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jueves, 31 de julio de 2014

Las 9 Sinfonías y los 3 Conciertos de Dvorák por Bélohlávek

 
       

Decca acaba de publicar un álbum de 6 CDs (4786757) con las 9 Sinfonías y los 3 Conciertos de Dvorák por Jirí Bélohlávek dirigiendo la Orquesta Filarmónica Checa, con el pianista Garrick Ohlsson, el violinista Frank Peter Zimmermann y la cellista Alisa Weilerstein. Magníficamente grabado en el Rudolfinum de Praga entre noviembre de 2012 y diciembre de 2013, este álbum se coloca, en mi opinión, como primera opción para el ciclo sinfónico, por delante de Kertész/Sinfónica de Londres (Decca 1963-66) y Kubelik/Filarmónica de Berlín (D.G. 1966-73). No conozco completo el ciclo de Andrew Davis/Philharmonia (Sony), más reciente que los dos anteriores (en parte DDD), pero parece ser que en él destacan las dos que conozco bien –soberbias Quinta y Sexta– y que el resto es sensiblemente menos bueno.

Jirí Bélohlávek (Praga, 1946) fue director de la Orquesta Filarmónica de Brno entre 1972 y 1977, de la Sinfónica (FOK) de Praga desde 1977 a 1989 y de la Filarmónica Checa entre 1990 y 1992. Pero al ser obligado a compartir este puesto con Gerd Albrecht (1935-2014), dimitió de ese cargo y fundó la Philharmonia de Praga. En 2012 retornó, finalmente, a la Filarmónica Checa. Aunque tiene en su haber numerosas grabaciones, es un maestro al que, a decir verdad, no se le ha solido prestar demasiada atención. Apenas se suele conocer mucho más que el hecho de que es un gran intérprete de las óperas de su compatriota Janácek (su Kata Kabanova filmada en el Teatro Real, con Karita Mattila y dirección escénica de Robert Carsen, es buen ejemplo de ello) y que dirigió admirablemente en Glyndebourne Tristán e Isolda.

Cuando escuché, hace un par de meses, su Concierto para violonchelo de Dvorák con Alisa Weilerstein (que he comentado en este blog), me interesé mucho por este álbum, y ahora puedo afirmar que ha colmado de sobra mis expectativas. Que Bélohlávek lleva años y años transitando por estas obras parece claro: su sintonía con el estilo y el lenguaje del autor de Rusalka es muy evidente, así como su conocimiento del folklore de su país, que tantas huellas dejó en la música del gran compositor. Sin divismos ni efectismos, es notorio que ante todo sirve a esta música con humildez, naturalidad, espontaneidad e intenso y profundo amor por ella. En las dos primeras Sinfonías, que son endebles partituras de un alumno que parece querer a toda costa demostrar aprovechamiento en sus estudios, suprime las repeticiones, las despoja de retórica y consigue hacerlas más llevaderas. A partir de la Tercera es evidente que disfruta con ellas y da lo mejor de sí. La Quinta, que es mi opinión la primera obra maestra de la serie (las siguientes lo van siendo cada vez más, aunque a partir de la Séptima es dudoso que consiga seguir en esa línea ascendente), goza de una recreación sorprendente, con un finale sensacional. La Sexta, una sinfonía maravillosa que se toca y se graba poco, muy por debajo de sus merecimientos, suena aquí con una expansión lírica inolvidable.

Al llegar, claro está, a las tres últimas, a las que se han acercado no pocos gigantes de la batuta, la supremacía de Bélohlávek no es tan palpable, pero ninguna de ellas queda muy debajo de las versiones más geniales que conozcamos: es decir, entre otras la Séptima de Giulini con la Filarmónica de Londres, la Octava de Kubelik, Szell/Cleveland (EMI), Dohnányi con esta misma orquesta (Decca) o Giulini/Chicago (DG), la Novena de Celibidache/Filarmónica de Múnich (DVD EuroArts), Fricsay/Berlín, Giulini/Chicago, Böhm/Viena o Karajan/Viena (las cuatro DG), etc. En todo caso, me parece que la Octava, sobre todo, poco o nada tiene que envidiar a cualquiera de las referidas.

¿Y los Conciertos? El de piano, otra obra que merece mayor atención de la que se le presta, no llega al nivel pasmoso de Sviatoslav Richter y Carlos Kleiber (EMI), pero está defendido con fuerza y convicción por Ohlsson y, desde luego, por la batuta. Con el de violín ocurre algo parecido: F.P.Zimmermann, de sonido un poco delgado, no es Perlman (con Barenboim), Vengerov (con Masur) ni Midori (con Mehta), pero tampoco envidia al mayor especialista en la obra, Josef Suk, bisnieto del autor. Como él, ha grabado este Concierto por segunda (o tercera) vez y muestra una especial familiaridad con él. Y en cuanto al de violonchelo, no hace falta repetir que Weilerstein es una artista sencillamente excepcional.

La Filarmónica Checa no es una de las mejores orquestas del mundo, y eso se nota sobre todo en que varios de sus solistas no pertenecen a la élite mundial, pero ¡qué entrega, qué naturalidad, transparencia y belleza de sonido exhibe! Créanme, apenas se echa de menos a las más afamadas de Europa o América.
Para terminar, una puntualización: la duración media de estos discos es de 81 minutos, llegando en el que agrupa las Sinfonías Cuarta y Quinta a los 83’52”, creo que una marca con la que nunca me había encontrado. ¿A qué juegan las compañías fonográficas? ¿Por qué mantienen en 3 CDs la Butterfly de Karajan o la Aida de Muti? ¿Por qué no editan en un solo CD ciertas memorables grabaciones de Sinfonías de Bruckner o Mahler que duran poco más de ochenta minutos?






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