lunes, 2 de octubre de 2017

"Guillermo Tell" de Rossini ¿una ópera imposible?



Guillermo Tell, la ópera última de Rossini, la más avanzada, audaz y destacada de las serias suyas, es evidente que no se interpreta ni se graba más a causa de su pavorosa dificultad, tanto por la escena, por lo abultado del reparto y, sobre todo, porque requiere varios cantantes casi imposibles de encontrar a plena satisfacción. Por ejemplo: ¿cuántos Arnold realmente grandes ha habido en los últimos cincuenta años? Uno: Nicolai Gedda, ninguno más. Algunos más grandes Guillermos y algunas más Matildes, no más de los dedos que tiene una mano.

En el DVD/Blu-ray que ahora edita Opus Arte (Covent Garden, 5-7-2015) no se ha podido reunir un reparto de primera categoría, que, entre otras razones, es que no existe. Ahora bien, sin duda podría haberse mejorado en varios de sus componentes. Lo mejor de este espectáculo (en el francés original) es la dirección de Antonio Pappano, que se confirma como el gran director que mayor repertorio operístico domina en nuestro tiempo. Aquí sintoniza a la perfección con el Rossini serio -como también ha demostrado hacerlo con el bufo: ahí está su Barbero- y hace todo lo posible por manifestar cuánto se anticipa el Cisne de Pésaro al futuro, a Verdi entre otros. El rendimiento que obtiene de los conjuntos del Covent Garden, de la orquesta sobre todo, es muy destacable.

En cuanto a la escena, a cargo de Damiano Michieletto, aunque hay cosas que no entiendo o cuya motivación se me escapa, creo que no es -como sí lo son tantos otros de nuestros días- un dislate, y además su estética visual suele ser bella y sugerente. Finalmente, el desigual elenco. Gerard Finley, Tell, se consolida como uno de los mejores barítonos de hoy: la voz se le ha ido robusteciendo y es un cantante de técnica y musicalidad aseguradas. La sueca Malyn Byström es una soprano lírica bienintencionada pero con problemas en su proyección vocal, con agudos a veces desgañitados y con limitación en la coloratura. El mayor fiasco es el Arnold de John Osborn, tremendamente insuficiente para un papel endemoniado: voz pequeña, no bella, sin el menor squillo, canta bien, pero al que falta brío, esplendor y heroicidad por los cuatro costados.

Bien las otras dos féminas: la mezzo Enkelejda Shkosa (Hedwige) y la soprano lírico-ligera Fomina (Jemmy). El antes tremendo Eric Halfvarson (Melcthal) está muy disminuido y el Gesler de Nicolas Courjal es francamente flojo. El nivel de los restantes cantantes, con papeles todos ellos difíciles, es mediano, con la excepción del Walter Furst del bajo Alexander Vinogradov. La toma de sonido y la realización son espléndidas. Ahora bien, ni rastro de subtítulos en español. Seguimos, pues, sin un Guillermo Tell de altura en imágenes, pues el decepcionante en italiano de Muti (¡qué cosas: ni siquiera por la batuta!), en La Scala a principios de los ochenta, con una notable escena tradicional de Luca Ronconi, posee una calidad técnica deplorable (Video Land Klassik, reedición en 2004 de Opus Arte). Hemos de conformarnos con la interpretación más sobresaliente, solo en audio: la de EMI 1973 con Gabriel Bacquier, Montserrat Caballé (sobrehumana), Nicolai Gedda y correcta dirección de Lamberto Gardelli.

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