sábado, 4 de julio de 2026

Una vez más Haydn versus Mozart · Vladimir de Pachman

 

Las Sinfonías de uno y otro en la Filarmónica de Berlín

 

En 25 años de Digital Concert Hall la Orquesta Filarmónica de Berlín ha interpretado las siguientes 15 Sinfonías de Haydn: 44, 54, 59, 80, 82, 88, 92, 94, 95, 98, 99, 100, 102, 103 y 104. Es decir, que nunca hasta este momento se ha podido escuchar ni una sola vez una buena ristra de obras maestras, como, por ejemplo, y sin contar con las anteriores a la 44 “Fúnebre”: la 45 “Los adioses”, 46, 47 “El palíndromo”, 48 “María Teresa”, 49 “La pasión”, 51, 52, 53 “Imperial”, 55 “El maestro de escuela”, 58, 59 “El fuego”, 60 “El distraído”, 63 “Roxelane”, 64 “Tempora mutantur”, 65, 68, 69 “Loudon”, 70, 73 “La caza”, 75, 77, 78, 79, 81, 83 “La gallina”, 84, 85 “La reina”, 86, 87, 89, 90, 91, 93, 96 “Milagro”, 97 y 101 “El reloj”.

Otro detalle que clama al cielo: en el Concierto de Europa de este año, celebrado en el palacio Esterházy donde tantos años vivió Haydn, Kirill Petrenko despachó a Haydn con una brevísima obertura, y cuando a continuación repitió el programa en Berlín, ¡suprimió la referida obertura!

En contraposición, no falta en Digital Concert Hall ninguna de las principales Sinfonías de Mozart, entre ellas la 25, la 29, la 31, 33, 34, 35, 36, 38, 39, 40 y 41. ¿Hay, o no, discriminación en el trato a los dos mayores compositores que iniciaron el Clasicismo? ¡Estoy convencido de que a Mozart, que en tanta estima tenía a Haydn, le parecería mal!

 

Curiosas anécdotas del pianista ucranio Vladimir de Pachman (1848-1933)

 

Se cuenta que durante un recital del polaco Leopold Godowski (1870-1938), Pachman subió al escenario y le explicó -tocándolo él mismo- cómo debía hacerse un pasaje concreto. Ante la estupefacción de la audiencia, De Pachman explicó que ese favor se lo hacía solo a Godowski, porque era “el segundo mejor pianista del mundo”. No le hizo falta aclarar a quién consideraba “el número uno”.

Durante una actuación de Ferruccio Busoni en 1919, Pachman subió, dando un salto, al escenario, y prosternándose ante el gran compositor/pianista florentino, le besó el traje, y lo justificó afirmando que era “el más grande intérprete de Bach”. “Pero el más grande intérprete de Chopin soy yo”, remachó.

En otra ocasión Pachman se detuvo de repente mientras tocaba, y se justificó ante la audiencia afirmando que acababa de darse cuenta de que entre los oyentes se hallaba Moritz Rosenthal (1862-1946) y no quería bajo ningún concepto que el pianista y compositor polaco le copiara la digitación de lo que estaba tocando.

Con frecuencia, mientras tocaba, Pachman exclamaba en voz alta “¡Bravo, De Pachman!”, “C’est joli!” o incluso “¡Qué porquería!”. Todo un personaje.

 

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