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lunes, 11 de junio de 2012

Michael Barenboim: otro joven gran violinista

Interpreta, con la Filarmónica de Viena dirigida por su padre, el “terrible” Concierto de Schoenberg

 

Me acaban de pasar unos amigos una grabación (¡con excelente sonido!) del concierto que tuvo lugar el pasado 24 de mayo, en la Musikverein de Viena, con el siguiente programa: Concierto para violín de Schoenberg, Preludio a la siesta de un fauno y El Mar de Debussy. Intérpretes: Michael Barenboim (nacido en París en 1985) y la Orquesta Filarmónica de Viena dirigida por su padre. El Concierto de Schoenberg (1936) es una obra capital, pero casi ningún violinista de renombre la tiene en repertorio, pues es legendaria su terrible dificultad, así como lo poco lucido que resulta tocarla. Sólo la han grabado Zvi Zeitlin (con Kubelik), Pierre Amoyal (con Boulez) y otros violinistas menos conocidos. Ni uno solo de los grandes. Y son ésas las razones, no, en absoluto, ausencia de valores musicales que, obviamente, son altísimos. Yo se lo escuché en Berlín a Nikolaj Znaider (¡un violinista al que no había escuchado antes y que me entusiasmó! Así lo escribí en su día en “Ritmo”), con la Sinfónica de Chicago y Barenboim (que también me entusiasmaron, por cierto). Pero, por desgracia, no lo llevaron al disco.
Ahora el hijo del famoso pianista y director se me da a conocer nada menos que con esta obra, cuyo abordaje sin duda le honra. Pero Michael no era hasta hoy un desconocido: en su biografía descubro que en 2009 tocó en Bolonia las 6 Sonatas y Partitas de Bach (¡ahí es nada!), que es fundador y primer violín del Cuarteto Erlenbusch, que toca como sustituto frecuentemente con las Filarmónicas de Viena y Berlín, etc. Sí sabía que era miembro desde 2000 de la West-Eastern Divan Orchestra, concertino de la misma desde 2003 y coconcertino de la Orquesta Juvenil Gustav Mahler con Claudio Abbado. Yo sólo le había escuchado algunos solos en la Orquesta del Diván, como 2º violín en el Quinteto con piano de Schumann y dos Lauds para violín solo de Elliott Carter.
Pues bien, en el Concierto de Schoenberg demuestra ser un solista en posesión de una técnica muy considerable (alguna aspereza es perfectamente disculpable), de un sonido quizá no grande pero sí bello y timbrado e igual a lo largo de toda la tesitura y, más llamativo e importante, de un sentido musical fuera de lo normal: la interpretación, que a todas luces habrá trabajado a fondo con su padre, es rica en lo conceptual y con momentos de una espiritualidad nada fácil de alcanzar. Ahora me sorprende menos saber que, en la próxima temporada de Ibermúsica, va a tocar el Concierto de Beethoven con la Filarmónica de Múnich y Lorin Maazel. La dirección en Schoenberg de su padre es, comparada con la de Kubelik (la única referencia que tengo a mano), muy superior tanto en los detalles de la realización como en la hondura expresionista del mensaje schoenbergiano. Y sencillamente sensacional la Filarmónica vienesa.
Lo mismo le ocurre a ésta en las dos obras de Debussy: ¡qué maravilla de sensibilidad tímbrica en el Preludio, qué forma de cantar las cuerdas! Sensualidad y sensaciones placenteras a partes iguales, con intervenciones memorables de la flauta, el oboe o el corno inglés (supera de lejos la grabación del mismo Barenboim para D.G. con la Orquesta de París, que comienza muy bien para luego decaer). No recuerdo una interpretación que me haya fascinado hasta tal punto.
En cuanto a El Mar, creo que jamás he escuchado una primera parte que me haya gustado tanto: diáfana, llena de sugerencias, infinitamente matizada. Apenas un poco menos me han impactado los dos restantes, aun siendo bien diferentes de sus grabaciones en audio y vídeo con la Sinfónica de Chicago, interpretaciones excepcionales de sentido más torvo y dramático. (Si su primera grabación, con la Orquesta de París, D.G. 1980, parecía seguir en cierto modo los pasos de la interesante pero discutible versión de Boulez en Sony, las dos con Chicago están entre las más extraordinarias que haya escuchado, junto a la de Muti con Filadelfia en EMI y muy pocas más, y por delante de las también extraordinarias de Van Beinum con la Concertgebouw, Philips, Haitink con la misma orquesta y en el mismo sello, Martinon con la ORTF en EMI y Solti con la de Chicago, Decca, la toma digital).
Ahora, en estos debussys nos encontramos al Barenboim más maduro y, por así decirlo, contemplativo y obnubilado por la sensualidad, incluso voluptuosa. (¡Qué diferente de otro Barenboim maduro, el de las tres últimas Sinfonías de Mozart que hace pocas semanas dirigía también a la Filarmónica de Viena, visiones apasionadas, hiperdramáticas y de tremenda rebeldía en el caso de las dos últimas!...)

4 comentarios:

  1. Te olvidas, Ángel, de la interpretación de Hilary Hahn y Salonen editada por DG que te pasé hace poco. Saludos.

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  2. En efecto, es un disco que tenía "aparcado". Acabo de escucharlo y me ha gustado mucho. Evidentemente, Hilary Hahn es una violinista más capaz y "hecha" que Michael Barenboim. Pero quizá el enfoque que dan al Concierto de Schoenberg Hahn y Salonen (con una notable Orquesta de la Radio Sueca) es más unilateral, mayormente erizado y crispado. Creo que en el de padre e hijo se dicen más cosas, hay más momentos de reflexión y mayor diversidad de estados anímicos.
    Hay llamativas diferencias en la duración: Zeitlin/Kubelik: 32'30"; Hahn/Salonen: 29'50"; Barenboim padre e hijo: 35'.

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  3. Acabo de escuchar el Concierto de violín de Schoenberg por Pierre Amoyal y la London Symphony dirigida por Pierre Boulez (Erato 1984. Duraciones: 12'31", 8'56", 12'27"). Se trata, para mí, de la versión más rica, compleja y en definitiva completa que conozco. Amoyal, con un sonido (quizá) algo pequeño, está realmente admirable, dominador y entregado en cuerpo y alma. Me ha gustado más incluso que Hilary Hahn. La dirección es ejemplar; sólo me resulta superior la transparencia y, en general, la respuesta orquestal de la Filarmónica de Viena con Barenboim.

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  4. Acabo de descubrir tu blog y, como es lógico, veo viejos artículos.
    Entre las versiones del concierto para violín, debe recordarse la de Szeryng, dirigida nada menos que por Kubelik.
    Ignoro si el resultado está a la altura de los intérpretes.

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