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martes, 11 de octubre de 2016

Vasily Petrenko debuta en Ibermúsica con la Orquesta de Cadaqués



Torres, Mussorgsky (con Borodina) y Tchaikovsky

Mayor de lo que parece, pues tiene un rostro muy juvenil pero ha cumplido los cuarenta años, Vassily Petrenko es uno de los directores de su edad que más suenan últimamente, también en discos (tiene un ciclo sinfónico completo de Shostakovich en Naxos con la Royal Liverpool Philharmonic, de la que es titular, al igual que de la Filarmónica de Oslo). Y tiene madera de director, sobre todo por su limpia y precisa técnica. Pero no le he escuchado lo suficiente como para tener una buena idea de cómo es; no recuerdo qué disco con música rusa me pasó un amigo dirigido por él, pero creo recordar que no me gustó gran cosa. Es decir, que lo único que tengo claro sobre él es el concierto de anoche: ofreció el estreno de Tres Pinturas Velazqueñas de Jesús Torres. Un tríptico de 2015 que me pareció muy notable, en particular la parte central, el "Cristo crucificado". Tuvo toda la pinta de estar muy bien dirigido.

Siguieron los impresionantes Cantos y danzas de la muerte de Mussorgsky cantados por la mezzo Olga Borodina, que conserva la voz en muy buen estado y ahondó con fuerza en la intensa expresividad de la música (de las veces que he escuchado este miniciclo de cuatro canciones en directo creo que me gustó más aún el cantado en el Teatro Real, a poco de la reinauguración, por la contralto Eva Podles). Petrenko lo dirigió con certero instinto y destacada claridad instrumental; es una pena que el programa no especificase de quién era la orquestación: no creo que fuera la de Rimsky y Glazunov, pero sinceramente, no sé si era la de Shostakovich o la de Denisov (en la grabación de Vishnevskaya/LPO/Rostropovich ¡tampoco lo indican!).

La primera parte del concierto duró poco más de 35 minutos, y la segunda la ocupaba una obra menor de Tchaikovsky de unos 24' de duración: programa rácano donde los haya ¡una hora de música! La referida partitura es la Suite No. 4 "Mozartiana" de Tchaikovsky, que Petrenko diseccionó con cuidado extremo, y a la que comunicó con pleno acierto su sentido y estilo. Me gustó un poco menos el tercer movimiento, "Preghiera", que no es sino una orquestación del genial Ave verum, K 618 de Mozart, pieza que Tchaikovsky no conocía en su versión original para coro y orquesta, ¡sino solo en la transcripción para piano de Liszt! Creo que en esta pieza le faltó a la batuta algo de espiritualidad.

Tal vez lo mejor fueron las dos propinas: un muy sentido Vals triste de Sibelius, que ofreció en memoria de Sir Neville Marriner (que tenía previsto dar un concierto con esta misma orquesta para Ibermúsica el 20 de octubre; moría 18 días antes) y una trepidante "Danza rusa Trepak" del ballet Cascanueces. Piezas que alargaron el programa ¡hasta los 65' de música! Pero yo sigo sin tener muy claro cómo es Vasily Petrenko como intérprete; como director es bueno, sin duda. ¡Ah, muy bien, como de costumbre, la Orquesta de Cadaqués, siempre de tamaño bastante reducido!

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