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lunes, 7 de abril de 2014

Dutoit interpreta a dos autores inhabituales en su repertorio: Mozart y Shostakovich


Ibermúsica ofreció en el Auditorio Nacional ayer, 6 de abril, un concierto de la Royal Philharmonic Orchestra de Londres dirigida por Charles Dutoit, con Maria Joao Pires al piano. A sus 77, el director suizo, tantos años (¡25!) al frente de la Sinfónica de Montreal, con la que realizó la mayoría de sus grabaciones, presentó a dos compositores de los que nada o casi nada le había escuchado. Y salió bastante airoso del empeño: su Mozart, muy correcto, fue sumamente respetuoso y sensato; nada liviano o rococó como algunos podíamos temernos, fue contenidamente dramático y menos contenidamente lírico; sólo se le podría achacar ciertos momentos un poquito sentimentales (a la Schumann o algo así) y un tempo poco elástico, bastante cuadriculado.

Exactamente lo mismo podría decirse de la Pires, que dejó atrás todas las cajitas de música de hace años y no pecó, en absoluto, de preciosismo mal entendido. Aunque, claro, tampoco se empleó a fondo en el dramatismo prebeethoveniano que asoma en esta partitura (y que Barenboim destapó sin tapujos en su primera grabación, EMI, ya en 1966), lo que fue más evidente en el tercer movimiento, que nada tuvo de conflictivo ni de apasionado (cuando ¡vaya que si puede serlo!). La cadenza del primer tiempo, la de Beethoven, estuvo sin embargo particularmente bien servida. Ante los insistentes aplausos, la pianista portuguesa (¡que pronto cumplirá los 70!) ofreció de propina un intimista, delicado, misterioso, precioso Pájaro profeta de las Escenas del bosque de Schumann.



     

El clima opresivo de la Décima de Shostakovich fue perfectamente captado por Dutoit desde la introducción misma. Fue una interpretación en la que se empleó a fondo, muy intensa, todo lo contrario que light; por el contrario, para mi gusto se excedió en los momentos más ruidosos, hasta el estruendo, sobre todo en la percusión (¡platos y gong!); también hizo sonar a trompetas, trombones y tubas un poco excesivamente fuerte en ciertos picos, y no digamos a las maderas, a las que azuzó para que sonasen aquí y allá con una incisividad de veras hiriente. Por ejemplo, el piccolo martirizó una y otra y otra vez nuestros oídos en el cuarto movimiento (¡que me perdonen mi amigo José Luis Pérez de Arteaga y otros entusiastas shostakovichianos, pero ese finale lo encuentro francamente vulgar: ¡qué tema tan patatero el del allegro!), y en lo del chirriante piccolo creo que la culpa no es sólo de Dutoit, sino, sobre todo, del compositor (pese a que es, sin duda, un excelente orquestador).

La Royal Philharmonic de la que ahora Dutoit es titular, se mostró en buena forma, si bien la cuerda grave carece de un sonido suficientemente denso y profundo. Destacaría a la primera clarinetista (Katherine Lacy), a la primera fagot (Rebecca Mertens) y al jovencísimo primer oboe (John Roberts). No tan en bien en sus (breves) solos el concertino, Duncan Riddell.


5 comentarios:

  1. No sabe cómo me alegra leer que Shostakovich no es tan bueno como se suele pretender, sino bastante menos: es la primera vez que me pasa. Disfrazándolo muchas veces de ironía o de sarcasmo, nos "regala" con temas vulgares hasta lo charanguero. Además, a menudo sobreactúa mucho, y se le nota que no se cree lo que está diciendo. Bravo por atreverse a decirlo, quiero decir a escribirlo. Raúl.

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  2. No sabe cómo me alegro de leer lo que usted dice de que Shostakovich es menos bueno de lo que se pretende, pues para mí disfraza muchas veces de ironía o sarcasmo melodías simplemente vulgares. Además, muchas veces sobreactúa y se le nota que no se cree lo que está diciendo. Barvo por atreverse a escribirlo.

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  3. Su opinión está más extendida de lo que parece: varios amigos y conocidos melómanos la sostienen básicamente, pero es mucho más difícil hallar opiniones similares por escrito. Como la cosa va por modas, ahora se programa en los conciertos y se escucha en la Radio (Radio Clásico) mucha más música de Shostakovich de lo que sería razonable en función de sus méritos.

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  4. Yo diría que es irregular. Este autor escribía mucho y yo creo que era consciente de ello. Ciertamente tiene obras muy grandes que tienen momentos muy discutibles. Pero a lo largo del conjunto de su obra hay momentos memorables. Al alcance de muy pocos.
    Y un aspecto que me gusta mucho es su recurrencia temática. Cómo reinterpreta un tema o melodía, incluso un ritmo, en obras sucesivas. Un extraordinario truco para dar unidad al conjunto de su obra como lo haría Proust a la suya con el tiempo. Siempre me he preguntado si lo leyó.
    Un factor que le hace popular es su facilidad para entenderlo. Su desbordamiento melódico y su orquestación. También es que, sintiéndolo moderno, es más bien tradicional.
    Otro sería que su metalenguaje es muy similar en intención al de Mahler. Lo más próximo entre el lenguaje musical y el hablado. Uno asiste a un concierto suyo "casi" como a una conferencia que nos da el autor. El oyente lo escucha, lo comprende y se identifica.
    Para acabar unas anécdotas:
    Sobre su capacidad de impactar anímicamente: García Asensio estrenó su 5 con la OMV allá por los sesenta y pocos. En el primer tiempo, cuando el crescendo tremendo central, bastantes espectadores se levantaron y se fueron. Era una afrenta ese lenguaje tan desenvuelto y "provocador".
    Unos pocos años más tarde escuché a Cristóbal Halfter una diatriba sobre la Leningrado, la Stalingrado y sobre el autor. Para un compositor en la estela del modernismo aquello era una afrenta y una reacción.

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  5. Pues yo he escuchado algunas veces recientemente la Leningrado en la versión de Bernstein-Chicago DG y me lo he pasado muy bien.

    Alberto Ayas

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