Mostrando entradas con la etiqueta Radio Clásica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Radio Clásica. Mostrar todas las entradas

domingo, 28 de septiembre de 2025

Piccinni versus Gluck · La "eterna" Radio Clásica

 

Orfeo ed Euridice

Ya me quejé hace tiempo en este blog del chovinismo desaforado del libro La ópera. Enciclopedia del arte lírico (1977, ed. española: Aguilar, 1979), un interesante libro en el que se cuentan los argumentos y las principales características de las óperas, siguiendo el orden cronológico de sus estrenos. Está escrito por 12 críticos musicales italianos.

Mi queja era debida a la enorme desproporción según la nacionalidad de sus autores (los compositores, quiero decir), pues se habla de 244 óperas italianas, frente a las 174 alemanas, las 123 francesas, 50 rusas, 30 inglesas, 15 checas, etc., hasta las 5 españolas. No me quejo de las pocas españolas, pues buenas hay bien pocas, a qué engañarnos.

Lo más llamativo es que de Dvorák o de Lortzing solo figuran dos, solo una de Korngold o de Martinu, y ninguna de: Enescu, Roberto Gerhard, Goldschmidt, Graun, Keiser, Kienzl, Krasa, Conradin Kreutzer, Leclair, Magnard, Marais, Martín y Soler, Moniuszko, Nielsen, Penderecki, Rachmaninov, Franz Schmidt, Schoeck, Schrecker, Schulhoff, Telemann, Ullmann, Zemlinsky o Zimmermann.

Ello frente a 9 de Malipiero, 14 de Mascagni, 7 de Pizzetti, 6 de Respighi, 5 de Spontini, 7 de Wolf-Ferrari, 4 de Zandonai… y algunas de otros autores italianos absolutamente desconocidos.

Pero ahora quería quejarme de lo que escribe Riccardo Mezzanotte en este libro a propósito de Orfeo ed Euridice de Gluck, que me ha dejado estupefacto: “Las arias y los duetos de esta ópera son con frecuencia inferiores a los de los compositores italianos contemporáneos, y en particular a los de Piccinni”. ¡Hay que tener valor para escribir algo así!

Me gustaría que Mezzanotte fuese un poco más preciso y señalase algunas arias de Piccinni o de un contemporáneo suyo (¡italiano, por supuesto!) tan bellas y conmovedoras como “Che puro ciel!” o “Che farò senza Euridice?” de Orfeo ed Euridice de Gluck.

En varias listas que han circulado sobre las diez mejores óperas de la historia suele figurar esa ópera del alemán. Me pregunto si entre las cien o las doscientas mejores figuraría alguna de Niccolò Piccinni: La buona figliuola, La Cecchina, Didon, La pescatrice, Roland, Zenobia, L’americano

 

Nuevo concurso. Y "no les va a dejar indiferente"

Ahora parece que va a haber un nuevo programa en Radio Clásica: ¡un concurso! El viernes 26, hacia las 3 de la tarde, escuché parte de él: preguntaban a oyentes cosas tales como estas: ¿qué número es la Sinfonía “Pastoral” de Beethoven, cuál el de la Sinfonía del “Nuevo Mundo” de Dvorák (¿habrían aceptado, por cierto, como correcta la antigua numeración como Quinta?*)?, ¿de qué compositor alemán es El clave bien temperado?, ¿de qué compositor español es la ópera La vida breve? ¡no vayas a fallar!…; ¿qué obra es esta -haciéndola sonar para atrás, “la” Danza húngara (la nº 5, claro) de Brahms?-; ¿cómo se llama el instrumento de percusión hecho de madera y que se tocan a pares, un par en cada mano, y que aparece mucho en las músicas folklóricas españolas?, ¿cuál es el instrumento de metal en el que se mete la mano en el pabellón?, y otras de esta índole… Un radioyente tarareaba (malamente) una melodía de la conocidísima "Danza de las horas" de La Gioconda de Ponchielli preguntando qué música era esa, que escuchaba de pequeño en un anuncio de turrones... parece que los presentadores no lo sabían. Etcétera. Desde luego, lo que van a conseguir, seguro, es aumentar con este concurso el índice de audiencia…  

*en efecto, en el primer LP que tuve con esa Sinfonía, a finales de los años 60 del siglo pasado, venía como número cinco. La actual Octava era la número 4, la Séptima la número 2, etc.

 

A menudo he escuchado -sobre todo este verano- decir a varios de los comentaristas algo así: “vamos a escuchar ahora una obra de un compositor actual que no les va dejar indiferente”. Cuando oigo algo así, me echo a temblar, pues suele venir a continuación una musiquilla estúpida de un autor minimalista, repetitivo, seudo o semi clásica. ¡Horror!

sábado, 28 de junio de 2025

Ignorantes, pedantes y caraduras en Radio Clásica

 

Ya he denunciado varias veces aquí el mal, incluso pésimo, estado en el que se encuentra últimamente Radio Clásica

Lo que más me llama la atención es que, sintonizándola al azar, a las horas más diversas, es cada vez menos frecuente encontrarse con que suene música de verdadera valía. Diré lo que me parece que abunda: una gran desproporción a favor de música barroca y anterior (con muy abundantes arias sobrecargadas de gorgoritos), muchísimas compositoras hasta hace poco olvidadas, ahora -puro oportunismo- excesivamente encumbradas; interminables parrafadas habladas, a menudo muy pedantes, sobreabundancia de rarezas, escasa pedagogía sobre el valor de las músicas: oyentes que desconozcan la historia de la música pueden llegar a creer que Literes es tan grande como Haendel o que Mateo Flecha es comparable a Haydn… La cantidad de música de cine (rara vez de gran calidad) y de “musicales” es agobiante.

Las rarezas sobreabundan, como si los conductores de los programas creyeran que los oyentes ya se conocen de sobra las Sonatas y los Cuartetos de Beethoven, por ejemplo.

Habitualmente no se tiene en cuenta que quienes sintonicen la radio, después de escuchar 20 minutos de una obra, al final se pueden quedar sin saber qué era aquello que sonaba; es evidente que antes y después de que suene cualquier composición debe decirse qué es, ¡e incluso quiénes eran los intérpretes! Por cierto que a la hora de escoger estos parece que se hace echando los dados, porque suenan muy a menudo interpretaciones flojas o abiertamente malas.

Problemas menores pero frecuentes: los finales de frases a menudo no se entienden, porque el volumen de voz de quien presenta baja ostensiblemente. En algunos presentadores la pronunciación resulta totalmente errónea, hasta desfigurar los nombres y hacerlos irreconocibles.

Hace unas semanas un señor dejó grabado un mensaje de voz en “Música a la carta” para vender descaradamente un concierto que iba dar (con una orquesta que lleva su nombre). No hizo petición alguna de una pieza, sino solo eso, publicidad… a cambio de regalar cuatro entradas para el citado concierto si se hacía un sorteo. La conductora del programa no debería aceptar ese tipo de intromisiones. Ni peticiones de músicas que no sean “clásicas” (ni jazz ni flamenco): para escuchar coplas, rap o reggae ya están todas las demás emisoras.

Dejo para el final el inadmisible comportamiento del conductor de un programa -los sábados de 9 a 10 de la mañana- en el que se dedica a colocar músicas de una calidad a menudo ínfima (¡seguro que ostenta el récord en este aspecto de Radio Clásica!), que son o bien suyas o dirigidas por él, o de algún familiar suyo, o de un maestro suyo o de un discípulo suyo, etc., y prácticamente siempre es algo de la Comunidad Valenciana. Este señor, de nombre Andrés Valero Castells, monopoliza el programa de una radio pública para promocionarse a sí mismo y a sus allegados. Bochornoso.

Hoy, último programa de la temporada, ha hecho un balance de sus actuaciones a lo largo de esta temporada: triunfalista, por supuesto, y ha aportado un dato supongo que cierto: que un porcentaje muy elevado de las músicas que ha seleccionado son de autores españoles. Se ha olvidado de precisar que la enorme mayoría de ellos son valencianos. Y a continuación, con el mayor descaro, ha puesto músicas tocadas o dirigidas por… ¡él mismo! Promocionando un disco del que es protagonista, y con comentarios escritos por Martín Llade: compra de voluntades. Por cierto, comentarios que ha leído parcialmente y que tienen el inconfundible gracejo del conductor de "Sinfonía de la mañana".

sábado, 17 de octubre de 2020

¡Quitadle lo de "clásica"!

 

La progresiva degradación de "Radio Clásica"

No es coincidencia. Desde la vuelta del verano, la llamada Radio Clásica está aún peor que antes. No la sintonizo mucho, pero cada vez que lo hago, sea la hora que sea, me encuentro cada vez con más frecuencia con que no es música clásica lo que emite.

Supongo que quieren que aumente su audiencia a toda costa, y para ello nada más fácil que poner músicas fáciles o facilonas, que gustan a mucha más gente que la puramente clásica (o llamadla como queráis: la Música que es Arte, la de los grandes compositores). Porque, claro, el mal gusto está mucho más extendido que el más cultivado.

En “Música a la carta” cada vez aceptan más peticiones del oyente que nada tienen que ver con la gran música (en la que incluyo al jazz de calidad y al cante flamenco). Eso ha de ser una consigna de la Radio y lo que consigue es que cada vez más personas se animen a pedir musiquillas, porque quienes escuchan este programa se dan cuenta de que aceptan todo.

Siguen, cómo no, sin anunciar muchas veces qué es lo que va a sonar o lo que acaba de sonar, y no digamos quiénes han sido los intérpretes (¡qué más da quiénes tocan!, pensarán). Olvidan que los intérpretes tienen derecho a que se revelen sus nombres. La selección no ya de la música que piden algunas personas, sino la que otros espacios ponen por propia voluntad deja mucho que desear: abundan obras de bajo o bajísimo valor (“estarán de vuelta de todo, cansados ya de Bach, Beethoven o Verdi”, oigo decir a algunos. Yo más bien pienso que quien programa tantas nimiedades es que o bien no las distingue de las obras más admirables, o que quiere hacernos creer que los oyentes ya se saben de memoria todos los grandes Cuartetos de Haydn o todas las Sonatas de Beethoven. Lo cual, evidentemente, no es cierto… a no ser que se las escuchen ellos por su cuenta, no porque las hayan escuchado sistemática o frecuentemente en esa emisora).

No suelen cuidar, en absoluto, las versiones escogidas: últimamente pusieron, entre muchos ejemplos, el coro final de Cristo en el Monte de los Olivos en una versión horrorosa y horrorosamente mal grabada; o el Largo de la Sinfonía “del Nuevo Mundo” (que cortaron en un silencio que hay momentos antes de que acabase: creyeron que ya había llegado a su final) por la Orquesta Royal Classical (o algo así); por lo que se ve, sin director. ¡En fin!

Porque no hay que olvidar que el nivel medio de conocimientos musicales entre los oyentes es bastante bajo, por lo cual la labor que es preciso hacer desde una radio estatal es la de divulgar… divulgar buena música, no chorradillas.

En “Música a la carta”, quizá el programa que más veces me toca escuchar, se intercalan ahora frases que poco o nada tienen que ver con lo que se emite, en las que a menudo el oyente se queda a dos velas, sin saber de qué va. Como anécdota, una entre tantas, resulta que uno de los personajes de Carmen se llama Fresquita. La conductora del programa anima a que los oyentes pidan música de compositoras. Pero es que ¡hay tan poca que merezca la pena! No por culpa de las propias mujeres a lo largo de siglos, por supuesto, pero lo cierto es que hay muy poca. Pero claro, ahora está de moda y muy bien visto todo lo hecho por mujeres, incluso lo que apenas tiene valor. Lo siento, pero ni Bach, ni Haydn, ni Beethoven, ni Schubert, ni Brahms ni Bartók eran mujeres… Ayer mismo escuché a la conductora, tras anunciar que alguien había solicitado la Serenata de Don Giovanni: “¡Ay, cuánto daño han hecho los donjuanes a las mujeres!”. Cierto, pero ¿a qué viene eso? Y ¿por qué no dice también “¡y cuánto daño han hecho a los hombres las mujeres fatales!”…

Posdata. Sí, ya sé que no es justo generalizar: hay algunos programas muy bien llevados y muy interesantes. Pero me temo que cada vez son menos, y sus autores, progresivamente arrinconados.

lunes, 4 de noviembre de 2019

Interpretaciones que destrozan y otras que ennoblecen la gran Música



Esta mañana, hacia las nueve y cuarto, un invitado ha hablado en Radio Clásica maravillas (¡justificadísimas!) sobre la Chacona (de la Segunda Partita para violín solo) de Bach, y a continuación han emitido una versión de la misma de auténtica pesadilla: sonido ratonero, arbitrariedad permanente, salpicada de adornos que solo molestan, alguna desafinación: ¡un espanto! Me quedé en el coche, parado, hasta saber quién era el autor de tal destrozo: ¡Enrico Onofri! No me extraña nada, yo lo tengo encabezando algunas de mis listas negras de “intérpretes”. El conductor del programa ha tildado la interpretación de “sublime”, sí, su-bli-me. Sin más comentarios.


Unos minutos después, suena a poco de empezar el Adagio de la Séptima Sinfonía de Bruckner: es como pasar en unos minutos del infierno al cielo: ¡qué belleza excelsa de la música, qué belleza y qué envolvente calidez del fraseo, con unas cuerdas de un sonido celestial! Me quedé hasta el final: era la versión de Barenboim con la Staatskapelle Berlin (ni siquiera la mejor de las suyas).  


A continuación una oyente (a la que creo conocer: es la madre de una ministra en funciones) solicitó escuchar las piezas Op. 116 de Brahms. Me interesó mucho quedarme a conocer la versión anunciada, de Josep Colom. ¡Qué maravilla, qué hondura, qué intimismo, qué sonoridad brahmsiana! No creo conocer ninguna mejor. Sí, me asombra que un pianista español -para más inri no muy conocido- sea capaz de tal hazaña. Y no es la primera que le descubro, ni mucho menos… 


Sí, las interpretaciones pueden machacar o ennoblecer obras musicales de primera magnitud. Sin embargo, hay quienes piensan que (apenas) tienen importancia. ¡Menudo error! Parece mentira que haya que seguir diciéndolo...

jueves, 31 de octubre de 2019

10 minutos de Radio Clásica, siempre una "mina"


El Cuarteto No. 7 de Beethoven

Ayer día 30 escuché, en muy breves desplazamientos, unos cinco minutos hacia las cinco o cinco y media de la tarde y otros cinco hacia las nueve y media de la noche. Últimamente no me falla: cada vez que sintonizo Radio Clásica me encuentro con algún desliz; ayer no fue menos, sino más. Contaré cuáles fueron: presentando una versión que iba a emitirse del Cuarteto op. 59/1 de Beethoven, el comentarista contó una anécdota de cómo el compositor improvisó en presencia de (Johann Nepomuk) “Himmel”, así lo pronunció seis o siete veces. Himmel significa cielo en alemán; Hummel, a quien se refería, se pronuncia más o menos como se escribe, eso sí, con la hache aspirada, pero con una u bien clara, no una i. En un par de horas podría enseñarle a este locutor las reglas básicas de pronunciación del alemán; pero parece que es más cómodo ignorarlas. Luego afirmó que el referido Cuarteto es “el más largo de Beethoven”. Debería saber que todos los de última época (Opp. 127, 130/133, 131 y 132), salvo el Op. 135, son considerablemente más largos que el Op. 59/1
Y, para colmo, también dijo que, en este, el compositor sometió a tortura (o algo similar) a sus oyentes. Queriendo, supongo, significar, que sus innovaciones iban a desconcertarles. 


... y la Gran Partita de Mozart

Por la noche, una joven afirmó alegremente que la Serenata No. 10 “Gran Partita”, K 361, de Mozart es “la décima de las serenatas de Mozart para instrumentos de viento”. Es para viento, sí, pero es la primera de las serenatas de su autor para viento; ninguna de las anteriores lo es. ¿Ignora que, por ejemplo dos obras anteriores, tan conocidas e importantes como la Serenata No. 7 “Haffner”, K 250, o la No. 9 “Postillón”, K 320, no son para viento? ¡No me lo puedo creer! ¡Qué ignorantes, qué imprudentes!