Declaraciones de Blomstedt
El día 17 ha aparecido en
el diario “El País” un interesante y reivindicativo artículo de Pablo L.
Rodríguez sobre Bruckner. Gracias a él me he enterado de que ha salido un libro
en español, escrito por el conocido musicólogo Constantin Floros y
titulado “Anton Bruckner. Personalidad y obra” (edit. Universidad de
Castilla-La Mancha). Lo cual es un notición, porque lo poquísimo que había
hasta ahora en castellano era poco recomendable (he encargado dicho libro y
espero ansioso su llegada).
Pablo
L. R. recoge unas declaraciones del director Herbert Blomstedt en las
que afirma rotundamente que Bruckner es el mayor sinfonista después de
Beethoven, opinión con la que estoy de acuerdo (se queda corto con respecto a
Sergiu Celibidache, quien lo consideraba no en segundo lugar, ¡sino en el
primero!). Blomstedt, ¡que sigue activo a sus 96 años!, sigue declarando:
“ningún otro sinfonista fue capaz de plasmar la grandeza interior de la
sinfonía de manera tan convincente como Bruckner”. Y continúa diciendo: “estas
sinfonías representan el anhelo de lo eterno”. Pero “no las considero
religiosas, pues Bruckner buscaba una sala de conciertos para el mundo entero.
Su profesión de fe era la música”. Y habla de obras colosales y exigentes que “demuestran
un gran intelecto, pero también saben expresarse con brevedad y sencillez
cuando es necesario”. Estoy muy de acuerdo con todas estas opiniones del gran
director sueco, aún activo a sus ¡96 años!
En
cuanto a Floros, conocido musicólogo greco-germano, de 94 años, muestra en su
libro sus preferencias por tres reconocidos directores brucknerianos. El
primero es Eugen Jochum (1902-1987), adelantado apóstol de
Bruckner, cuyo primer ciclo para DG, con la Filarmónica de Berlín y la
Sinfónica de la Radio Bávara, tuvo mucho mérito en su día como divulgador del
compositor austríaco, pero, sinceramente, creo que hoy no mantiene todos los
valores de su tiempo. Para mí, se salvan casi todos sus Adagios y una Sinfonía
al completo: la Primera. Su segundo ciclo, para EMI, con la
Staatskapelle Dresden, no mejoró en líneas generales a la anterior.
El
segundo es Sergiu Celibidache (1912-1996), al que será difícil negarle
absoluta genialidad sobre la mayor parte de sus interpretaciones brucknerianas.
Y ello pese a su carácter tan personal y peculiar, que se manifiesta sobre todo
en sus -a menudo enormes- lentitudes. Y el tercero es Günther Wand
(1912-2002), creo que sin duda también uno de los grandes intérpretes del autor
que nos ocupa, sobre todo en sus últimos años: varias de sus grabaciones para
RCA con la Filarmónica de Berlín son admirables.
Otros grandes brucknerianos
Pero,
como dice Pablo L., llama la atención la ausencia en el citado libro de otros
ilustres brucknerianos, y cita a Herbert von Karajan, Bernard Haitink,
Daniel Barenboim y Blomstedt. En lo que le doy la razón, por
supuesto, aunque me siguen faltando Otto Klemperer, Karl Böhm, Sir Georg
Solti y Carlo Maria Giulini. ¿Cómo ignorar las seis últimas legadas
por Klemperer, la 3ª, 4ª, 7ª y 8ª de Böhm, las núms. 1, 5, 6, 7
y 9 de Solti en Chicago, por no hablar de la 2ª, la 7ª, 8ª
y 9ª de Giulini? Téngase muy en cuenta que esta última, en su grabación
la Filarmónica de Viena para DG en 1989, ha sido considerada por muchos la más
grande interpretación de cualquier sinfonía de Bruckner existente en disco. Y,
por supuesto, hay memorables grabaciones aisladas de otros varios directores.
El
ciclo grabado por Karajan con la Filarmónica de Berlín, y más aún otras
interpretaciones aisladas con la Filarmónica de Viena, son insoslayables. Por
su parte, Haitink, después de un prematuro, irregular y no muy logrado en
conjunto, ciclo con la Concertgebouw, ha conseguido verdaderas maravillas con
no pocas grabaciones en Dresde, Múnich, Londres o, sobre todo, Viena. De Barenboim
baste decir que es, seguramente, el mayor intérprete vivo de Bruckner, y que
nadie más que él ha grabado tres veces su ciclo sinfónico. Blomstedt me parece
que está un poco por debajo, en este autor, de los tres anteriores.
Dos ciclos un tanto decepcionantes
Le
vuelvo a dar la palabra a Pablo L.: “El bicentenario del compositor ha
coincidido con el lanzamiento de dos integrales sinfónicas en disco de Christian Thielemann y
la Filarmónica de Viena, en Sony Classical, y de Andris Nelsons y
la Gewandhaus de Leipzig, en Deutsche Grammophon. Ambas son decepcionantes por
diferentes motivos. Thielemann grabó el ciclo de las 11 sinfonías, con
la de estudio y la descartada (las llamadas núm. 00 y núm. 0), entre 2019 y
2022. Una versión que exalta el glamur sonoro de la orquesta vienesa,
depositaria del estreno de varias sinfonías de Bruckner, pero sacrifica la
profundidad de la música. No se trata de un problema de agilidad o de fluidez,
de tempos lentos o rápidos, sino simplemente de interpretaciones cegadas por el
hedonismo tímbrico y carentes de emoción. Por otro lado, Andris Nelsons
comenzó su ciclo en 2016 y lo culminó cinco años después, aunque sin la
sinfonía de estudio. La orquesta de
Leipzig, en su caso, también ofrece una gran excelencia
sonora junto a una sólida tradición, pues estrenó la Séptima sinfonía,
si bien el resultado es contemplativo y superficial”. El juicio sobre este
último me parece un poco duro, aunque algo de ello veo en estas
interpretaciones, que encuentro en todo caso superiores a las de Thielemann.
También
viene a decir que más interesantes que estos dos ciclos le parece el que está
realizando Markus Poschner (Múnich, 1971) para el sello Capriccio, y que
se anuncia como “de todas las versiones”, es decir, tal vez de al menos dos
ediciones distintas de varias de las Sinfonías; ya veremos: “todas” no creo que
pueda ser, pues de algunas Sinfonías existen más de dos y de tres… Por el
momento solo se han publicado 1ª, 2ª, 5ª y 8ª. Salvo la 5ª,
que es con la Orquesta Sinfónica de Radio Viena -un conjunto más que notable-
las otras tres lo son con la más modesta Orquesta Bruckner de Linz. De entrada,
hay que dejar bien patente que ni una ni otra pueden competir con las
“superorquestas” que han grabado los principales ciclos brucknerianos. Poschner
se revela como un muy buen conocedor de Bruckner y un músico más que sensato.
Pero me temo que estas cualidades no son suficientes para hacer plena justicia
a estas reconocidamente dificilísimas obras, que requieren una batuta de
técnica excepcional, de una lúcida visión global de su arquitectura y de un
talento extraordinario para ahondar en sus profundidades. Así que me temo que
lo más logrado hasta la fecha (en CDs o DVDs/Blu-rays) se sitúa en la franja de
tiempo que terminó hace un par de lustros.