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martes, 22 de julio de 2014

Sir Thomas Beecham: ¿uno de los grandes?


    

Nacido en 1879 y muerto en 1961, Sir Thomas Beecham, baronet, creció en una familia muy rica (su padre se enriqueció enormemente tras descubrir unas pastillas contra la tos). En 1932 fundó la Orquesta Filarmónica de Londres y en 1947 la Royal Philharmonic. Beecham es considerado habitualmente como el más grande director británico. Yo no conozco muchas de sus grabaciones, pero siempre me ha llamado la atención que varias guías (la Penguin incluida) y reseñas discográficas de su país recomendasen bastantes de esas grabaciones con las máximas calificaciones, porque, cuando las escuchaba, rara vez me gustaban gran cosa. Como no poseo muchos discos suyos y el otro día me encontré baratísimo el álbum “Beecham. The Later Tradition: Beethoven, Schubert, etc.”, EMI, 8 CDs (todo con la Royal Philharmonic), me lo compré.

Mi asombro ha aumentado al comprobar lo poquísimo de interés que contiene: apenas nada que me haya gustado mucho. Ahora comprendo mejor lo que me decía hace años un amigo melómano español que vivió mucho tiempo en Londres: que los ingleses, por lo general, han puesto en lo más alto a Beecham (¡al nivel de Furtwängler y por encima de Klemperer!), y algo por debajo a Sir Malcolm Sargent y a Sir Adrian Boult, y que solían (salvo excepciones, claro) menospreciar al que sin duda ha sido el más grande de ellos: Sir John Barbirolli. Opinión que cada vez comparto más rotundamente. Después de ése último, Sir Colin Davis me parece quizá el más sobresaliente, más aún, en mi opinión, que el actual director de la Filarmónica de Berlín, Sir Simon Rattle. (En cuanto al chovinismo británico, defecto que solemos endosar a los franceses, vean esta anécdota: el DVD de Decca “The Golden Ring”, impresionante documental sobre la grabación de El ocaso de los dioses por Solti, presenta dos opciones: una narrada en alemán y otra en inglés. En la primera, refiriéndose a la Orquesta Filarmónica de Viena, se afirma: “...que ha sido dirigida por Klemperer, Furtwängler, Mahler...” (y mientras tanto se ven las fotos de los tres). Pues bien, en la segunda, Furtwängler ha desaparecido ¡y en su lugar aparece Boult! Y, por descontado, la foto de aquél ha sido sustituida por la de éste).

El álbum
Bueno, voy a hacer un rápido recorrido por el álbum que me he comprado: la Segunda Sinfonía de Beethoven se ve lastrada por un primer movimiento desquiciado, como le ocurre al correspondiente de la Séptima (cuyo Allegretto también resulta de una insoportable levedad); en ambas los dos movimientos finales, menos mal, levantan el vuelo. No me parece mejor la Misa en Do, op. 86 del mismo, demasiado agitada y carente de hondura (¡Giulini!). Algo mejor la irrelevante música de Las ruinas de Atenas.
Brahms: la Segunda Sinfonía vuelve a flaquear por unos rápidos e insípidos dos primeros movimientos y una coda del cuarto disparatada. Banal, nada hondo Canto del destino, por fin la Obertura Académica resulta divertida, juguetona (una vez más su compatriota Barbirolli toca el cielo en esa Sinfonía ¡y no digamos en la Obertura!).

Liszt: la Sinfonía Fausto está entre los registros más reputados de Beecham. Pues bien, tras un Faust simplemente mediocre, se salva Gretchen (Margarita) y se sobrelleva Mephistopheles. Correcto el poema sinfónico Orfeo y superficial el Salmo XIII (con un tenor atroz llamado Walter Midgley).
Mendelssohn: leves pero dignas oberturas de El sueño de una noche de verano y La bella Melusina. Desmadejado Preludio I de Los maestros cantores de Wagner y endeble Poeta y aldeano de Suppé.
Schubert: el primer movimiento de la Tercera Sinfonía, frívolo, vuelve a ser su talón de Aquiles; por el contrario, la Quinta peca de grandota y pesadota, sobre todo en sus movimientos extremos. Y la Sexta es torpe y tosca en el inicial, lenta y demasiado libre en el segundo, correcta en el tercero y len-tí-si-ma en el Allegro moderato final (¡10’11”!).

Richard Strauss: un Don Quijote (1947-48, con Paul Tortelier nada menos, que mejorará aún hasta la estratosfera más tarde con Rudolf Kempe) desigual, con no pocos pasajes no muy bien resueltos que digamos. Y por fin ¡oh, milagro! una Vida de héroe (1958) de notable alto. Tras dos inusuales fragmentos orquestales de Feuersnot e Intermezzo, una muy decepcionante Danza de los siete velos. Las tomas son la mayoría de la segunda mitad de los 50, ya en stereo.

“Antes se grababa como dios manda, sin esos constantes empalmes y arreglos de ahora...”
Eso me solía decir un crítico musical amigo que ya no vive. Pues bien, fíjense qué inadmisibles perrerías encuentro fijándome en las fechas y lugares de grabación de estos discos: la Segunda de Beethoven se grabó en 1956 y 1957 en Kingsway Hall y en 1956 en el Abbey Road Studio; la Séptima en dos años diferentes y en esos dos mismos lugares. Las ruinas de Atenas también fueron registradas en Abbey Road de Londres y en la Sala Wagram de París. La Segunda de Brahms, en noviembre y diciembre de 1958, en mayo y en noviembre de 1959 (en un solo lugar, menos mal). La Tercera de Schubert en mayo del 58 en París y Londres, y en mayo del 59 en Londres; la Quinta en mayo del 58 (París), en diciembre de ese año y en mayo del 59 (Londres). Sin más comentarios.

Algunas otras grabaciones de Beecham
¿Qué es lo que, al margen de este álbum, destacaría –entre lo que conozco– del legado fonográfico de Beecham?: su selección de Peer Gynt (muy inferior en todo caso a la de Barbirolli), su Scheherazade (inferior también a no pocas...), unas muy lúdicas y chispeantes Octava de Beethoven e "Italiana" de Mendelssohn para Philips (todo lo demás es EMI) también con la RPO, algún Sibelius (que ha quedado tremendamente superado por Barbirolli, Bernstein o Colin Davis, entre otros), su famosa Bohème (más por Victoria de los Ángeles y Jussi Björling que por la batuta) y sus numerosas páginas de Delius: fue un gran intérprete de un compositor muy menor, de un impresionismo casi siempre decadente y empalagoso, lo que no me cuadra nada con la famosa ironía beechamiana. Porque su también afamada Carmen (con Los Ángeles y Nicolai Gedda), elegante y perfumada (esas son sus otras cualidades que más a menudo se destacan en el director), me interesa bastante poco.












1 comentario:

  1. Pues mi opinión coincide bastante con la suya... Tampoco tengo demasiadas cosas de Beecham pero lo que he escuchado no me entusiasma, para nada. Tomo nota de ese Heldenleben, que puede ser interesante conocer.

    Coincido en que el más grande director británico es Barbirolli. Los demás son en general insípidos e irregulares. Colin Davis es otro gran director, no cabe duda, con grandes logros fonográficos (y también con bastantes medianías). Rattle aún está haciendo carrera...


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