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martes, 7 de marzo de 2017

El controvertido Glenn Gould



Las opiniones de Brendel y Rosen

Con motivo de la publicación de un libro sobre el pianista canadiense Glenn Gould (Toronto, 1932-1982) escrito por el conocido realizador de documentales sobre músicos Bruno Monsaingeon (No, no soy en absoluto excéntrico, edit. Acantilado, 2017), Luis Gago escribía el pasado sábado día 4 en "Babelia", de El País, un interesante artículo en el que traía a colación dos interesantes citas de dos grandes pianistas que han sido a la vez agudos comentaristas musicales. La primera es de Alfred Brendel, quien afirmaba: "Glenn Gould no estaba interesado en descifrar una obra desde dentro, sino que lo que quería era, de la forma más inesperada posible, iluminarla desde fuera. Llegó hasta el extremo de dificultar la comprensión de un compositor, y maltratarlo, a fin de ser original a toda costa [...] Gould era para mí un clásico ejemplo de lo que no debería ser un intérprete; como excéntrico que era, parecía decidido a oponerse a los deseos del compositor o a ir en contra del carácter de la pieza". Palabras con las que estoy plenamente de acuerdo.

La segunda cita, de Charles Rosen (autor de, entre otros libros, del magnífico análisis Las 32 Sonatas de Beethoven) era mucho más benévola: "Muchas de las interpretaciones de Gould fueron acertadas y sublimes, otras fueron equivocadas, y ambas interesantes y estimulantes, mientras que algunas otras fueron equivocadas y sencillamente espantosas; me gusta pensar que fueron solo la primera y la segunda de estas categorías las que le dieron su celebridad". Con todo mi respeto a Rosen, no conozco ninguna interpretación sublime del pianista canadiense: algunas pueden gustarme bastante o mucho, pero creo que nunca ha llegado a entusiasmarme. En cuanto a las equivocadas pero interesantes, sí que me parece que las hay, pero, por desgracia, abundan las espantosas, hasta el punto de que quizá a ningún otro pianista importante le he escuchado algo tan atroz. Entre ellas tengo que citar en primer lugar las tres últimas Sonatas de Beethoven, que encabezan para mí todos los rankings de perversión.

¿Por qué Gould es tan famoso y tan apreciado por muchos melómanos? Si lo fuera solo por sus mayores aciertos no me extrañaría demasiado -aunque siempre hay, para mí, otros pianistas mucho más lúcidos y destacados-, pero es que hay no pocos para los que todo -o casi, casi todo- lo grabado por Gould les parece excelso. Y es que creo que, una vez más, es más rentable para alcanzar el máximo aprecio por parte de algunos el ser raro, extravagante, excéntrico (¡claro que Gould lo es!), no solo tocando, sino comportándose de ese modo, además de tener un repertorio no muy amplio -lo que parece también indispensable-. Condiciones necesarias para que ciertos esnobs y pedantes te consideren lo más de lo más. Fue el caso del director Carlos Kleiber y es, entre otros, el caso del pianista Grigory Sokolov. Ambos músicos son muy grandes, sin duda, pero de ningún modo los más grandes en su especialidad en sus respectivos momentos. Para esos esnobs y esos pedantes un artista normal, de comportamiento más o menos normal y que han sido o son enormes en un repertorio extensísimo no tiene especial valor. Por eso mismo un Claudio Arrau, un Arturo Rubinstein, un Leonard Bernstein o un Daniel Barenboim no les impresionan especialmente. Así, además, se distinguen, se separan, de la plebe: ellos son especiales.

15 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo. Y hay muchísimos ejemplos más que se podrían recordar.
    Un gran músico injustamente despreciado a veces es Solti. Un trabajador incansable, de repertorio amplísimo, con interpretaciones de referencia en muchos puntos, y de altísima categoría en la mayoría. A cualquiera le dejaría pasmado. Pero no, el no va más es Kleiber, o Celibidache. Entre los cantantes, tres cuartos de lo mismo. Se desprecia a Domingo, versátil, arriesgado, gran músico siempre, pero se idolatra a Kraus. Ojo, no digo que Kraus, Celibidache o Kleiber no sean, en sus muy limitados repertorios, tremendamente interesantes. A veces perfectos, a veces extravagantes pero con cierta forma de coherencia y honestidad. Entre los pianistas, Benedetti-Michelangeli sería un ejemplo claro que podríamos añadir a ese grupo, o a Sokolov. Respeto mucho que un músico decida limitarse a un repertorio por los motivos que sean, y profundizar en él o aplicarle ciertas premisas interpretativas. ¿Por qué no? Otra cosa es que me guste más o menos. Pero no hay truco. Ellos mismos lo cuentan.

    Entre los artistas "conceptuales" o "porque yo lo valgo", tenemos a Gould, o a Pogorelich. Si llama la atención tocar algo muy rápido porque los demás lo hacen lento, pues eso. Si ahora todo el mundo lo hace rápido, yo lento. ¿Interpretaciones dramáticas? Yo rompo con eso. ¿Atención al color? Yo no. ¿Lirismo? Paso por encima. ¿Beethoven el más grande compositor para piano? Declaro que lo aborrezco (pero lo grabo, claro). ¿Nadie aprecia a Hindemith o a Haydn? Yo los grabo y declaro que son lo más de lo más. ¿Otros dan conciertos? Yo no. ¿Entrevistas? Yo no, o las doy sentado de espaldas. Etc.

    En realidad, son listos, porque si se lo consentimos a pintores y escultores, ¿por qué no aprovechar el filón? Y ojo porque Gould y Pogorelich tienen talento, aunque no parecen confiar en él, pero cuánto mendrugo hay suelto por ahí viviendo de su imagen y poco más.

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    1. Sí, yo también me conozco a esos snobs: son los mismos que desprecian a un Vivaldi o un Chaikovsky, porque le gustan mucho a esa plebe de la que habláis. Leonardo

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  2. No entiendo por qué si a alguien le gusta un músico que a usted no le gusta, entonces es un pedante y un esnob. ¿Dónde queda aquello de que en la variedad está el gusto?

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    1. Como comprenderá, yo no considero pedantes o esnobs a quienes tienen gustos diferentes a los míos. Ni tampoco que es pedante o esnob todo el que tenga por ídolo a Gould: con seguridad que los hay que no lo son. Digo que en el mundillo de la música hay muchos pedantes y esnobs, y que suelen tener en lo más alto a músicos con esas características, las que comparten Gould y esos otros músicos "raros" que cito, entre otros. Y sí, hay gustos diversos: unos más atinados y mejor fundamentados que otros.

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  3. Discrepo de su última afirmación. En algo tan subjetivo como la sensibilidad musical, no cabe hablar de gustos atinados ni mucho menos fundamentados. Saludos.

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    1. Terreno resbaladizo, en efecto. Pero siempre hay consensos: por ejemplo, que Beethoven es mejor compositor que su contemporáneo Hummel (quien a muchos gustaba más en su época que el autor de las 32 Sonatas para piano) y que Verdi y Wagner son superiores a Spontini y a Meyerbeer. Entre miles de ejemplos. Y entre intérpretes, que Rubinstein es superior a Iturbi, Furtwängler a Witold Rowicki, etc., etc. Supremacías que son indemostrables.

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  4. Disculpen que me entrometa en una conversación que no me pertenece, pero no puedo evitar discrepar de la discrepancia del señor Pablo. La sensibilidad musical, como usted la llama, será todo lo subjetiva que quiera, pero por supuesto que cabe hablar de gustos atinados y, sobre todo, fundamentados. Uno puede, es cierto, emocionarse hasta el desmayo escuchando "Tristán e Isolda" mientras otro, en cambio, sólo pone los ojos en blanco escuchando a Isabel Pantoja, pero el gusto, como casi todo en la vida, se afina, se muscula y se esencializa con el estudio, con el conocimiento y con la escucha crítica y participativa de discos y conciertos. Y se convierte así, aunque a usted no le guste reconocerlo, en un gusto fundamentado: ¿o acaso pretende usted defender que mi gusto sobre la ópera de finales del siglo XX –que no me gusta gran cosa– es igual de atinado y fundamentado (o sea, válido) que el de un estudioso de la música contemporánea? Seamos serios, por favor.

    Como pequeño ejemplo ilustrativo, le diré que con el paso del tiempo, me he ido deshaciendo de todos mis discos de Glenn Gould. Cuando los compré, muchos años atrás, lo hice confiando en el “gusto” de esos mismos snobs que el señor Carrascosa critica en su entrada. Cuando mi gusto se fue afinando y adquiriendo elementos contrastados de juicio, esos discos empezaron a molestar en mi discoteca y fueron desapareciendo, pues, basándome en mi afinado y muy fundamentado gusto, llegué a la conclusión de que el señor Glenn Gould no es más que un monumental y muy bien planeado bluf.

    Miguel Ángel

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  5. Disiento radicalmente de su visión jerárquica y elitista del gusto musical. Por muchos conocimientos, experiencia o formación que se tenga, no hay ser humano capaz de demostrar objetivamente que Mozart es mejor músico que Manolo Escobar, por muy duro que suene. El valor de una obra musical no depende de factores como su complejidad o la erudición de su público. Y el gusto musical de un aficionado es tan válido como el del más eminente de los musicólogos. Tendrá más calidad su argumentación, pero eso no hace "mejor" su gusto. Saludos.

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  6. Pues si eso es así, Pablo, los historiadores del arte bien podríamos sustituir en nuestros temarios de clase a la Catedral de Chartres por la iglesia de Santiago de Jerez, o a Velázquez por Julio Romero de Torres. Total, como todos los gustos son igualmente válidos...

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  7. En mi opinión la complejidad es la clave.
    No son en un sentido sincrónico, sino también diacrónico. Una complejidad de la obra en sí en relación a las de su tiempo, y de la obra en sí en relación a la historia musical anterior.
    Aporrear un bombo en la tamborrada rítmicamente no puede ser "igual de válido" musicalmente que un concierto de piano de Mozart. La diferencia esencial está en la complejidad en los dos sentidos apuntados.
    Hay músicas más simples muy hermosas, o funcionales, o emotivas por la conexión que establecemos con un lugar, una época, unos recuerdos, unas imágenes (la música de cine), pero son lo que son.
    Admiramos sobre todo a los grandes innovadores que son además capaces de incrementar la complejidad o de mantenerla en un territorio nuevo.
    La complejidad requiere comprensión, de ahí que haya un riesgo en la tarea del compositor. Debe ser nuevo o más sofisticado, o ambas cosas, pero además comprensible, entendible. Es una tensión que solo aceptan y soportan lo más grandes.
    Tener un gusto cultivado implica, una vez más, ser capaz de entender la complejidad diacrónica (la historia de la complejidad, por así decir) y sincrónica (la propia de una obra concreta en relación a su momento). Por tanto, hay que conocer historia y teoría musical. Algo. Cuanto más profundo es ese conocimiento, más cultivado el gusto.
    ¿Ocurre esto mismo con la música Rock, pongamos por caso? En cierto sentido básico sí. Disfruta más y comprende mejor una determinada pieza aquel que conoce en detalle las claves del género y su historia. También en ella se da un impulso hacia adelante motivado por la busca de novedad (o variación) y complejidad. Pero las premisas son mucho más simples y el proceso se agota muy rápidamente.

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  8. ¡El ejemplo de Fernando, en relación a la pintura, es igualmente válido!

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    1. Con la autoridad que me confiere mi pseudónimo (¡ja, ja!) afirmo que conozco por lo menos un par de docenas de pianistas que me gustan interpretando Bach más que Glenn Gould. BachArroyo

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    2. Por curiosidad, Bach Arroyo, ¿quiénes son todos esos pianistas? 24 son muchos... E. E. Frutos

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    3. Aquí van esos 24 pianistas (no tener en cuenta el orden): Tureck, Andras Schiff, Barenboim, Arrau, Sviatoslav Richter, Gilels, Gulda, Brendel, Argerich, Richard Goode, Fellner, Hewitt, Aimard, Rosen, Kempff, Donnerstein, Nikolayeva, Edwin Fischer, Gavrilov, Rudolf Serkin, María Tipo, Perahia, Ashkenazy y Tharaud. BachArroyo.

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  9. Sigo sin ver argumentos objetivos, tan sólo suposiciones y creencias. No es suficiente con afirmar que la calidad de una obra musical va en proporción a su complejidad. Hay que demostrarlo.

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