Follow by Email

viernes, 7 de abril de 2017

Un Bach de pesadilla: Minkowski destroza "La Pasión según San Juan"



Con ocho de coro y 23 músicos

Ayer me proporcionó Ibermúsica uno de mis mayores sinsabores: Marc Minkowski haciendo del Norrington más destructivo y provocador perpetró una versión demencial de una de las obras cumbres de Bach, que quedó reducida a una caricatura grotesca de sí misma. Nada más empezar me di cuenta por dónde iban a ir los tiros: una entrada violenta, ruda, en la que azuzaba a los músicos para que sonasen broncos. Les Musiciens du Louvre que trajo su director constaban de ocho violines, dos violas, dos cellos, una gamba, dos contrabajos (cada uno en un extremo del escenario), dos flautas, dos oboes, un fagot, órgano, clave... y un contrafagot recto que debían de haber comprado por metros (¡medía casi tres!). 

El coro inicial, marcial y cuadriculado, estuvo punteado por incesantes, machacones berridos del contrafagot que emborronaban todo y me sacaron pronto de quicio. Al coro, compuesto por ocho cantantes, todos ellos (es un decir) solistas, también le hacía Minkowski berrear lo suyo (¡eran pocos frente a los instrumentos!). El Evangelista (Fabio Trümpy) es un tenor de voz bonita, no excesivamente blanca o ligera, de expresión empalagosa, redicha y hasta repelente (¡Bostridge, cuánto daño has hecho!). De Cristo hacía un barítono con ínfulas de bajo (Callum Thorpe) que es una de las voces más engoladas que haya escuchado; en varios momentos se olvidaba de por dónde iban los instrumentos que lo acompañaban. 

En los Corales, Minkowski hacía esfuerzos denodados para que no fuese a haber amago alguno de expresión (que ya se sabe: ¡todo lo que exprese algo es que cae en lo romántico!). Más: en el aria "Von den Stricken" (núm. 7) el contratenor Owen Willets lució un timbre desagradable y ratonero. Los oboes que lo acompañaban me resultaron difícilmente tragables. En el aria "Ich folge dir" dos flautas afónicas y un cello al que le habían dado cuerda -incapaz de la menor inflexión- arroparon a una soprano hiperligera (creo que Laure Barras), de voz pequeñísima y no poco cursiloncilla. En el aria de bajo con coral "Himmel reisse" un cello, un contrabajo, el órgano y el clave, rasposos a más no poder, brindaron un acompañamiento de aire militar al previsible Thorpe y a las dos lloriqueantes sopranos situadas al fondo del escenario. 

En el recitativo núm. 12 el Evangelista intentó unos trinos que quedaron a medias, y al final, cuando Pedro "weinete bitterlich" (lloró amargamente), exageró el efecto hasta el ridículo lloriqueo (ah, monsieur Minkowski, ¿eso no podría haber caído en lo romántico? Bueno, solo en lo romanticoide...). En el aria "Ach, mein Sinn" el tenor Valerio Contaldo intentó en vano proyectar una voz pequeña, fea y estrangulada por una emisión como hacia dentro. El final del aria me asustó un poco: terminó tan en seco, tan abruptamente, que pensé que los instrumentistas intervinientes se habían quedado súbitamente mudos y mancos. El coro final de la primera parte, tan insípido como era de esperar. "No se hace descanso", me dijo el acomodador al verme salir. "Ya lo sé, es que ya he oído bastante. Gracias"...

Aunque no me quedé hasta el final, en la primera parte la mayor parte del público no pareció inmutarse ante lo que sonaba. Me imagino qué es lo que ocurre, más o menos: a muchos les disgustaba lo que llegaba a sus oídos, pero no se atrevían, no se atreven a protestar o a manifestar su descontento para que no se les tache de ignorantes o de antiguos (alguno echaría de menos sus recordadas grabaciones dirigidas por Jochum, por Karl Richter o por Rilling: la segunda de este último, para Hänssler, es mi favorita); se quedan calladitos porque han percibido que lo que sonaba ayer es lo que se lleva hoy, lo que está de moda (aun así, lo que hizo ayer Minkowski sobrepasa, creo, en provocación y perversidad a la mayor parte de las versiones actualmente al uso). Aguanté, sí, solo la primera parte de La Pasión: ya había padecido bastante, y no soy creyente ni masoquista. Tampoco le perdono a Minkowski que me hiciese perder lo que me costaron los 40 minutos que faltaban hasta las 21 h., y que ya había pagado al Ayuntamiento de Madrid, sin posibilidad de recuperarlo, en un parquímetro que además me había costado encontrar: ninguno de los dos más próximos funcionaba.

8 comentarios:

  1. Es que una grabación de una obra donde su autor demanda un coro y al director le da por cargárselo pues no se puede esperar nada bueno. Porque 8 cantantes no es un coro, son 8 solistas. Algunos músicos van de estrellas y simplemente son tipos estrellados.

    ResponderEliminar
  2. Esta vez no podemos opinar sobre el concierto porque voluntariamente no quisimos asistir.
    La razón de nuestra ausencia fue el lamentable recuerdo que nos dejó Minkowski con la Pasión según San Mateo que “destrozó” en Madrid, creemos que en el Ciclo de Juventudes Musicales del año 2012.
    Por tus comentarios vemos que con la Pasión según San Juan del otro día, mantuvo el mismo lamentable criterio y montaje que hizo con la de san Mateo. Un auténtico destrozo.
    Al igual que en tu caso nos marchamos desesperados en el descanso, ante la sorpresa de nuestros vecinos de localidad que parecían entusiasmados. ¡¡no lo entendemos!!. El público de los conciertos sigue creyendo que los aplausos y bravos van incluidos en el precio de la entrada y son obligatorios.

    ResponderEliminar
  3. No he asistido al concierto, pero si fue similar a lo que estoy escuchando en Spotify, me quedo con la crítica siguiente:

    http://www.elartedelafuga.com/wp/una-pasion-revolucionaria/

    Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tenía, tengo y tendré la completa certeza de que hay personas a las que esa Pasión les gustaría mucho. ¡Qué le vamos a hacer! Hay para todos los gustos... incluso para los que yo considero malos gustos. (Por cierto, un crítico tan sesudo como el que escribe ese comentario debería saber que la obra no se llama la "Pasión...", sino "La Pasión...": no es una pasión cualquiera, sino "la" Pasión de nuestro señor Jesucristo.

      Eliminar
    2. Sí, yo también creo más en Minkowski (sin ser Butt) que en Carrascosa.

      Eliminar
    3. Puede ud, por supuesto, creer más en quien prefiera... ¡faltaría más!

      Eliminar
  4. Pues a Gago tampoco le ha hecho mucha gracia lo de Minkowski, y a González Barrio menos aún:

    http://cultura.elpais.com/cultura/2017/04/07/actualidad/1491580760_693322.html

    http://www.scherzo.es/content/cr%C3%ADtica-esta-vez-s%C3%AD-hubo-pasi%C3%B3n

    ResponderEliminar
  5. En cambio, el día 9 Herreweghe y su Collegium Vocale de Gante ofrecieron una versión extraordinaria de la Pasión según San Mateo.

    ResponderEliminar