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jueves, 7 de febrero de 2013

Dos óperas “modernas” en DVD: “La pasajera” de Weinberg y “Oedipus” de Rihm

 


Completada en 1968, The Passenger de Mieczyslaw Weinberg (o Moishe Vaynberg: Varsovia, 1919 – Moscú, 1996), ha sido una sorpresa mayúscula para mí. Con un estupendo libreto de Alexander Medvedev basado en la novela homónima de la escritora polaca Zofia Posmysz, la ópera transcurre a principios de los años 60 del siglo XX en un transatlántico y durante la segunda guerra mundial en el campo de concentración de Auschwitz.
“Escrita con su sangre”, como escribe Dmitri Shostakovich en un elogioso comentario sobre ella, el autor no pudo llegar a escucharla, pues no se estrenó hasta diez años después de su muerte, en la capital rusa y no representada, sino en versión de concierto.
El Festival de Bregenz la escenificó por vez primera, en 2010: una admirable e impactante puesta en escena de David Pountney que recoge en DVD y Blu-ray el sello Neos. Con espléndidos cantantes (que actúan con enorme convicción) como Michelle Breedt, Elena Kelessidi y Roberto Saccà, y dirigida con incondicional entrega y absoluta competencia por Teodor Currentzis al frente de unos espléndidos conjuntos –el Coro Filarmónico Checo y la Orquesta Sinfónica de Viena–, en mi opinión se trata de un hallazgo de primer orden en la ópera de la segunda mitad del siglo XX.
El lenguaje musical de La pasajera (cantada en varias lenguas: alemán, ruso o polaco) es de su tiempo, siendo difícil atribuirle influencias, aunque haya ecos, no muy explícitos, desde Janácek hasta Britten y del último Shostakovich.


 
Tampoco hay que perderse Oedipus de Wolfgang Rihm (n. 1952), cuyo estreno tuvo lugar en la Deutsche Oper de Berlín en 1987, grabación filmada que recoge un DVD recién publicado por Arthaus. El libreto es del compositor y se inspira libremente en Edipo el tirano de Sófocles traducido por Hölderlin y en Edipo de Nietzsche. La música, de estricta vanguardia, hizo que el sector más conservador del público asistente al estreno protestase, frente a una mayoría de aplausos, muchos de ellos encendidos (en todo caso, se echa de menos esa vehemente toma de partido, que se ha ido perdiendo: ahora casi sólo se abuchean ciertas puestas en escena...)
Por cierto, la concepción escénica de esta versión, del gran Götz Friedrich, aunque hija indudable de aquellos años, creo que es un acierto importante.
La interpretación musical es admirable: Christof Prick dirige con mano firme a un Coro y una Orquesta muy entregados (lo que no es poco mérito, frente a la actitud abúlica en tantos estrenos) y los cantantes son todos sobresalientes: la soprano (o mezzo) Emily Golden (Yocasta), el barítono William Dooley (Tiresias), el tenor William Pell (Creonte) y, sobre todo, el barítono Andreas Schmidt, que encarna el rol titular con una musicalidad y un arte canoro de primerísima clase.








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