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viernes, 20 de marzo de 2026

De aquí y de allá: Brahms/Tabea Zimmermann y Perianes, Prokofiev/Dudamel, Juanjo Mena...

 

El nuevo disco de Javier Perianes con la violista Tabea Zimmermann

En torno a Brahms y a su círculo más próximo, este CD de Harmonia Mundi presenta un programa sumamente interesante en interpretaciones excepcionales. Comienza con el Scherzo F.A.E. de Brahms, original para violín y piano, en adaptación para viola de la propia Tabea Zimmermann. Siguen las 3 Romanzas op. 94 de Schumann, que pueden tocarse con varios instrumentos, la viola entre ellos. Las 3 Romanzas op. 22 son piezas exquisitas de Clara, que recuerdan bastante a la música de su esposo. Más sorpresa aún constituyen aún las 3 Melodías hebreas op. 9 del eximio violinista Joseph Joachim, originales para viola y piano. El programa se cierra, como comenzó, con Brahms: su Trío para clarinete, cello y piano, op. 114 . La transcripción, también de Tabea, me parece la menos acertada de las del disco (no porque no esté bien realizada, sino quizá porque no puedo evitar echar de menos el clarinete). Pero lo cierto y muy reseñable es que las interpretaciones, todas, son de primera o primerísima categoría: ella es, según creo, con un sonido asombroso, la violista más destacada de nuestro tiempo, Perianes está totalmente en su sitio y, en el Trío, Jean-Guihen Queyras redondea la versión.

 

Nueva y espléndida grabación del ballet completo Romeo y Julieta de Prokofiev

DG acaba de publicar este doble CD con una de las opciones más atractivas para hacerse con la obra cumbre de Prokofiev, en primer lugar por la sensacional toma de sonido. Gustavo Dudamel no brilla todo el rato a su más alto nivel, pero el conjunto me parece espléndido. Solo por detrás, creo, de la clásica grabación de André Previn con la Sinfónica de Londres (EMI 1973), no me parece que desmerezca en absoluto de Lorin Maazel/Cleveland (Decca 1974) o de Seiji Ozawa con la Sinfónica de Boston (DG 1987). Un aspecto no menor: el extraordinario rendimiento que el venezolano extrae de la Orquesta Filarmónica de Los Angeles, de la que pronto va a despedirse para pasar a la de Nueva York: creo que nunca la he escuchado en mejor forma.

 

Una historia de la música

En la entrada del pasado día 14, un lector me pedía que le recomendase un buen libro de historia de la música. No estoy en situación de hacerlo, porque las que tengo tienen sus años y seguramente son inencontrables; además ninguna de ellas me satisface mucho; incluso a veces me irritan con ciertas opiniones (bueno, esto será casi imposible que no le ocurra a uno con cualquier publicación de ese tipo). Lo cierto es que últimamente me manejo con el enorme diccionario Grove y con monografías de los distintos compositores. Digo todo esto aquí porque seguro que algunos de los lectores que estén leyendo esto sí podrán sugerir algún buen libro de este tipo que merezca ser recomendado.

 

Juanjo Mena, obligado a retirarse

Diagnosticado de alzhéimer, el director de Vitoria (n. 1965), intentará cumplir sus compromisos de este año y, al final del mismo, se retirará de la actuación pública. Director desde 2010 de la Filarmónica de la BBC, ha realizado con ella numerosas grabaciones. Una gran pérdida para el universo musical, español en particular. Nuestros mejores deseos para Juanjo Mena. 

miércoles, 27 de diciembre de 2023

Discos nuevos, y no tan nuevos

 

Igor Levit ha pinchado sin paliativos en su nuevo disco con 14 Canciones (o Romanzas) sin palabras de Mendelssohn: frías, inexpresivas, carentes de lirismo y de ternura. Un llamativo error en la desigual carrera discográfica (Sony) del pianista ruso-alemán de 36 años. Es curioso: sigue habiendo pocas grabaciones de la serie completa de 48 piezas, de las que Casper Höweler escribe lo siguiente: “Son como flores silvestres que, comparadas con las orquídeas de Chopin se nos antojan muy modestas […] Con elementos técnicos muy simples consigue Mendelssohn sentimientos y pensamientos sencillos; precisamente por ello su originalidad y encanto nos presentan un enigma psicológico-musical superior a las páginas más profundas de Bach y de Beethoven”. La grabación de todas ellas efectuada en 1973 por Barenboim para DG sigue siendo la referencia absoluta, y eso que en alguna ocasión el pianista de Buenos Aires ha afirmado que no estaba completamente satisfecho de ella, porque apenas tuvo tiempo para prepararlas. Como selección, es clarísima la recomendación de Javier Perianes (15 piezas, Harmonia Mundi 2014).

La Sexta Sinfonía “Semplice” de Nielsen es, creo, una de las más originales y notables de todo el siglo XX. Pero desgraciadamente es mucho menos conocida -tocada y grabada- que las dos anteriores de su autor, debido quizá a su carácter más íntimo y discreto, y mucho menos espectacular. Merece, en mi opinión, mucha más atención de la que se le suele dedicar. “Cada instrumento es como una persona dormida a la que debo despertar a la vida”, dijo de ella el compositor. “La preocupación es permanente por los detalles sonoros, de una autonomía de timbres que raramente habíamos encontrado hasta ese momento” (François-René Tranchefort).

Fabio Luisi culmina su ciclo sinfónico Nielsen añadiendo los 3 Conciertos del compositor danés. Con magníficas tomas sonoras de DG, son otras tres dianas del director italiano. Porque además ha contado con tres solistas admirables: en primer lugar la violinista Bomsori (cuyo nombre completo es Bomsori Kim*), surcoreana nacida en 1989, borda el magistral (pero aún poco divulgado) Concierto para violín (1911) nielseano. Quizá solo Maxim Vengerov y Nikolaj Znaider la han superado, y por poco, en esta composición. Los otros dos Conciertos, el de flauta (1926) y el de clarinete (1928) son excelentes obras, extrañamente poco conocidas, que han sido encomendadas en este disco a los solistas de la espléndida Orquesta Sinfónica Nacional Danesa: respectivamente Ulli Miilmann y Johnny Teyssier. Ambos tocan e interpretan a pedir de boca. ¡Vaya nivelazo! Con toda seguridad, en los soberbios resultados de estas tres obras ha tenido mucho que ver Luisi, que parece hallarse hoy entre los directores punteros.

*Este es su segundo disco para DG. El anterior, de 2021, se titula “Violin on stage”. Es un popurrí en exceso variado: de Gluck a Waxman, pasando por Tchaikovsky, Massenet, Saint-Saëns y Wieniawski; varias de las piezas son transcripciones. Pero todo el programa denota un sonido precioso, un mecanismo de gran seguridad, incluso bravura, y siempre muy buen gusto: como quien dice, ya se la veía venir (una excepción: no me ha gustado ni la adaptación ni la interpretación del “Pas de deux” de Cascanueces). La acompaña con sensatez la Filarmónica NFM de Wroclaw (Breslavia) dirigida por el nicaragüense Giancarlo Guerrero (n. 1969).

“Bach contemplation”: recital antiestrés por Anne Queffélec

Hurgando en Qobuz me he encontrado con este disco Mirare (serie de Harmonia Mundi), del año 2009, que agrupa 21 piezas para teclado (clave, órgano) de J. S. Bach tocadas al piano y que tienen en común ser lentas, introspectivas, de enorme belleza… y claramente tranquilizadoras, apaciguadoras del estado de ánimo. Hay discos antiestrés pero a base de músicas tontorronas, lloronas o blandengues. Pero este nada tiene que ver con estos; todo lo contrario. La pianista parisina nacida en 1948, discípula de Jean Hubeau y que asistió a clases magistrales de Alfred Brendel y Jörg Demus, da en este CD una lección exquisita de musicalidad y buen gusto, sin caer en dulzonería ni amaneramiento. Por poner solo un ejemplo, el Adagio de la Toccata para órgano en Do mayor, BWV 564, me ha parecido maravilloso. En fin, una delicia de disco, que podrían vender en farmacias como tranquilizante carente de efectos secundarios. ¡O mejor dicho, con efectos altamente benéficos!

sábado, 2 de diciembre de 2023

Granados por Javier Perianes, poeta del piano

 

Magistral interpretación para Harmonia Mundi de Goyescas y El pelele

Grabado en la Sala Mozart del Auditorio de Zaragoza en mayo de este año, con una formidable toma de sonido a cargo de Stephan Cahen, este disco es prueba elocuente de la extraordinaria madurez musical alcanzada por el pianista de Nerva, Huelva.

La obra cumbre de Enrique Granados, Goyescas (“Los majos enamorados”), que se suele completar con otra página también goyesca, El pelele, contaba ya con una discografía excelente. Pero, en mi opinión, Perianes llega aquí más hondo y más lejos que cualquiera de sus ilustres predecesores. De entrada, las enormes dificultades técnicas, de las que tanto habló el propio compositor, no parecen tales en sus dedos, que despliegan una llamativa riqueza de sonidos y colores. Pero no es esto lo más destacado de este disco.

Lo primero que llama la atención son los tempi algo -o bastante- más amplios de lo que ha sido norma (como puede apreciarse en la discografía, al final de este texto). Pero no es por gusto, sino claramente con el fin de deleitarse en las hermosas melodías que pueblan la colección y de ahondar, con un fraseo muy meditado y desgranado con una lógica plena, en los pliegues y hasta los recovecos de esta música.

La primera pieza, Los requiebros (“Allegretto”), suena en los dedos de Perianes menos coqueta y juguetona, sino más tierna y amorosa que de costumbre, sin que merme el indudable gracejo que también la caracteriza, con lo que -en mi opinión- la música sale claramente ganando: todo un hallazgo. También Coloquio en la reja (“Andantino allegretto”) se beneficia de un sutil juego agógico -presente en toda la colección- y de una comprensión más honda que de ordinario: escúchese el significado que otorga a la sutil modulación (minuto 5’20”), cómo llega al formidable clímax (9’20”) y el sentido que cobran los silencios próximos al final de la pieza. El fandango de candil (“Gallardo. Allegretto”) muestra, al igual que la última pieza (Epílogo: Serenata del espectro. “Allegretto misterioso”), nuevos puntos de vista que esclarecen sus significados.

La cuarta pieza, la más conocida, Quejas o La maja y el ruiseñor (“Andante melancólico”), suena con un lirismo intimista de penetrante intensidad, con un canto excelso, en el que el rubato alcanza cimas de sutileza y sensibilidad extremas. Los trinos del ruiseñor, nada mecánicos, son de ensueño. En la página más extensa e impresionante de Goyescas, El amor y la muerte (“Balada. Animato e drammatico”) Perianes logra, sin recurrir a la altisonante grandilocuencia de otras versiones, una hondura sin parangón. 

El ambiente inquietante, ambiguo, espectral del número VI deja paso al desparpajo y la hilarante efervescencia de El pelele, que no se atropella como no pocas veces ocurre, sino que se perciben con nitidez todas las notas escritas.

 

DISCOGRAFÍA

GRANADOS: Goyescas (“Los majos enamorados”) (+El pelele) (1911)

1956 Philips     Eduardo del Pueyo        09’00+09’54+5’59+6’14+11’15+7’13/+4’45      8/6

1963 EMI         Alicia de Larrocha        08’22+10’21+5’30+6’23+12’22+7’36/+4’13      9/7

1974 RNE        Rosa Sabater                09’02+10’49+5’36+7’00+13’24+7’55/+4’19      10/7

1976 CRD        Thomas Rajna              09’14+13’42+6’33+7’36+15’42+8’04/+4’36      9,5/8

1977 Decca      Alicia de Larrocha        08’42+11’17+5’32+6’38+12’19+7’39/+4’32      10/8           

1980 RCA        Joaquín Achúcarro        09’09+11’15+6’37+6’46+13’20+7’37/+4’27      9,5/7

1990 RCA        Alicia de Larrocha        09’02+10’58+5’48+6’31+12’38+8’00/+4’37      10/9

1990 Collins     Cristina Ortiz               08’57+10’55+5’54+6’52+12’56+7’05-------            8,5/8,5

1998 HMundi   Albert Guinovart           09’24+11’34+7’06+6’34+14’48+8’45/+4’40      9/7,5

*2000 Canal+   Rosa Torres Pardo         09’30+11’50+7’10+6’50+13’42+8’25/+4’45      8,5/8

2002 ArRé-Sé   Lydia Jardon                 09’21+10’37+6’37+6’20+11’22+7’54-------       7/8

2010 Linn         Artur Pizarro                09’44+13’33+5’40+8’05+14’54+7’54-------       8/8

2012 Hyperion  Garrick Ohlsson           08’42+11’17+6’12+6’23+12’00+7’30/+4’23      ¿?

2017 IBS          José Menor                   09’39+11’34+5’40+7’39+14’07+7’45/+4’45      8/9

2018 Chandos   Xiayin Wang                08’11+09’53+6’06+5’46+10’56+6’39-------       7/9,5

2020 DolceVolta Jean-Philippe Collard    08’54+11’35+5’59+6’48+13’12+7’23-------       8/9

2023 HMundi   Javier Perianes              10’20+12’48+6’28+7’44+13’46+8’47/+4’57      10/10

domingo, 5 de marzo de 2023

Novedades discográficas: Bruckner/Thielemann y Chopin/Blechacz

 

La Novena Sinfonía de Bruckner por Thielemann

Empieza mal: la introducción, tan misteriosa e inquietante, se la carga de plano con una lectura rápida e insípida. La segunda sección es, en cambio, en vez de doliente, un tanto sentimental(ona): es como si el Bruckner (de unos 70 años) se hubiese vuelto un poco gagá. Algunas transiciones están poco justificadas o motivadas, como si la partitura no hubiese conectado las secciones entre sí de un modo natural y lógico. La Sinfonía avanza y me traslada la palpable impresión de que el director alemán “no se la cree”. Así no es posible convencer.

Correcto el scherzo, un poco parco en mala uva y en carácter demoníaco. El finale mejora un poco, pero, aun así, está claramente por debajo de los más logrados que recuerdo. El último y aterrador clímax no está del todo bien preparado y pierde fuelle. La coda -el último minuto y medio- es tan decepcionante como la introducción del comienzo: apresurada, pese al calderón final, y neutra, indiferente.

Este disco es uno de los Bruckner menos bueno de los que le he escuchado a Thielemann (que no son pocos, aunque tampoco son todos). Bueno, pues un disco a ignorar, pero, por suerte, siempre nos quedará la formidable interpretación de Giulini con la Filarmónica de Viena (DG 1989) que, ya se sabe, es uno de los discos más extraordinarios de la historia de la música grabada y que -¡hay que jorobarse!- suena bastante mejor que este de 2023. Por cierto (véase lo que escribí el 27 de febrero), acabo de comprobar que no recibió ningún premio: ¡¡toma ya!! 

Duraciones de Giulini: 28’02+10’39+29’30, y de Thielemann: 23’22+10’29+23’46.

 

Las Sonatas 2 y 3 de Chopin por Blechacz

Polaco nacido en 1985, en 2005 obtuvo el máximo galardón en el Concurso Chopin en Varsovia, 30 años después de su anterior compatriota en conseguirlo, Krystian Zimerman. Este es el cuarto disco Chopin que Blechacz realiza para DG. Ya el primero me gustó mucho por sus Preludios, y algo menos por los dos Nocturnos op. 62 que lo completaban. Admirables los Conciertos (sobre todo el Primero) de 2009, con soberbia dirección del casi olvidado Jerzy Semkow (1928-2014). Las 7 Polonesas, de 2013, son lo que menos me ha convencido de Blechacz hasta ahora: lecturas expeditivas y hasta un poco brutas.

Su último CD, que acaba de salir, contiene las dos Sonatas, el Nocturno op. 48/1 y la Barcarola. Confirmo la impresión que siempre, hasta ahora, me ha producido este pianista: es muy serio y sensato, no comete errores ni frivolidades, y toca maravillosamente, con un sonido precioso y una limpieza irreprochable. ¿Alguna otra cualidad positiva? No estoy seguro: creo que no posee una personalidad muy reconocible, y carece de elocuencia, siendo su pasión -su expresividad en general- muy comedida o atemperada. No son pocas aquellas virtudes, pero no bastan para que alcance el Olimpo. Este último disco está magníficamente bien grabado. 

Pero, sinceramente, si me lo permiten, les recomiendo claramente por delante ambas Sonatas (más las tres Mazurcas op. 63) por Javier Perianes (Harmonia Mundi 2021), con toma de sonido al menos tan fenomenal.

 

domingo, 27 de junio de 2021

Javier Perianes: la primera opción para las Sonatas de Chopin

  

La Segunda y la Tercera

Me refiero a las dos últimas, la Segunda, en Si bemol menor, op. 35 (1839) y la Tercera, en Si menor, op. 58 (1844), pues la Primera, que rara vez se graba, es una composición bisoña de 1828. Algunos todavía tuercen el gesto cuando son citadas las Sonatas (también la de violonchelo y piano) o los Conciertos de Chopin, considerando que son géneros musicales en los que el polaco-francés no se desenvolvía con comodidad. Cómodo o no tanto, lo cierto es que tanto los unos como las otras son obras muy considerables; no hay más que ver la gran cantidad de importantísimos pianistas (y hasta de violonchelistas y directores) que se han ocupado de interpretarlas y grabarlas. Como en el caso de las de Schubert, tampoco -y aún en menor medida- las Sonatas de Chopin deben ser vistas con las de Beethoven en el recuerdo, pues son otra cosa, y ni siquiera parecen pretender emular a las del genio de las 32.

Llevamos algunos años diciendo que Javier Perianes es “uno de los mejores pianistas de su generación”. Creo que es hora de que retiremos “de su generación”: es simplemente uno de los mejores pianistas del mundo. De cualquier edad, máxime porque hace años que no parece un intérprete joven -con las carencias que este adjetivo suele llevar aparejadas-. Pues es un músico plenamente maduro. Lo mismo -o más aún- que en sus discos con música de Schubert, Mendelssohn o Grieg, escuchándolos solo nos viene a la cabeza la sensatez, el equilibrio y la profundidad de un Músico, con mayúscula, en plena madurez artística. El Chopin de este disco me parece aún superior al de su anterior programa “…Les sons et les parfums” (Chopin y Debussy), de hace solo siete años, y más aún a la Tercera Sonata que en 2005 le grabó Radio Nacional de España. Realmente, lo digo ya abiertamente: no conozco grabación alguna de las Sonatas 2 y 3 que me gusten más que las que Perianes ha grabado en abril de 2019 (la Tercera) y 24 meses después, a causa de la maldita pandemia. Como suele últimamente, en los Estudios Teldex de Berlín, con una limpieza y veracidad de sonido que superan a cualquier otra grabación que yo haya escuchado. 

 

 Y las Mazurcas op. 63

Me resulta un poco difícil tratar de explicar por qué me han gustado tantísimo estas interpretaciones; aun así, intentaré sintetizar: concentración, planificación, naturalidad, fluidez, hondura, recurso discreto pero certero y nunca forzado al rubato, cantabilidad excelsa -en este sentido las secciones centrales del scherzo y la Marcha fúnebre de la Segunda y el Largo de la Tercera son, literalmente, el no va más-, sonido bellísimo, limpieza digital absoluta -incluso en el peligroso Presto final de la Segunda, en el que, con un legato increíble, se pueden distinguir a la perfección todas las notas-, ausencia de la menor traza de exhibicionismo… En fin, a qué seguir: este disco, que nos regala además las tres Mazurcas op. 63 (1846-47), maravillosamente expuestas, colocadas al principio, entre las dos Sonatas y al final, me parece imprescindible.

Cuidada presentación, notas también en castellano de Yvan Nommick, solo me voy a permitir discrepar de este eminente musicólogo en un detalle: afirma que “los primeros compases de la Sonata en Si bemol menor, sin ser una cita, evocan claramente la introducción lenta de la Sonata op. 111 de Beethoven”. Aparte de que la similitud es muy discutible, sería muy raro que Chopin lo hiciera con esa intención, porque no admiraba -no entendió, es de suponer: algo nada raro por entonces- las últimas Sonatas de Beethoven, y nunca les propuso estudiarlas a sus discípulos.

martes, 2 de junio de 2020

"Cantilena": Tabea Zimmermann y Javier Perianes. Y tres óperas


"Cantilena"

Tras el maravilloso recital que los dos grandes instrumentistas y músicos, tan bien avenidos, ofrecieron juntos en la Fundación March el 30 de mayo de 2015, estaba deseando escuchar el disco que sabía iban a grabar juntos. Ahora Harmonia Mundi acaba de publicarlo. Supongo que en aras de hacerlo más comercial, la compañía discográfica ha optado por un repertorio más popular que el que tocaron allí, que se componía de Schubert, Schumann, Brahms, Kurtág y Falla. Solo este último compositor se mantiene -y con la misma música- en el programa del disco, que comienza con el Gran Tango de Astor Piazzolla, continúa con las Cinco canciones negras de Montsalvatge (transcripciones de Kim Kaskashian, Robert Levin y la propia Zimermann), con las Siete canciones populares españolas de Falla (transcritas por Emilio Mateu y Miguel Zanetti), con el Aria (Cantilena) de las Bachianas Brasileiras No. 5 (arregladas por William Primrose), cuatro piezas de Pablo Casals (transcritas por la propia Tabea), cuatro Tonadillas en estilo antiguo de Granados (transcr. Kashkashian y Levin) y se cierra con el famoso Tango (el de España, op. 165) de Isaac Albéniz (transcr. Henri Classens). Es de reconocer la propiedad y fácil adecuación de estas páginas a la viola. Poco que decir de las interpretaciones, que entran de lleno en la excelencia por parte tanto de Tabea (que ha atinado mejor con el espíritu de las piezas de Falla que cuatro años atrás) como de Javier, perfectamente ensamblados, pues se aprecia el hecho de han tocado juntos en varias ocasiones. En cualquier caso, yo lamento que nos hayamos quedado sin la excelsa recreación que nos habían ofrecido en Madrid de la Sonata “Arpeggione” de Schubert, que, dicho sea de paso, se adapta a la viola tan bien como al violonchelo en el que casi siempre se toca. Las tomas de sonido son del más alto nivel (Estudios Teldex de Berlín). 

Dos óperas desde Múnich y otra desde el Met
Varios teatros de ópera, no solo la Ópera Estatal de Berlín, se han ido animando a ofrecer en abierto, durante el período de obligada inactividad por el confinamiento, varias de sus producciones. De momento he visto y oído un L’elisir d’amore desde la Ópera Estatal de Múnich francamente decepcionante, pese a contar con algunos destacados cantantes -la soprano lírico-ligera Ailyn Pérez, el tenor Matthew Polenzani y el barítono-bajo Ambrogio Maestri- junto a un barítono flojísimo, Mario Cassi, una dirección de Asher Fisch de equivocada vehemencia verdiana, y para rematarlo, una escena desatada y horrorosa de David Bösch. 

El ángel de fuego de Prokofiev sigue pareciéndome, como las restantes óperas que conozco de mi admirado Prokofiev, una obra relativamente menor. Ninguna me parece del nivel de sus mejores sinfonías, conciertos y otras obras orquestales, sonatas para piano u obras corales. Y eso que quizá sea la que menos me disgusta de las seis que he escuchado; la Tercera Sinfonía, basada en temas de la misma, creo que es una obra mucho más lograda (igual ocurre con la suite de la ópera El amor de las tres naranjas). La función de la Ópera bávara me ha decepcionado, salvando solo la dirección de Vladimir Jurowski (que, además, no mejora, creo, la de otro director inferior a él, Neeme Järvi, en la versión en CD de DG). Ninguno de los cantantes me ha parecido destacado, sino regulares o flojos, con la excepción de la mezzo, casi contralto, Okka von der Damerau en el breve papel de la Abadesa. Y, contrariamente a lo opinado por mi amigo FLVM, la escena me ha parecido chirriante, demagógica, muy pasada de rosca y nada aterradora. Pero, como ya he dicho varias veces, mi fuerte no es precisamente el asunto de las puestas en escena; eso no quiere decir que tenga que callarme mi opinión al respecto. 

Lohengrin desde el Met. Es curioso: una extraña función de hace muchos años (1986), con muchos nombres estelares, ninguno de los cuales me ha convencido del todo. Lo más cabal, la tradicional -aunque roma y nada imaginativa ni tampoco ofensiva- puesta en escena de August Everding. La batuta de James Levine me desconcierta: es un hombre con mucho talento e intuición, que consigue momentos verdaderamente estupendos, empezando por el Preludio I. En cambio, los defectos que le achaco no son pocos: nula atención a los cantantes, todos a su aire, lo que en Wagner es particularmente grave. Gusto por el estruendo y la trompetería, que llega a recordarme a la de la Semana Santa sevillana. Tendencia a que la orquesta suene casi siempre más fuerte de la cuenta y que casi nunca haya primacía de unos temas sobre otros: un concepto equivocado de la claridad. Hay detalles de claro mal gusto y otros momentos demasiado melosos. No ya Kempe, Solti o Barenboim son extremadamente superiores; también otros menos grandes y menos wagnerianos le aventajan (aunque no todo el tiempo, como he señalado). 

Peter Hofmann, que nunca fue un gran cantante, me ha gustado bastante menos que en Walkyria (Boulez), en Tristán (Bernstein) o en Parsifal (Karajan), quizá porque en este Lohengrin estaba menos dirigido. Eva Marton es una voz demasiado robusta y algo destemplada para Elsa, y Leonie Rysanek no estaba muy en su sitio como Ortrud: conservaba un potente registro agudo, pero el legato y las medias voces dejaban mucho que desear, y su gran personalidad y talento no le bastaron aquí (recibió, eso sí, una lluvia de flores al salir sola. Ya se sabe cómo se suele comportar el público del Met con las glorias, más aún si son viejas glorias). Tosco Leif Roar como Telramund (un personaje malvado y retorcido, pero eso no significa que haya que cantarlo de cualquier manera. Ahí está el ejemplo inalcanzable de Fischer-Dieskau en su grabación con Kempe). Plano John Macurdy como el Rey Enrique, y malo sin paliativos Anthony Raffell como el Heraldo.