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martes, 4 de octubre de 2011

Los ingenieros empañan las espléndidas “Estaciones” haydnianas de Colin Davis

Sir Colin Davis, uno de los más admirables intérpretes actuales de Haydn (si no el que más) no había grabado el último oratorio de Haydn sino hace mucho tiempo, y en inglés. Por fin se ha decidido a hacerlo en alemán y en esta etapa de absoluta madurez. LSO live acaba de publicar el doble CD con su interpretación, tomada en público en el Barbican londinense en junio de 2010. Pero esta publicación se ve lastrada por una grabación técnicamente muy mejorable: suena como de lejos –como si estuviera uno sentado en una de las últimas filas–, con una señal muy baja y sin mordiente. Salvo las escasas partes fortissimo con protagonismo de trompetas y timbales, donde por cierto Davis atiza con fuerza (influencia, benéfica aquí, en mi opinión, de Harnoncourt). Todo el resto se oye todo bajito y con muy escasa presencia. Este es el principal inconveniente de esta publicación.

Otro lo es un trío solista más bien discreto: una correcta Miah Persson (cuya voz, singular, puede gustar o no), un Jeremy Ovenden superlírico, voz demasiado blanca para Lukas, a cuyas notas más graves no da adecuada respuesta, y un Andrew Foster-Williams cuya voz de barítono ahueca para intentar aparecer como bajo, además de cantar casi todo el tiempo fuerte o muy fuerte. (Ya sé que René Pape no puede grabarlo todo, pero...)

La dirección de Colin Davis y la actuación del coro (¡sensacional!) y de la orquesta (espléndida) son los puntos muy fuertes de la versión. El ya anciano director inglés (nacido en 1927) tiene en su haber algunas de las grabaciones más admirables de Sinfonías de Haydn que existen, y aquí demuestra que su conocimiento del compositor y su entusiasmo siguen (casi) intactos. Abundan a lo largo del oratorio la energía, el entusiasmo, la grandeza sin grandilocuencia, y también la delicadeza y los momentos sombríos y casi angustiosos (en el Verano y el Invierno). Sólo se me ocurre criticar la velocidad excesiva de los coros “Hortl!” y “Nun toenen die Pfeifen”, del Otoño, de sonoridad convenientemente rústica. Por cierto, algunos coros de Der Freischütz de Weber no existirían sin Las Estaciones de Haydn.

Resumiendo: magníficas la dirección y las actuaciones de coro y orquesta, solistas discretos y grabación gris, muy gris (incluso reproducido como SACD). Y no es la primera vez que algo así les pasa a algunos discos de LSO live. ¿Cómo es posible a estas alturas?

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