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lunes, 11 de septiembre de 2017

Zimerman graba las Sonatas D 959 y D 960 de Schubert



Me atrevo a pronosticar que el disco que acaba de publicar Deutsche Grammophon con las dos últimas Sonatas de Schubert por Krystian Zimerman va a recibir una catarata de aplausos de numerosos críticos y aficionados. Pero mucho me temo que se va a deber más al nombre del pianista polaco y a la cada vez mayor distancia temporal existente entre sus nuevos discos. Ya se sabe que ser raro y grabar poco está premiado por la opinión de mucha gente (ahí está, por ejemplo, el caso de Carlos Kleiber). 

Creo que el disco que se acaba de publicar, grabado en Japón con especial nitidez y transparencia, pero con cierta sequedad y falta de reverberación, deja ver algunos aspectos algo inquietantes del arte de quien ha sido (¿lo sigue siendo?) uno de los pianistas más importantes del mundo. La naturalidad y la fluidez que Zimerman mostró en su grabación de los 8 Impromptus allá por 1991 (varios son versiones magistrales) han dado paso aquí a un discurso algo forzado, menos espontáneo, a un sonido casi siempre más recortado (¡esa obsesión por la limpieza a toda costa de muchos pianistas, incluso de algunos muy grandes!). En una entrevista contenida en el libretillo (que, por cierto, carece de comentario sobre las obras) Zimerman afirma algo que me ha extrañado mucho: sobre un piano normal ha preparado él mismo un teclado con objeto, al parecer, de aligerar un tanto el peso del sonido. Porque, explica, "en los grandes pianos modernos de cola las numerosas notas repetidas de Schubert corren el riesgo de sonar a Prokofiev". La verdad, no lo entiendo: ¿a qué gran intérprete de Schubert le ha sonado este alguna vez a Prokofiev? No se me ocurre ningún ejemplo. Y es más: diría que precisamente Zimerman, con ese sonido recortado y algo seco puede que se acerque aquí en ocasiones un poquito más a Prokofiev que los Richter, Brendel, Barenboim o Leonskaja. 

La Sonata No. 20, en La mayor, D 959, discurre bien hasta la sección central del Allegro inicial (a partir de 7'22"), en que el tempo se acelera indebidamente. En el Andantino las notas aparecen muy separadas, breves e inconexas. La turbulenta sección central sí es abiertamente admirable. El scherzo es rapidísimo, banal y casi frívolo. Y en el final, Allegretto, la tormentosa sección del desarrollo no está muy bien resuelta ni imbricada en el devenir del movimiento. En los acordes finales se aprecia bien cómo el sonido carece del debido cuerpo y de la debida redondez.  

En la Sonata No. 21, en Si bemol mayor, D 960, encuentro, de nuevo, multitud de pasajes y frases que denotan al gran pianista, pero así mismo una falta de unidad y de continuidad en el discurso que no son propias de un músico que lo sea. En el Molto moderato inicial, en el que hace -me parece muy conveniente aquí- la repetición, recurre a un contraste excesivo en el tempo entre unas secciones y otras -con lo que claramente se resienten las más rápidas- y un abuso manifiesto de los silencios, que son necesarios pero no están bien calibrados, pues se llega a perder el hilo en varias ocasiones. Las numerosas repeticiones de frases o temas no logran variedad de acentos en las diferentes ocasiones en que se presentan: esto es, en mi opinión, una enorme dificultad a la hora de interpretar a este compositor. En el Andante sostenuto vuelve a aparecer el problema señalado en el movimiento lento de la D 959: notas pulsadas muy brevemente, recortadas, que dan la sensación de que la música no fluye, sino que surge un poco a trompicones. Muy bien, sin nada de particular, el scherzo, y de nuevo con silencios injustificadamente prolongados el Allegro ma non troppo final, de contrastes también un poco forzados. 

En la entrevista Zimerman hace alguna otra afirmación sorprendente: que en estas dos postreras Sonatas Schubert "introduce procedimientos radicalmente nuevos" y que "comparadas con sus Sonatas anteriores, casi podría imaginarse que son de otro compositor". Aunque Schubert no dejó de innovar, no soy capaz de apreciar en la D 959 y 960 giro radical alguno -parece menospreciar las anteriores, entre las que se cuentan media docena de obras maestras enormemente personales y originales-, y desde luego ningún conocedor de Schubert podría atribuir las dos últimas Sonatas a ningún otro compositor: ¿a quién? ¿A Beethoven, a Mendelssohn, Schumann, Liszt o Brahms? De ningún modo. Es una lástima, pero me temo que la mejor etapa de este pianista de 60 años ha quedado atrás. No creo que se trate de un tropezón... después de tantos años de silencio gestando, preparando este disco.

7 comentarios:

  1. Hola, Ángel, quería preguntarte que te parece la integral de la especialista austriaca Ingrid Haebler.
    Un saludo.

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    1. En mi opinión esta pianista fue una notable intérprete de Mozart y de Schubert hace ya medio siglo, época en la que pudo ser pionera, pero me parece que hoy ha quedado muy superada: su Schubert suena hoy un poco de juguete, bonito pero sin apenas hondura.

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  2. Hola,
    Coincido con usted plenamente. Para mí ha sido decepcionante la concepción de este gran pianista sobre estas dos obras. En una audición ciega no hubiera apostado porque el intérprete era Krystian Zimerman. Lo que hace en el andantino de la D959 no me gusta nada. Una pena, según mis preferencias. En la D960 tampoco creo que aporte nada nuevo. Escuché a Javier Perianes su interpretación en el Patio de los Arrayanes este verano y me quedo con su versión en disco de la obra. Y para el disco con Brendel y Arrau, sin olvidar la de Richter, única.

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  3. Me quedaré con Kempff, entonces.¿Qué opinión le merece la integral de Schiff?
    Gracias.

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    1. Rafa:
      O no conoces otras grabaciones o discrepamos mucho. Para mi gusto el ciclo de Kempff tiene unos altibajos tremendos; hay algunas absolutamente indefendibles, como la D 845, la D 840, D 568 y 575. Concretamente la D 960 es una de las mejores, si no la mejor de su serie, no así la D 959. András Schiff, también bastante variable, dista en general del nivel de Richter, de Leonskaja, de Barenboim o de Brendel (por hablar de los pianistas que tienen grabadas todas o casi las Sonatas de Schubert).

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  4. Anda,pensaba que Kempff era intocable... Me encanta el Schubert ciclópeo y visionario de Richter, y el más idiomático de Brendel,y el del siempre sublime Arrau...
    Gracias por las sugerencias (ya leí la tabla comparativa de arriba).
    Un saludo.

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