Follow by Email

lunes, 11 de noviembre de 2013

Discografía comparada del “Concierto italiano” de Bach

El llamado Concierto italiano, de 1735, es una de las páginas para teclado más apreciadas del autor de El clave bien temperado y las Variaciones Goldberg, sus obras mayores entre lo compuesto para ese instrumento, sin olvidar las 6 Partitas. Perteneciente a la segunda parte del Clavier-Übung, el Concierto al estilo italiano, BWV 971, recrea un concierto imaginario de Vivaldi en el que el concertino y el ripieno se destinan cada uno a un teclado del clavecín. Pero suena, sin duda, más a Bach que a Vivaldi. Y eso pese a la indudable inspiración italiana del Andante, uno de los movimientos lentos más bellos de su autor (lo que no es poco decir...)
Alternaremos grabaciones en clave y en piano. La más antigua fue en clave, data de 1936 y se debe a la primera gran clavecinista de la historia de la interpretación, Wanda Landowska (está en CD en el sello Biddulph). Pero la primera en piano no tarda en llegar: es la de Artur Schnabel (Doré 1938). Y entre ambas la primera de Ralph Kirkpatrick (Pearl 1937). Este mismo sello aporta la grabación pianística de Arturo Benedetti Michelangeli, de 1942. De fecha tan remota como 1948 hay una primera grabación, también al piano, de Sviatoslav Richter (Melodiya), cuando contaba 33 años: quizá uno de sus primeros registros fonográficos. Ralph Kirkpatrick, el clavecinista estadounidense, catalogador sistemático de las 555 Sonatas de Domenico Scarlatti, lo volvió a grabar en 1952, ahora para Sony. De esta marca es también la grabación (1955) de Glenn Gould; al parecer no la repitió. 
La persona que más ha centrado su trayectoria en el piano de Bach ha sido, sin duda, Rosalyn Tureck, nacida en Chicago en 1914 y fallecida en Nueva York en 2003. Su autoridad bachiana nadie la pone en duda y su participación en cursos y clases magistrales sobre Bach ha sido tan dilatada como intensa. En 1959 grabó para EMI (aunque ha sido pasado a CD por Philips) el Concierto italiano, y podría afirmarse que esta interpretación no ha sido nunca superada. Llama la atención su intemporalidad: podría ser de cualquier momento, eso sí, siempre genial. El Allegro inicial (Bach no le puso indicación a este movimiento, pero se suele entender así), sin precipitarse, está saboreado nota a nota, todas las cuales tienen sentido, no es una mera sucesión de ellas. El Andante, tocado a media voz, como para sí misma, es de una belleza desarmante. Y el Presto final está tocado con tal lógica que escuchándolo parece que no puede ser de otra manera.


             

Un año posteriores son las grabaciones de Kirkpatrick (la tercera de las suyas), nuevamente para Sony, y del londinense George Malcolm para Decca. De 1965 data la del norteamericano nacido en Berlín Igor Kipnis (hijo del gran bajo Alexander), para Sony. Dos años posterior es la magistral grabación para Deutsche H. Mundi de Gustav Leonhardt, el clavecinista, organista y director holandés que tan ligado se halla también al nombre de Bach. La suya es una de las versiones más lentas, desgranada con delectación; ni siquiera en el Presto es veloz, lo cual puede resultar chocante, pero es de una consistencia y lógica irrebatibles. La toma de sonido es, sin embargo, un poco más percutiva de la cuenta (como decía con sorna un amigo mío pianista, “este clavecín suena un poco a ferretería”).
De 1967 data también la grabación, para EMI, de Alexis Weissenberg, muy percutiva, con los movimientos extremos demasiado veloces y un paladeado y expresivo Andante: parecen dos pianistas diferentes. De 1972 es la siguiente grabación relevante de esta obra: la de Alicia de Larrocha, para Decca. Sin pretensiones de imitar al clavecín, se sirve de las posibilidades que ofrece el piano, pero con moderación: el sonido es delicado, pero no carente de cuerpo. Evitando la tentación ornamental, su ejecución es inmaculada y muy medida. El Andante es en sus dedos como un soliloquio, muy sobrio y contenido, pero ello no obsta para que concluya en un clima de recogimiento de gran inspiración e inefable belleza.
De 1977 es la grabación de Alfred Brendel en el sello Philips. Interpretación tranquila, fluida, flexible y amable, suave como una seda. Refinamiento que no significa aquí, en modo alguno, amaneramiento. En el Andante, muy lento, logra una sensación de abandono como intemporal que en algún momento me trae a la mente el Beethoven de última época. Un poquito de pimienta e incisividad en el Presto habrían hecho de esta versión una cima difícil de alcanzar.
En 1979 Sony publicó la segunda grabación de Rosalyn Tureck, otra lección magistral de conocimiento de Bach y de musicalidad; además de, por descontado, de técnica. Frente a su primera grabación, esta segunda tiene un primer movimiento algo más rápido, suelto y elástico; el tercero es algo más enérgico, en algunas frases un poco marcial. Y en cuanto al Andante, un poco más lento que el anterior, es si cabe –parecía imposible- aún más bello y expresivo (lo que no significa romántico) que el de veinte años atrás.
Ya con el nuevo sistema digital de grabación, en 1984 nos encontramos con la estupenda interpretación del clavecinista y director británico Trevor Pinnock (Archiv 1984). Versión impetuosa, vital pero no veloz, que sin embargo se remansa en el Andante para volver a una fuerza casi agresiva en el Presto. Dos años después nos encontramos con la seriedad quizá algo impersonal, pero intachable, de la pianista Angela Hewitt (D.G.) y al año siguiente con el gran organista, clavecinista y director holandés Ton Koopman (Erato), grabación que no he podido localizar. Un año después, en 1984, se añade a la lista la del clavecinista canadiense Kenneth Gilbert, una respetadísima figura tanto en el estudio de Couperin como de Scarlatti o Bach. Su primer movimiento del Concierto italiano es más bien lento, pero con empaque y resolución: parece guiarle un propósito de objetividad, pero no se traduce en absoluto en rigidez o asepsia. Su Andante carece de ornamentación que distraiga de las líneas esenciales, una hermosa reflexión de elevada espiritualidad. Lástima que el Presto se vea lastrado por ciertos cambios de tempo no muy convincentes.


   

Trevor Pinnock                  Kenneth Gilbert

De 1990 es la grabación de Scott Ross, para Erato. El malogrado clavecinista de Pittsburgh que grabase las 555 Sonatas de Scarlatti propone una versión de gran espontaneidad, de claridad meridiana (siempre puede seguirse con independencia la mano izquierda), fluida, flexible, no exenta de elocuencia. En el Andante, ligeramente con moto, parece huir del sentimiento romántico. Un gran maestro del clave. La toma de sonido es extraordinaria.
Apasionante la segunda interpretación del enorme pianista ucranio Sviatoslav Richter (Philips, en público, 1991), quien quizá imita en cierto modo la sonoridad clavecinística con una pulsación bastante percutiva. Vital y comunicativo en los movimientos extremos, su Andante es abstracto e introspectivo. Una versión muy personal por sus acentuaciones y empleo de la dinámica, quizá un tanto polémica. La propuesta de Christophe Rousset (Decca 1992) es elegante, graciosa, un tanto banal, aunque no carece de encanto y atractivo. En el Andante, bastante rapidito, le falta vuelo, y en el Presto se deja llevar un poco por el mero virtuosismo.
                                                         

              Schiff

Desconozco la versión (Naxos 1992) del alemán Wolfgang Rübsam, conocido mayormente como intérprete de órgano, instrumento con el que ha grabado las obras completas de Bach, Buxtehude, Franck, Widor y Messiaen, nada menos. Un año más tarde, en 1993, aparece la versión del pianista que más asiduamente se dedica a Bach en los últimos tiempos: el húngaro András Schiff. Su grabación de toda la obra para clave de Bach al piano es todo un monumento. Su Concierto italiano suena, curiosamente, bastante clavecinístico, y aunque es de una nitidez irreprochable, resulta algo impersonal, tal vez en exceso ortodoxo. Viveza, agilidad y naturalidad son cualidades que no se le pueden regatear; casi ligereza en el Presto.
Las más recientes grabaciones de esta obra son la del holandés Bob van Asperen (Virgin 1994), la del alemán discípulo de Koopman Andreas Staier (Deutsche Harmonia Mundi 1995) –bastante heterodoxa, precipitada y por momentos casi histérica versión no carente de partidarios–, Peter Serkin (RCA 1996) al piano y Olivier Baumont al clave (Erato 1999). En lo que va del sigo XXI, con el tremendo frenazo habido en las grabaciones comerciales, se han hecho –que haya yo localizado– sólo las de Terence Charlston (Deux-Elles 2002), Lucy Carolan (Signum 2003) y Masaaki Suzuki (BIS 2007).










3 comentarios:

  1. Estimado Ángel:

    Encuentro pocas referencias a Tureck cuando se comentan discografías de Bach, no sé por qué. A mi también me parece maravillosa.

    Tureck tiene unas Variaciones Goldberg en DG, y dos Claves Bien Temperados (en DG y en BBC classics, principios de los 50 y mediados de los 70, mono y estéreo, respectivamente). ¿Qué opinión le merecen estas interpretaciones?

    Un afectuoso saludo y gracias.

    Rubén

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo tuve la suerte de escuchar varias veces en directo a Rosalyn Tureck, mayormente tocando y dirigiendo Conciertos de Bach, y siempre me fascinó. (También la vi, como miembro del jurado, en sesiones del Premio Jaén). Creo que su Bach es siempre tan personal y creativo como es deseable, aunque a veces ello lleve a discrepar de lo que hace o resultar discutible. Pero prefiero eso que la asepsia e impersonalidad tan frecuentes. Las Goldberg de DG la cogieron muy mayor, pero las que tiene en CBS/Sony (¡tocando el clave!) me parecen maravillosas, lo mismo que su Clave bien temperado de DG. Pero no conozco el publicado por la BBC.

      Eliminar
    2. Muchas gracias por compartir estos recuerdos y su criterio.
      Un afectuoso saludo.
      Rubén

      Eliminar