Follow by Email

martes, 14 de febrero de 2017

Gustavo Dudamel en el Concierto de Año Nuevo en Viena de 2017



Dudaba si comprarme este blu-ray, por las razones que exponía en este blog el 3 de enero. Finalmente me animé al encontrarlo muy barato en una tienda (creo que estaba mal etiquetado: me parece que le habían puesto el precio del doble CD). No me arrepiento de la compra, pese a que el repertorio de 2017 ha sido en conjunto el más flojo desde que tengo recuerdo. Las 8 piezas que se ofrecían por primera vez son, sin duda, demasiadas, pues muy rara vez una nunca tocada en la Musikverein un primer día del año puede resultar un descubrimiento musical. Me pregunto quién elige el repertorio de estos conciertos: supongo que será un acuerdo entre el director y representantes de la Filarmónica de Viena. No es preciso llegar a lo que ocurrió en el dirigido por Karajan, en el que no hubo ni una sola pieza de poco valor musical; comprendo que se quieran añadir algunas rarezas, ¡pero no ocho! Creo que Dudamel se equivocó al aceptar esto (pues supongo que no sería idea suya...) 

Los dos primeros títulos del programa fueron nuevos: una poco valiosa Marcha Nechledil de Franz Lehár (de la poco conocida opereta Wiener Frauen, Mujeres de Viena) y la irrelevante Les Patineurs de Waldteufel. No era novedad Es gibt nur a Kaiserstadt, es gibt nur a Wien (Solo hay una ciudad imperial, Viena solo hay una) de Johann Strauss hijo, pero es si cabe más endeble aún que las dos anteriores. Creo que es un poco injusto decir que las interpretaciones de Dudamel fueron muy flojas: me parece simplemente que es poco menos que imposible sacar algo más de esas partituras. Con la cuarta pieza, la notable polca Winterlust de Josef Strauss, las cosas mejoraron. Volvemos al irregular "rey del vals": Mephistos Höllenrufe, nada mefistofélico, es una página insulsa, y así resultó (de hecho, ni Boskovsky ni Mehta sacaron mayor partido de ella). Algo mejor es, y algo mejor salió, So ängstlich sind wir nicht! del mismo autor (lejos, en cualquier caso, de Boskovsky y Barenboim). 

El comienzo de la segunda parte marcó el punto más alto de todo el concierto: un rotundo diez para la obertura Pique Dame de Suppé: vibrante, ardiente, de tempo muy flexible, con final exultante y brillantísimo. ¡La Filarmónica de Viena, absolutamente insuperable! Parece que tras la entusiástica reacción del público Dudamel se sintió más seguro de sí mismo y actuó con mayor soltura. Así, en el apreciable vals de Ziehrer Hereinspaziert! aplicó sin rubor, con decisión y sin que suene postizo o forzado un descarado rubato que parece marca de la casa de este continuador de los Strauss (escúchese, si no, este vals a Boskovsky o a Maazel, seguidores del genial Knappertsbusch con esta orquesta, Decca 1958, en otro vals de Ziehrer: Wiener Bürger). 
Delicada, emotiva y plateada Salida de la luna (Mondaufgang) de Las alegres comadres de Windsor de Otto Nicolai, fundador oficial de la Filarmónica vienesa, con el Coro Wiener Singverein. 

Volvemos a una de las piezas más tontorronas del concierto, la supuestamente españolista Pepita-Polka de Strauss II, seguida de otras dos del mismo autor: la más llevadera Rotunde-Quadrille y el vals Die Extravaganten, referido a un tipo de caballos que no veo qué puedan tener de extravagantes. Dudamel respondió a estos tres títulos en función del interés musical de cada uno. La vulgaridad impregna por completo el Indianer-Galopp de Strauss padre; su hijo Josef vuelve a elevarse bastante por encima de él (y de su hermano Johann cuando le abandona la inspiración) en en ländler Die Nasswalderin; también sube algo el nivel en la polca rápida Auf zum Tanze! de Johann hijo, autor también de una de las partituras más notables del programa, el vals Las mil y una noches, llevado por Dudamel con elegancia y tempo adecuadamante fluctuante (aunque aquí Carlos Kleiber y, sobre todo, Maazel resultan inalcanzables). Muy bien también la Tik-Tak-Polka del mismo, llevada a lo más alto por Boskovsky en el concierto de 1979. 

La polca rápida Mit Vergnügen de Eduard Strauss, primera de las propinas, marcó para mí el punto más bajo de todo el concierto: es una pieza vulgar, casi chabacana, que comprensiblemente no motivó al director venezolano (aun así, Maazel logró extraer algo de pólvora de ella en 1996). El Danubio azul fue notable gracias a su elegancia, con algo de decadente antes que de apasionado. Y especialmente muy bien la Marcha Radetzky, matizadísima en la dinámica. En casi todo el programa la Filarmónica de Viena lució su bellísimo e insustituible sonido, así como una precisión extraordinaria y una altura excepcional en los solos. Dudamel optó por una sonoridad ni especialmente liviana (Carlos Kleiber) ni especialmente robusta y rotunda o sinfónica (Karajan, Barenboim), manteniéndose en la línea más bien de Maazel, Muti o Prêtre, aun sin alcanzar en general el grado de belleza y sensualidad del primero y el tercero de esos.

En este blu-ray del sello Sony, técnicamente al más alto nivel imaginable, tanto en imagen como en sonido (¡a diferencia del de Mehta en 2015, en el mismo sello!) no se da opción de ver solo la Sala Dorada o bien los ballets, sino que ofrece como bonus el vals Hereinspaziert! con solo baile (creo que muy conseguido en la coreografía de Renato Zanella). El documental de 24 minutos que constituye el otro bonus, El ritmo de Viena, firmado por Robert Neumüller, me ha parecido visualmente fascinante, uno de los mayores atractivos de esta publicación.

1 comentario:

  1. Estoy bastante de acuerdo con usted (yo lo que tengo son los cedés). Lo que me asombra es que algunos (críticos y aficionados) que me consta elogiaron mucho a Jansons, e incluso que "le perdonaron la vida" a Welser-Möst, han puesto verde a Dudamel, quien me ha parecido superior a uno y a otro. R. M.

    ResponderEliminar