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viernes, 11 de agosto de 2023

Los "otros" compositores (XXI): de Francisco Guerrero a Halévy

 

FRANCISCO GUERRERO (1951-1997)

Este compositor linarense, fallecido en un momento de plenitud creadora, pese a ser relativamente poco conocido, es sin embargo una de las mentes musicales más poderosas con posterioridad a Falla. En sus primeros pasos, antes de afianzar su personalidad, recibió notable influencia de Luis de Pablo. Su (por desgracia, incompleta) orquestación de la Iberia de Albéniz es tan personal como admirable.

Coma Berenices (1996). Ariadna (1984). Sáhara (1991). Oleada (1993). Antar Atman (1980)

Orquesta Sinfónica de Galicia/José Ramón Encinar (Col Legno 2003. 55’)

Zayin (I-VII, VIIb) (1983-1997)

Cuarteto Arditti (WDR/Junta de Andalucía 1999. 67’)

Concierto de cámara (1977). Delta Cephei (1992). Vâda* (1982). Ars Combinatoria (1980). Anemos C (1976). Hyades (1994)

Pilar Jurado, Jacqueline Squarcia, sopranos*/Grupo Instrumental de Valencia/Joan Cerveró (Anemos/Inaem 2009. 50’)

 

JESÚS GURIDI (1886-1961)

El autor más característico del nacionalismo musical vasco se formó en Vitoria -su ciudad natal-, Bilbao, París, Lieja y Colonia, y a su vuelta a España pasó de nuevo por Bilbao y finalmente por Madrid, donde dirigió el Conservatorio y falleció. Se le deben, entre otras composiciones, dos de las óperas vascas más representativas: Mirentxu (1915) y Amaya (1920), así como la popular zarzuela El caserío.

Diez melodías vascas (1941). Una aventura de Don Quijote (1916). Homenaje a Walt Disney, para piano y orquesta (1956). Euzko Irudiak, para coro y orquesta (1922)

Ricardo Requejo, piano/Orfeón Donostiarra/Orquesta Sinfónica de Euskadi/Miguel Ángel Gómez Martínez (Claves 1997. 75’)

Los 2 Cuartetos de cuerda (1934, 1949)

Cuarteto Enesco (Ensayo 1986. 54’)

El caserío (1926)

Pilar Lorengar/Manuel Ausensi/Carlos Munguía/Orfeón Donostiarra/Orquesta Sinfónica/Ataúlfo Argenta (Alhambra/Decca 1955. 73’)

 

PAVEL HAAS (1899-1944)

Checo discípulo de Janácek, cuya música le influyó decisivamente, murió en la cámara de gas del campo de concentración de Oswiecim. Compuso sobre todo cantos moravos e israelíes y se le debe también la ópera Sarlatán (1937).

Cuartetos Nos. 2 y 3 (1925, 1938)

Cuarteto Hawthorne (Decca 1994. 54’)

 

ALOIS HÁBA (1893-1973)

Moravo de nacimiento, estudió en Viena con Schreker y desarrolló un sistema de composición en cuartos de tono (Las bases armónicas del sistema por cuartos de tono, Praga 1922). Para lo cual desarrolló y participó en la construcción de instrumentos que pudiesen hacerlos sonar. Esto ha ocasionado el casi completo olvido de su producción.

Obras para piano

Tomás Vísek (Supraphon 1997. 71’)

 

REYNALDO HAHN (1875-1947)

Venezolano de Caracas, emigró a París para estudiar con Massenet y fue durante años amante de Marcel Proust, quien le retrató en el personaje de Jean Santeuil. Aunque compuso varias operetas de éxito en su tiempo, en particular Ciboulette (1923), hoy se le recuerda por sus intimistas, delicadas y preciosas canciones que él mismo cantaba en los salones aristocráticos de la capital francesa.

24 Canciones

Susan Graham/Roger Vignoles (Sony 1998. 62’)

 

JACQUES FROMENTAL HALÉVY (1799-1862)

Fue discípulo de Cherubini y maestro a su vez de Gounod y Bizet. Prácticamente la única obra suya que ha llegado con cierta pujanza hasta hoy es su ambiciosa ópera La judía, un tanto al estilo de Meyerbeer pero probablemente más inspirada que las de este autor germano-francés.

La juive (1835)

Julia Varady/José Carreras/June Anderson/Dalmacio González/Ferruccio Furlanetto/Coro Ambrosian Opera/Orquesta Philharmonia/Antonio de Almeida (Philips/Decca 1989. 183’)

viernes, 21 de diciembre de 2018

Dos discos extraordinarios: Bach por Hahn y Debussy por Perianes


Hahn vuelve por fin a Bach...

En 1997 Sony publicó la mitad de la obra para violín solo de Bach, en concreto las Partitas Nos. 2 y 3 y la Sonata No. 3, tocadas por Hilary Hahn cuando quizá aún no había cumplido los 18 años. Yo había escuchado algunos discos de esta violinista, que me pareció de gran talento. Pero nada remotamente comparable a estas interpretaciones, que no conocí hasta hace unos tres años. Y me quedé pasmado, porque estas dificilísimas -desde cualquier ángulo- obras maestras son, de lejos, lo mejor que he escuchado a esta violinista estadounidense, formada principalmente en el Instituto Curtis de Filadelfia con Jascha Brodsky. No es solo que sean lo mejor que conozco de ella, sino que son tan buenas como lo mejor que yo haya escuchado nunca, incluso a violinistas consagrados y maduros: Szeryng, Milstein, Menuhin, Grumiaux, Perlman, Mintz, Khachatryan y pocos más. La ejecución de Hahn es portentosa, aparentemente fácil ante las pavorosas dificultades, natural, flexible, pasmosa en fin. Pero llama más la atención, aún, su profundidad musical, su instinto siempre, en todo momento, certero: es mucho más que una ejecución asombrosa, es de una musicalidad realmente inexplicable en una chica de esa edad. 
 
Como las compañías de discos no parecen darse cuenta en ocasiones de algunas maravillas que ellas mismas promueven, no parece que le pidieran a Hahn que grabase otro disco con las tres obras de Bach que faltaban. A mí me pareció totalmente incomprensible. (Se me ocurre a bote pronto otro caso igualmente inexplicable: el disco Elgar y Vaughan Williams que en 2016 hizo para Decca Pinchas Zukerman dirigiendo a la Royal Philharmonic: un logro tan extraordinario debería haberle llevado a la compañía discográfica británica a firmar un contrato con el violinista-director para grabar más. Pero nada, el excepcional disco no ha tenido consecuencias). Bueno, pues esta compañía, Decca, por fin ha hecho (o permitido) grabar a Hahn el resto de la obra para violín solo de Bach. Baste con que diga que es la exacta prolongación de aquel disco: igual de extraordinario, con las mismas características que hacen de él otra grabación absolutamente antológica. Acaso la interpretación más redonda, globalmente, de estas obras.

...y Perianes a Debussy
 
En 2002 la Diputación de Jaén y la Junta de Andalucía patrocinaron un disco con el Primer Libro de los Preludios de Debussy por el reciente triunfador en el Premio Jaén, el onubense (de Nerva, concretamente) Javier Perianes. Este, uno de sus primeros discos -aún no había grabado para una firma comercial- es muy significativo: la elección tan temprana de esta colección es una prueba de su larga atracción por esta música admirable, una de las claves del piano de comienzos del siglo pasado, que ha ejercido una extensa e intensa influencia. El entonces pianista de 23 años mostraba una certera comprensión de ese peculiar y escurridizo mundo, además de una ejecución pulquérrima. Pero escuchando la recreación que lleva a cabo en su temprana madurez de hoy (los ha vuelto a grabar para Harmonia Mundi en Berlín en julio de este año 2018, poco antes de cumplir los 40), la diferencia es considerable. Hoy es Perianes un auténtico mago del sonido, pero no entendido como fin en sí mismo (ni siquiera en los grandes compositores impresionistas sería eso lo más acertado), sino que ese sonido se halla repleto de colores, de sugerencias y ensoñaciones, de perfumes y de misterio, así como de honda reflexión. Incluso, ocasionalmente, de sentimiento a la romántica. Me ha parecido una interpretación rica, memorable, muy francesa en el mejor sentido, pero sin las connotaciones negativas que podrían asociarse a este poco preciso y equívoco adjetivo. Quiero con ello decir que puede situársele en la estela de los intérpretes más reputados de la gran música francesa, sean o no franceses: Michelangeli, Monique Haas, Ciccolini, Rogé o Thibaudet, pero a la vez hay en su interpretación ciertos ecos de otros pianistas más identificados con otros mundos, como Arrau, Achúcarro y, sobre todo, Barenboim. Tal vez este último y Perianes son los que más me hacen rememorar aquí y allá a Isaac Albéniz, con quien Debussy tiene sin duda puntos de contacto. Solo quizá, entre los grandes solistas, parece tener menos coincidencias aquí con Zimerman o con Pollini. No hace falta decir que estas piezas no se pueden agotar en una sola interpretación, pues -como todas las obras de veras grandes- admiten diversas formas de enfocarlas, pero las de este disco son a la vez ortodoxas y creativas. 

No sé si me han gustado tanto o más aún que estos doce Preludios las tres evocadoras Estampas. Un disco magnífico, en suma, fenomenalmente bien grabado (en los famosos Estudios Teldex berlineses), al que solo le achaco que no sea un poco más generoso en duración, pues con sus 58 minutos y pico habría podido albergar algo más del "Claudio de Francia". Y una pregunta al aire: ¿tanto les habría costado traducir las notas del francés original, además de al inglés, al menos también a la lengua materna del pianista?