rara vez me ha convencido Abbado en Beethoven, y aquí, tampoco. Todo está en su sitio, todo se oye divinamente, hay incluso profusión de detalles de director de gran finura... pero la sonoridad es poco beethoveniana, carente de fuerza, de grosor y de ese peculiar color y textura a madera. Casi siempre el tempo es algo ligero de más, el dramatismo y la emoción de la música están en buena parte ausentes, por no hablar de la pasión –una cierta frialdad no nos abandona a lo largo de toda la escucha–. Y, descendiendo al detalle, algunas cosas que me han gustado bien poco: la genial introducción del acto II es apenas sombría, torva, amenazadora, y, cuando Florestan tiene la alucinación, un oboe lánguido y empalagoso me amarga la velada.

Fidelio sigue siendo terreno imbatible de los tres mayores directores beethovenianos de los últimos setenta u ochenta años: Furtwängler y, más aún, Klemperer (ambos EMI) y Barenboim (Warner). Éste, también en dos CDs, regala las cuatro oberturas de la ópera. Así que, como dicen con frecuencia algunos críticos, “sin cambios en la discografía”.

2 comentarios:

  1. EstImado señor carrasposa. Me gustaria saber que le parecen las versiones de rattle y, en particular, la de Karajan.
    Un saludo.

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  2. La versión de Karajan es un poco ampulosa, grandilocuente y gritona. Vickers -mucho menos bien que con Klemperer- y Kelemen (Pizarro) me parecen algo pasados de rosca. Me gustan mucho Dernesch (Leonore), Ridderbusch (Rocco) y Donath (Marzelline).
    La de Rattle me gusta aún menos, bastante menos. La dirección es insípida, indiferente, absolutamente carente de pasión y de piedad, y a menudo rebuscada. De los cantantes, que se contagian de esta falta de conexión con la obra, sólo destacan los dos menos importantes: Juliane Banse como Marzelline y Rainer Trost como Jaquino. Particularmente mal Laszlo Polgar como Rocco.

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