"Paul Tortelier at the BBC". Este es el título del DVD que el sello ICA acaba de
publicar. Lo recomiendo vivamente a quienes estén interesados en conocer a uno
de los mayores violonchelistas del siglo XX, no tan conocido como Casals, Du
Pré o Rostropovich. Aunque, lástima, en su hora de duración, apenas contiene
algunas breves piezas interpretadas en su totalidad, me parece muy interesante
para conocer a este músico humanista tan extraordinariamente comunicativo. Como
curiosidad, comprobar que su hija Maria de la Pau (por Casals, su padrino) es
una buena pianista, su hijo Yan Pascal un soberbio violinista -desde muy crío-
apenas conocido como tal (aunque sí como destacado director), y su esposa Maud,
una violonchelista asombrosa, como se aprecia perfectamente en las Variaciones
sobre un tema de Rossini, para dos violonchelos y piano, de Paganini, que
admiramos completas en el DVD con la boca abierta. Hablado principalmente en
inglés, solo tiene subtítulos en francés.
Lo siento, Norman Lebrecht:
pese a tus maniobras y a tu ferviente deseo de apartarlo de toda actividad, no
has conseguido que Daniel Barenboim cese en su relación con la
Ópera Estatal de Berlín. En la rueda de prensa celebrada el 4 de junio en la
capital alemana, lejos de ello, se anuncia que el contrato entre ambos se
prorroga hasta 2027. Para entonces tendrá 85 años. ¡Que dure y que todos lo veamos!
El concierto del 23 de mayo
de 1969 en Múnich en el que Otto Klemperer dirigió al Coro y la Orquesta
Sinfónica de la Radio Bávara la música completa para El sueño de una noche
de verano y la Obertura Las Hébridas de Mendelssohn (falta del
programa la Sinfonía "Escocesa"), que había sido publicado por
el sello Hunt, lo he conseguido ahora a través de mi amigo Fernando López
Vargas-Machuca (se lo envió su lector "Bruckner13") en la edición del
sello Golden Melodram, en la que goza de un sonido apreciablemente mejor. Con
las maravillosas Edith Mathis y Brigitte Fassbaender como solistas vocales,
este disco, ahora más disfrutable, es en mi opinión una de las cimas de la
historia del fonógrafo. Sí, eso mismo. Ya sabíamos que Mendelssohn fue uno de
los autores que mejor interpretó. El inenarrable lirismo de uno de los
directores supuestamente más adustos y severos del siglo XX, a sus 84 años,
derretirá al más duro de corazón.
La violinista Patricia
Kopatchinskaja, que algunos críticos celebran como una bocanada de aire
fresco en el inerte, anquilosado, aburrido panorama actual (¿¡seguro!? ¿¡Están
sordos!? ¿Qué hay de Lisa Batiashvili, Leonidas Kavakos, Renaud Capuçon, Sergey
Khachatryan, Michael Barenboim, Valery Sokolov, Hilary Hahn, Isabelle Faust,
Janine Jansen, Vadim Repin, etc., y de los aún en activo un poco mayores?) ha
tocado recientemente el Concierto de Schoenberg con la Filarmónica de
Berlín y Kirill Petrenko. Aunque queda lejos de las mamarrachadas que perpetró
con los Conciertos de Mendelssohn y Tchaikovsky, su vena caprichosa, frívola,
repipi ha quedado patente con sus insistentes arbitrariedades y búsqueda
de sonidos gatunos. Y es una lástima, porque en el referido Concierto de Schoenberg y en su propina
tocando un movimiento de la Sonata para violín y violonchelo de Ravel
(con el primer cello, Bruno Delepelaire) deja entrever que, si tuviera cabeza y
buen gusto, sería capaz de tocar bien. Para colmo, se le ha visto cantar y supuestamente
dirigir (¡!) a solistas de la Filarmónica berlinesa Pierrot lunaire de
Schoenberg, vestida de payasa (más payasa que cuando toca en público, descalza
y con estrafalarias vestimentas). Experiencia grotesca, vive dios, su forma de
cantar el singular sprechgesang, que
solo mueve a la risotada: ¿está la violinista moldava bien de la olla? ¿Quién
ha tenido la responsabilidad de contratarla para tal dislate, quién le ha
permitido llevarlo a cabo? ¡Alucino!
Kirill Petrenko y su Sinfonía "Patética".
Por mucho que desde el primer momento supiera que iba a ocurrir, me resulta patético
constatar que hay críticos musicales que se han subido vergonzosamente al carro
del vencedor. De esta grabación de la "Patética"
tchaikovskiana (grabada el 22 y el 23 de abril de 2017), como de la Séptima de Beethoven que Petrenko hizo
el año pasado, hemos tenido que escuchar y leer maravillas, aun con la certeza
total de que, si las hubieran dirigido Perico el de los Palotes y no el nuevo
director titular de la Filarmónica de Berlín, esos críticos no les habrían
prestado la menor atención. Las ditirámbicas chorradas que un conocido comentarista
acaba de escribir en una conocida revista me producen bochorno: demuestran ignorancia
y sordera o cara dura; no sé qué es peor. Explicaré brevemente por qué esta "Patética" me ha parecido del
montón, tirando para abajo: es muy rápida y nerviosa (42'13", cuando rara
vez bajan de los 45'), le falta poso, está más leída (muy bien leída, claro)
que interpretada. Para encontrar un primer movimiento tan rápido (17'36") hay
que remontarse a la fallida versión de Abbado para Sony (1987), enormemente
inferior a la suya anterior para DG. La intensa melodía enunciada al partir del
minuto 4'28" carece por completo de expresión, es insípida a más no poder;
su reaparición en 6'36" lo es tanto o más; tras la inesperada explosión
(8'54") se llega a la casi precipitación, con la consiguiente pérdida de pathos. Para hallar en disco un 2º
movimiento tan rápido (7'33") hay que echar 55 años atrás (Maazel/Viena,
Decca 1964). Pero lo peor no es el tempo,
sino la superficialidad rozando con lo frívolo, cuando ese movimiento danzable
encierra una honda desazón que Petrenko ignora por completo. El tercero empieza
juguetón y pimpante, banal, para llegar a ser de aire muy militar, pero nada
trágico ni obsesivo (ni ilusoriamente festivo, de evasión, como en otras
versiones). Tras el comienzo algo blandengue del finale, las cosas mejoran, pero sin que lleguen a dejar huella. A
esta versión, demasiado lánguida en algunos momentos y que destila una inocultable
falta de sinceridad (¡algo gravísimo en esta obra, imperdonable en un director
ruso!) no le pondría más de un 6 (entre 0 y 10); eso sí, al sonido, un 9,5.