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martes, 4 de octubre de 2016

Tercer "Parsifal" de Barenboim, segundo filmado



Barenboim tiene ya en su haber tres "Parsifales" de bandera. Los tres cuentan con grandes repartos y los tres están dirigidos con impresionante clarividencia. Pero son apreciablemente diferentes: muchas veces se ha dicho que el primero, grabado en audio por Teldec en 1991, es el que más se acerca a la rompedora propuesta de Solti de hacerlo menos místico (la línea de Knappertsbusch, sobre todo) y más terrenal, más profano y hasta con tintes demoníacos. Básicamente creo que esos comentarios son ciertos, aun con matices. Pero en las sucesivas versiones filmadas (no así en la escenografiada en Sevilla) Barenboim se ha apartado algo de esa concepción, volviéndose más equilibrado: dando mayor protagonismo a la sensualidad en el segundo (DVD EuroArts 1993) y mayor espiritualidad (yo creo que no exactamente mística a lo Kna) en el tercero (DVD/Blu-ray BelAir, de abril de 2015). Pero insisto, no hay que exagerar: las diferencias no son demasiado notables. Creo que el más logrado por la batuta es este último, pues se ha alcanzado una una sensación de fluida naturalidad, una asombrosa sabiduría y sobre todo una hondura especialmente conmovedora. Escucharlo es toda una experiencia, que lo deja a uno con el corazón en un puño. (Hay un pasaje, a los 15'45" minutos del comienzo del Acto III, que realmente sobrecoge por su belleza y, a la vez, su inmensa profundidad expresiva).

Yo -¡y me consta, no soy el único!- tengo un problema con Parsifal: su argumento no me interesa, incluso me repele. Pero la música me enloquece, me parece una de las obras más hermosas, fascinantes y emotivas de la historia de la música; creo que me gusta no menos que Tristán o que El ocaso, mis tres óperas favoritas de Wagner. 

Voy a intentar una sucinta comparación entre los tres elencos: Siegfried Jerusalem es el mejor de los protagonistas, pues se hallaba en un momento vocal óptimo y era un cantante consumado. Poul Elming es el menos bueno, aunque está francamente bien. Andreas Schager es el que posee el timbre más atractivo, penetrante y de fuerte squillo, y posee una cuidada línea de canto que no envidia gran cosa a Jerusalem. Creo que puede ser el tenor wagneriano más destacado de la actualidad, compartiendo podio con el (por ahora) más lírico Jonas Kaufmann, ideal como Lohengrin y quizá como Walther, e incluso como Parsifal. (Es una lástima que Barenboim no llegase a tiempo de contar con Schager, por solo un año o dos, para Siegfried en su filmación de la Tetralogía de La Scala: en los Proms estuvo sensacional, y Lance Ryan no le llega a la suela del zapato). 

Como Kundry, Waltraud Meier es insustituible, no tanto por su voz como por su canto y su personalidad interpretativa: creo que es, sin duda, la más grande intérprete de este papel desde que existen discos. Puede que la voz de Anja Kampe guste aún más, es una pura maravilla, pero, pese a su enorme perfección, no llega a hacérmela olvidar; los distintos registros expresivos de esta extraña mujer no logra diferenciarlos tan convincemente como aquella. 

Los dos primeros Gurnemanz -Matthias Hölle y John Tomlinson- son estupendos, pero René Pape es el rey; solo, creo, Matti Salminen (y no tanto en sus grabaciones: me refiero a su interpretación en el Teatro Real) puede compartir el trono. Ninguno posee a la vez la hermosísima voz de Pape, su arte canoro absolutamente consumado y su capacidad para dar sentido a sus palabras: menos noble y paternal que Salminen, ahora en su madurez lo encuentro más humano, capaz de sentir y transmitir un mayor abanico de pasiones. 

De los tres Amfortas, el de 2016 es el que menos me convence: mientras José Van Dam y Falk Struckmann eran agónicos, Wolfgang Koch, dotado de una soberbia, rotunda voz de barítono-bajo, es un intérprete sensiblemente menos expresivo, o al menos bastante más contenido, lo que no considero un acierto (hubiera sido muy preferible la presencia de Peter Mattei, quien, claro, ha intervenido hace poco en la filmación del Met con Gatti). La verdad es que Günter Von Kannen y Tómas Tómasson son muy parecidos como Klingsor, en su voz y en su histrionismo (mucho más moderado que el de los cantantes del pasado). Por poca diferencia, me quedo con el Kannen de 1991.

Y en cuanto a Titurel, tres voces profundas -John Tomlinson y Fritz Hübner- sobresalientes. Pensé que Hölle (Gurnemanz en 1991) sería muy mayor, pero no lo es demasiado: tiene 64 años. El Coro es el mismo en las tres grabaciones; sin llegar al nivel del insuperable de Bayreuth, siempre da la talla. Impactante, claro, la Filarmónica de Berlín. La Staatskapelle de 1993 no flojea, por supuesto, pero se halla lejos del nivel, increíble, de la actualidad. Dudo que haya hoy en el mundo una sola orquesta claramente preferible para Wagner. Estoy seguro de que quienes lo escuchen se darán cuenta de que no exagero. 

Las dos puestas en escena son modernas y audaces; lo digo como información, no voy a juzgarlas más que por encima, pues no soy un conocedor. A mí la de Kupfer me resultó muy interesante y sugerente, y la del irregular pero inteligente Tcherniakov me ha gustado mucho en el primer acto, y quizá se desmadra en ciertos aspectos de los dos siguientes. Aun así, creo que acierta en la caracterización y la evolución de los personajes. No pienso desvelar el inesperado desenlace, para no chafárselo a los compradores del blu-ray (por favor, no se conformen con el DVD). A cargo de los Estudios Teldex de Berlín, en esta toma de abril de 2015 han llegado a dominar como nunca hasta ahora la acústica del Teatro Schiller, pues nunca he visto un blu-ray de ópera mejor grabado que este: ¡qué disfrute, qué barbaridad! La filmación de Andy Sommer, tan personal en sus comienzos, se ha vuelto aquí totalmente canónica. No hay subtítulos en español. En esta ocasión a mí me importa un bledo: ya prefiero no seguir el texto de Parsifal. Pero no será el caso de la mayoría. El éxito de la función fue delirante.

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