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viernes, 28 de abril de 2017

Los últimos discos escuchados: una joya y una tomadura de pelo




La joya...
Harmonia Mundi publicó hace poco un álbum de 12 CDs que me parece extraordinariamente recomendable y que se puede encontrar a muy buen precio: la Edición de Lieder de Schubert por Matthias Goerne. Once CDs de lieder más uno de piano solo (la Sonata en Si bemol mayor, D 960, por Eschenbach). Creo que no hace falta insistir en que el conjunto de los numerosísimos lieder de Schubert son no solo es el más importante de la historia de la música, sino que en sí mismo se erige en una de las colecciones de música más prominentes que existen. Hay, como se sabe, una grabación de todos estos lieder (salvo los pocos prescritos por Schubert expresamente para voz femenina) de veras memorable, la del más grande cantante del siglo XX, Dietrich Fischer-Dieskau, junto al magnífico pianista intérprete de este género que fue Gerald Moore (D.G., 1969-1972). Pero como se trata de 21 CDs, tal vez algún melómano se sienta intimidado ante su tamaño. Yo lo recomendaría, sin dudar un momento, como una opción insuperable, pero al menos (¡o también!) la colección de Goerne es muy, muy conveniente.

El barítono alemán (barítono-bajo ya durante el período en que hizo estas grabaciones) es, con toda probabilidad, el más importante liederista desde su gran maestro y antecesor hasta hoy. Y ello pese a la presencia estos 30 o 40 últimos años de otros notables o excelentes intérpretes del género: los barítonos Hermann Prey, Theo Adam, Tom Krause, Bernard Kruysen, Olaf Bär, Thomas Allen, Andreas Schmidt, Thomas Hampson, Thomas Quasthoff, Roman Trekel, Dietrich Henschel, Bo Skovhus y Christian Gerhaher, sin olvidar a los tenores Peter Schreier o Werner Güra. Goerne (Weimar, 1967) no solo posee una técnica de canto asombrosa, sino sobre todo una inteligencia superior y una capacidad para escudriñar en los recovecos del texto y la música de estas obras, casi siempre extraordinariamente rica en expresividad (que muchos espléndidos cantantes no aciertan a desentrañar).

Los lieder escogidos aquí se encuentran entre los más destacados de su autor, pero, por supuesto, han quedado fuera algunos o muchos que son excelentes: es una pena que la debilitada industria discográfica no le haya permitido a Goerne llegar a grabar todos los restantes; lo ha hecho con casi la mitad). Y, por supuesto, se hallan presentes los tres ciclos: La bella molinera, Viaje de invierno y Canto de cisne (bueno, este último título es más bien una colección de canciones que un ciclo propiamente dicho). El álbum permite apreciar también la edad de oro (o al menos de plata) que vivimos hoy de estupendos pianistas especializados en el lied: no solo solistas como Christoph Eschenbach (que toca los tres ciclos) o la enorme Elisabeth Leonskaja, sino también los especialistas en lied Helmut Deutsch, Eric Schneider, Alexander Schmalcz o Andreas Haefliger, e incluso Ingo Metzmacher. Este último, al que solo conocía yo como director, resulta ser también al teclado un músico de gran clase.

Entre tantos elogios, también debo señalar alguna reserva: en el CD 9, con el pianista Andreas Haefliger (hijo del excelente tenor, admirable Evangelista en las Pasiones de Bach y también destacado liederista), hay un par de lieder, dos de los más conocidos, cuya interpretación me ha decepcionado: Die Forelle (La Trucha) y nada menos que el genial Erlkönig, llevado con tanta premura que es casi imposible diferenciar las diferentes voces que dialogan en él (les dura 3'43", frente a los 4'19" de Dieskau/Moore, ¡insuperable recreación!). Y me he llevado un chasco con la interpretación que hace Eschenbach de la Sonata D 960, "apéndice indisociable -dicen aquí- del Canto de cisne". El conocido pianista (¡y mejor director!) le aplica unos tempi tan extremadamente lentos que no se sostienen: en el primer movimiento solo Sviatoslav Richter fue más moroso (pero el ucraniano sabe mantenerlo y hasta lo justifica), mientras que en los otros tres Eschenbach ostenta el record absoluto de lentitud. El "Andante sostenuto" sobre todo (¡13'24"!) se cae por completo, se vuelve interminable y pierde su continuidad y su sentido.  
El libretillo, con comentarios en francés, inglés y alemán, no contiene los textos (que sí llevaban los discos, aparecidos anteriormente por separado), pero sí un útil índice alfabético de los 208 lieder presentes en la caja. Las tomas de sonido, realizadas en los famosos Estudios Teldex de Berlín entre 2007 y 2012, hacen honor a su reputación. Y una incidencia: en el doble CD que han titulado "An mein Herz" ("A mi corazón"), han intercambiado los dos discos: el que según la etiqueta dice ser el 1º es en realidad el 2º, y viceversa. Me temo que pueda ser un error de toda la edición (a ver si hay una segunda, y lo corrigen).

...y la tomadura de pelo
Se trata de un CD del sello Winter & Winter con Las cuatro estaciones de Vivaldi, a cargo del grupo Forma Antiqva, con Aitor Hevia como violín solista. Instrumentos originales, originalísimos, y una capacidad ilimitada para inventarse cosas, a cuál más inconveniente: ilógicas, ridículas, pimpantes, forzadas a más no poder. El violinista es, sin duda, un virtuoso, pero para mí que tiene poca cabeza, al menos aquí. He leído que, para algunos, es la interpretación más lograda, incluso la más genial, de estos cuatro Conciertos grabados varios cientos de veces. Para mí es, de lejos, la más grotesca, extravagante, gratuita y demencial que he escuchado. Cada una de las Estaciones viene precedida de una introducción -de unos tres o cuatro minutos- narrada y cantada (en inglés, claro) por Theo Bleckmann y tocada (¿y compuesta?) por el pianista de jazz Uri Caine y alguien más, que me anticipan lo que voy a escuchar a continuación de Vivaldi (¿Es de Vivaldi? ¡Pobre Vivaldi!) ¿Cómo resumiría la principal cualidad de estas introducciones, para mí absolutamente insufribles? Con una sola palabra, de cinco sílabas: pe-dan-te-rí-a.

5 comentarios:

  1. Gracias por sus consejos, que tengo en alto aprecio.
    Por cierto, ¿ha tenido ocasión de escuchar el reciente ciclo de sinfonías de Brahms de Nelsons son la Sinfónica de Boston? Yo sí, y la verdad es que me parece excelente. Tengo curiosidad por saber qué le ha parecido a usted.
    Un cordial saludo.

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    1. Aún no, pero creo que las tendré en breve. Espero mucho de ellas, por los Brahms que le he escuchado a este director. Gracias por su confianza.

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  2. ¿No decías que no te ibas a ocupar de grabaciones historicistas, melón?

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    1. Gastón: No recuerdo haber escrito eso; simplemente, no suelo ocuparme porque rara vez (¡alguna hay!) me gustan, pero, si me apetece en un caso determinado ¿por qué no voy a hacerlo? Melón, sí, pero con pipas...

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    2. Me parecía haber leído. Pido disculpas por mi error.

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