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domingo, 16 de octubre de 2011

Celibidache dirige Prokofiev y a (sí: a) Dvorák

Como aperitivo, así lo espero, de lo que publicarán en 2012 para celebrar el centenario del nacimiento de Sergiu Celibidache, EuroArts ha editado hace poco un DVD con dos de las interpretaciones sinfónicas más portentosas y geniales de la historia del disco: su Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorák (1991) y su Sinfonía Clásica de Prokofiev (1988), ésta precedida de un ensayo de casi 40 minutos. Ambas con la Orquesta Filarmónica de Múnich.

Si la Primera Sinfonía de Prokofiev conoce aquí una recreación muy diferente, pero al menos tan prodigiosa como las de Giulini con la Sinfónica de Chicago y Ozawa con la Filarmónica de Berlín (ambos discos de D.G.), verdaderamente reveladora, para lo de la última Sinfonía de Dvorák realmente no hay palabras. Créanme que no exagero. Ya lo verán...

El Prokofiev puede extrañar a primera vista (audición) por su lentitud, sobre todo el primer movimiento, pero una segunda escucha o una escucha atenta y desprejuiciada nos hará ver que, aquí, debe, tiene que, ser así (aunque, por supuesto, pueda ser también de otras maneras). Porque está, pese al tempo, llena de chispa y de humor socarrón, y este último se perdería bastante con un tempo más veloz. El resto de la “Clásica” es tan canónico y excelso que no hay lugar a la menor reserva ni extrañeza. Estoy seguro de que más de un oyente y espectador descubrirá en la interpretación de esta obra deliciosa no pocas cosas nuevas.

Sobre todo si ha presenciado antes el ensayo (lástima: los subtítulos vienen sólo en inglés y francés), en el que Celi, además de multitud de indicaciones inteligibles, suelta a los músicos discursitos (breves) difíciles de comprender y de llevar a la práctica. ¡Qué forma tan graciosa de canturrear y tararear lo que pretende obtener, caricaturizando a veces los acentos que persigue...! ¡Qué genio, extravagante si se quiere, pero qué genio extraordinario el del rumano, uno de los más grandes directores del siglo XX!

Como decía, lo de la Sinfonía del Nuevo Mundo es aparte. Su única peculiaridad es un tempo algo (no demasiado) más lento de lo habitual, pero pronto uno deja de darse cuenta de esto, tal es la aplastante lógica de esta interpretación, que atiende a todos los elementos presentes en la obra, desde las melodías de origen folklórico (americano y checo), el lirismo excelso (¡qué movimiento lento!), el dramatismo, incluso el desgarro, evidente en el finale, más desesperado que triunfal. Todo expuesto con una claridad como jamás haya sido escuchado.

Y una curiosidad: el cuarto de los primeros violines, fijaos, es talmente Antonín Dvorák. Y con sus gestos y con su entrega, aprueba por completo cómo Celi está interpretando su partitura.

Hay, sí, muchas Nuevos Mundo formidables (Fricsay, Klemperer, Kertesz I, Giulini, Böhm, Karajan, Kondrashin...), pero ésta me parece abrumadoramente superior a cualquiera de ellas.

1 comentario:

  1. Celibidache es mucho Celibidache.
    Incluso cuando la cosa queda algo (demasiado) extravagante, la experiencia es única.

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