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martes, 19 de enero de 2010

El Primer Concierto de Tchaikovsky

DISCOGRAFÍA DEL PRIMER CONCIERTO DE TCHAIKOVSKY

De entre las innumerables grabaciones del Primer Concierto para piano de Tchaikovsky, he escogido estas diez, que son, probablemente, mis favoritas.

I

La de Sviatoslav Richter y Herbert von Karajan fue, tal vez, durante varios años la opción más importante, hasta el punto de que algunas famosas grabaciones anteriores pasaron a mejor vida, quiero decir que pasaron a quedarse anticuadas. La dirección de Karajan es intensa, pero bastante sobria comparada con las que hizo después. Richter, sólido y muy musical, sin excesos exhibicionistas, pero tal vez deja entrever –sobre todo en los dos últimos movs., un poco sota, caballo y rey– que la obra no le entusiasma. Espléndida prestación de la Sinfónica de Viena. (8/7)

II

La de Arthur Rubinstein y Erich Leinsdorf (tercera de las que grabó, tras las históricas con Barbirolli y Mitropoulos) no está a la altura de lo que se espera de tan enorme pianista: procura no apabullar en plan meramente virtuosista (Horowitz) y cantar todo lo cantable de las melodías, pero resulta un poco plano y escasamente reflexivo en el primer mov. Un nada inspirado Leinsdorf le ayuda bien poco. La suya –expeditiva, a ratos vulgar– es, sin duda, la menos buena de las labores directoriales de estas diez versiones. (Como curiosidad: maravilloso el oboe en el Andantino). La grabación dista de ser satisfactoria: es muy inferior a otras de RCA por esos años. (7/6)

III

La grabación de Lazar Berman y Karajan da la impresión de que fue hecha un poco de compromiso, porque Karajan no parece haberse molestado gran cosa en prepararla: aparte de su tan frecuente grandilocuencia, no se ve al gran maestro, atento y cuidadoso. Aunque el piano es poderoso y bastante musical, es poco imaginativo y no aporta nada especial. Por fortuna, apenas cae en el tan extendido mecanicismo. La sección central, Prestissimo, del 2º mov. la toca mucho más en piano de lo que es habitual. La versión transmite una casi permanente sensación de frialdad y distanciamiento, y la grabación es inferior a lo esperado. (7/6)

IV

Seis años después, Karajan volvía a la carga, ahora con Alexis Weissenberg, pianista de pulsación muy incisiva y recortada, pero aquí de sonoridad más robusta y también menos mecánico de lo acostumbrado en él. En algunos pasajes del primer mov. intentan acercarse al lirismo introspectivo de Schumann, lo que no deja de tener interés. A cambio, a menudo se pierde algo de espontaneidad, de fluidez y de naturalidad, así como de calidez y de pasión. La batuta recorre desde la opulencia al abandono voluptuoso, pero carece de calor. El Andantino resulta forzadamente lento. Espléndida la Orquesta de París. (7,5/7)

V

Andrei Gavrilov y Riccardo Muti ofrecen la interpretación más poderosa y hercúlea. El pianista ruso prontamente fuera de juego se hallaba en posesión de unos medios apabullantes y no siempre consigue controlarlos: en el finale, por ejemplo, se entrega al virtuosismo más desenfrenado, ofreciéndonos algunas frases demasiado martilleantes y mecánicas )casi sólo en el finale). Pero por lo general se contiene, dando eso sí una lección de poderío y seguridad impresionantes, lo que no le impide ni mucho menos ofrecer algunas frases de notable delicadeza y, sin duda, una considerable imaginación. La dirección de Muti sintoniza perfectamente con el solista, si bien su trazo es casi siempre más grueso que sutil. Soberbia la orquesta. (8,5/7,5)

VI

Emil Gilels y Zubin Mehta, en público, evitaron ante todo caer en la tentación de la ampulosidad: no hay materia adiposa en esta interpretación, de gran veracidad y autenticidad, elocuente, apasionada y fulgurante. Casi siempre, eso sí, algo apresurada, poco reflexiva, pero que transmite una refrescante sensación del placer de hacer música, y que consigue que incluso el virtuosismo, con no poco de exhibicionista, sea también un valor. Para el público debió de resultar electrizante. (8/8)

VII

En los comentarios de la carpeta del LP original, Ivo Pogorelich censuraba con acierto las carreras de velocidad a las que solían entregarse multitud de estudiantes avanzados de piano, lo que, aseguraba, redundaba en perjuicio de una música mucho mejor de lo que parece. En su grabación, con Claudio Abbado, cumple con esos presupuestos... salvo en el Allegro con fuoco final, en el que sucumbe de lleno a la tentación de correr tocando como quien escribe a máquina tan rápido como le es posible. En el primer mov. resulta muy personal y casi siempre muy convincente, descubriendo recovecos, y en el segundo, particularmente sutil. La dirección es de gran profesionalidad, pero transmite escasa convicción. (7,5/8)

VIII

El 31 de diciembre de 1988, el joven moscovita de 17 años Evgeny Kissin, que ya había asombrado a Rusia, asombraba a Occidente con esta interpretación en vivo junto al Karajan más convincente de entre sus cuatro grabaciones. Tras escucharlo parece difícil, si no imposible, imaginar una ejecución más admirable y perfecta y una musicalidad más inatacable. No es la suya la recreación más personal o llena de fantasía –no parece que pretendiese descubrir la pólvora–, pero sí desde luego la más cabal e irreprochable. Karajan, brillantísimo y opulento, elocuente, voluptuoso y lírico, hasta tierno, es insuperable desde su punto de vista. Impresionante la Filarmónica de Berlín (si bien el solo de flauta, a cargo de Karlheinz Zöller, del comienzo del Andantino, me gusta regular), y espléndida la toma de sonido (si cabe, algo más vistosa aún en el DVD de Sony). (9,5/9)

IX

Daniel Barenboim y Sergiu Celibidache asombraron en el Primero de Tchaikovsky tanto como en sus otras colaboraciones que el director rumano aceptó filmar (el Concierto de Schumann y los dos de Brahms). Yo me atrevería a afirmar que en la obra del ruso van aún más allá: no porque esta versión sea mejor que esas otras (parecería casi imposible), sino porque aporta bastante más a la historia interpretativa de esta tantas veces denostada partitura. En una sintonía difícil de encontrar entre un solista y un director en cualquier concierto que se analice, el argentino y el rumano proponen un primer mov. tremendamente ardiente y también introspectivo, desprovisto de ampulosidad e hiperdramático, con momentos de una contundencia y una rebeldía sobrecogedoras. En él la sonoridad del piano se aproxima, seguro que intencionadamente, a Brahms. Creo que ambos descubren que este Allegro inicial posee música mucho mejor de lo que suele pensar. En la repetición de la sección Andantino del 2º mov. alcanzan una poesía y una delicadeza maravillosas. El Allegro con fuoco adopta un aire insolentemente lúdico pero también irónico, despreocupado y charanguero. Barenboim, que como se sabe no es el típico “virtuoso”, supera con asombrosa solvencia las tremendas dificultades de la escritura solista. El laser disc Teldec con esta misma versión (¿¡cuándo en DVD!?) sonaba algo mejor que el CD EMI. (10/8,5)

X

La última gran interpretación grabada de este Concierto es, para mí, la de Lang Lang con Barenboim. (Descarto entre las grandes la de Sony 2003, con Arcadi Volodos, la Filarmónica de Berlín y Seiji Ozawa, versión carente de convicción y sobrada de velocidad a toda costa: 19’17”+6’41”+6’41”). El pianista chino derrocha tanta fantasía e imaginación como Pogorelich y, aunque su mecanismo es impresionante, no cae en ningún momento en el puro virtuosismo exhibicionista. Su sonido es precioso y muy matizado, lo mismo que sus juegos tímbricos y su gama dinámica, que despliega a menudo dentro de una misma frase, con refinados crescendi y decrescendi. Lo más llamativo de esta interpretación es la dirección del bonaerense, que es, de lejos, la más atenta y cuidadosa, la más matizada de todas cuantas se han escuchado. La claridad instrumental es apabullante, lo mismo que la ejecución orquestal –la número uno absoluto– y abundantes los diálogos camerísticos entre el piano y varios instrumentos. Barenboim (y Lang) no desdeñan la dulzura extrema y la sensualidad voluptuosa, y se atreven hasta con guiños de decadentismo al borde del amaneramiento (una cualidad, la pluma, que asoma a veces en la música de Tchaikovsky). (9,5/10)

1960 D.G. S.Richter/OSViena/Karajan 22’07 6’55 7’09

1963 RCA Rubinstein/OSBoston/Leinsdorf 19’19 7’09 6’48

1970 EMI Weissenberg/OdeParís/Karajan 23’12 8’48 7’31

1976 D.G. Berman/OFBerlín/Karajan 21’55 7’57 7’18

1980 EMI Gavrilov/OPhilharmonia/Muti 22’26 8’07 6’38

1980 Sony Gilels/OFNuevaYork/Mehta 21’08 6’53 6’43

1986 D.G. Pogorelich/OSLondres/Abbado 23’18 7’43 6’39

1989 D.G. Kissin/OFBerlín/Karajan 23’40 8’32 7’32

1992 EMI Barenboim/OFMúnich/Celibidache 22’30 8’20 7’11

2003 D.G. Lang/OSChicago/Barenboim 23’04 8’16 7’18

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