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miércoles, 10 de septiembre de 2014

Un “Trovatore” singularísimo: Netrebko, Rivero, Domingo, Prudenskaya, Barenboim… y Stölzl





Deutsche Grammophon acaba de publicar en DVD y Blu-ray una versión de Il Trovatore de Verdi filmada en diciembre de 2013 que es importante en lo musical y verdaderamente curiosa... por su puesta en escena, a cargo de Philipp Stölzl. Este escritor y director cinematográfico nacido en Múnich en 1967 es el autor de la notable película El médico (2013), que ha tenido bastante éxito. Pero ésta es la primera ópera que le veo, aunque tiene en su haber una decena de títulos, desde un Freischütz (2005) hasta un Parsifal (2012) pasando por Benvenuto Cellini (Salzburgo, 2007), El holandés errante (2009), Rienzi (2010) o El Murciélago (2011).

No soy precisamente un experto en producciones escénicas, pero les voy a decir brevemente lo que me ha parecido este Trovador: me lo he pasado en grande, por su extraordinaria originalidad y sentido del humor. Supongo que como el argumento es un dramón que no hay quien se lo pueda creer, ha optado por ese enfoque desenfadado, que desaparece en la terrible cuarta y última parte, la Ejecución. También me parece que el vestuario, la peluquería y el maquillaje son deliciosos, y reveladora la iluminación (a las sombras de los personajes se les saca un partido insólito). Por otro lado, la actuación e interactuación de los personajes está muy trabajada y es muy interesante y convincente. Para mí, claro: comprendo que a algunos les pueda resultar fuera de lugar, o algo peor. Pero yo que usted no me perdería esta curiosísima aproximación a la delirante tragediona de Antonio García Gutiérrez adaptada por Salvatore Cammarano y Emanuele Bardare.

En lo musical la cuestión creo que es mucho menos discutible. En primer lugar, la dirección de Daniel Barenboim apunta a la forma más apropiada de entender, en mi opinión, esta partitura –genial, desbordante como ninguna otra de su autor de melodías magníficas, negra áspera, dura y hasta violenta–. Con un sonido que aún es deudor del tremebundo Verdi de primera época y tempi vivos (a excepción, como debe ser, de las arias melódicas, que son cantadas con lentitud y delectación, sobre todo en el caso de las dos de Leonora, “Tacea la notte” y “D’amor sull’ali rosee”), la labor del argentino me recuerda aquí bastante a la de Karajan con la Callas (EMI 1957), para mí el mejor Verdi del director salzburgués, del mismo modo que su grabación para dicho sello 21 años posterior (¡diez minutos más lenta: 129’ y 139’!) es una de los peores salidas de su allí cargante y pretenciosa batuta. (Nada que ver, por cierto, con lo que hizo Giulini, D.G. 1984, un experimento fascinante aunque la mar de discutible). Creo que este Trovatore está tan acertadamente dirigido como su Simon Boccanegra o como su segundo Requiem, el de La Scala (y espero que nadie vuelva a hablar de pesadez o de germanismo).

El reparto cojea, cómo no, por Manrico: quitando, quizá, a Kaufmann, hoy no hay un solo tenor capaz de hacer plena justicia a este difícil papel. El uruguayo Gastón Rivero es demasiado lírico y su timbre no es particularmente atractivo, aunque canta -no siempre- e interpreta bastante bien y resulta creíble. Que sus Do sobreagudos de “Di quella pira” no sean restallantes no debe ser objeto de crítica, puesto que como es bien sabido Verdi no los escribió: si se pueden dar estupendamente, miel sobre hojuelas, pero si no se dan divinamente o simplemente no se emiten, nadie debe utilizar esto como arma arrojadiza. Esta es mi opinión.

Anna Netrebko está en un momento perfecto para esta Leonora (no la de La forza, claro): la voz, verdaderamente áurea, brillante y a la vez aterciopleda, ahora bastante más ancha que hace unos años pero capaz de apianar de forma maravaillosa y que no ha perdido absolutamente nada, es ya un elemento más que turbador. Pero además su encarnación es conmovedora por su lirismo sincero y su expresividad. En la cabaletta del Acto I (“Di tale amor”) la batuta le brinda un tempo moderadamente lento para que pueda hacer frente a la coloratura, que resulta impecable.

Plácido tiene dificultades sobre todo en el terceto del Acto I, en que la respiración es fatigosa, pero el resto de su papel lo resuelve de modo bastante airoso y, aunque la voz ya sabemos (hasta la saciedad) que no posee un timbre propiamente baritonal (aunque los graves suenen llenos), nadie puede negar su carisma, su arte con mayúsculas para hacer un Conde de Luna impresionante, tanto en los hiperexpresivos recitativos como en las arias, dúos, etc., con una línea verdiana a más no poder y una implicación que asombra y hasta asusta (porque a veces parece que va a morir en el intento, allí mismo sobre el escenario: ¡qué fuerza y qué voluntad las de este hombre, santo cielo!).

Para mí la gran sorpresa ha sido la Azucena de Marina Prudenskaya, de la que no sabía gran cosa: la voz, más de mezzo que de contralto, no es muy dramática, pero su gama es perfecta desde las notas más graves a las más agudas, y su interpretación es un acierto total. ¡Atentos a esta señora! También Adrian Sampetrean es un espléndido Ferrando (¡atención a este cantante!), y Anna Lapkovskaja una Inés a pedir de boca (¡estupenda actriz!).

La imagen es en el Blu-ray de la más alta calidad, como la toma de sonido (da la impresión de que el Teatro Schiller de Berlín tiene mejor acústica que la sede de la Staatsoper, todavía en proceso de reforma) y la certera realización de Tiziano Mancini. Posee subtítulos en español que, además, a veces pasan a la parte superior de la pantalla cuando incordiarían en la inferior.








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