martes, 22 de septiembre de 2026

Barenboim vuelve a El Escorial

 

Schubert, Wagner y Schumann

34 años después de su memorable concierto con Plácido Domingo y la Orquesta Filarmónica de Berlín, en la Basílica del Monasterio, Barenboim ha vuelto a San Lorenzo de El Escorial; no pude asistir al concierto del pasado día 19 en el Teatro del Auditorio de la localidad madrileña, pero sí he podido escuchar una grabación del mismo; no es buena, pero suficiente para percibir cómo fueron las interpretaciones.

Los tres o cuatro críticos cuyas crónicas he leído y que nunca han soportado a Barenboim, o al menos nunca han sido capaces de reconocer su genialidad, ahora admiten que el de Buenos Aires ha sido uno de los grandes (aunque, insisto, siempre han sido negacionistas de su talento, sobre todo como director). ¡Demasiado tarde, muchachos!: no tenéis credibilidad, que lo reconozcáis ahora no tiene ningún valor, porque han sido otros, no vosotros, quienes sí vieron -vimos- desde hace mucho tiempo la extraordinaria musicalidad de este intérprete, sea al piano o dirigiendo.

Pero, no contentos con este ejercicio de hipocresía, esos han vuelto a poner muy serios reparos -algunos grotescos, como que por momentos Barenboim no dirigió, sino que la orquesta tocó sola- a las recreaciones del día 19: nadie con un poco de experiencia asistiendo a conciertos puede afirmar en serio una cosa así. Amparándose, claro está, en que la mayoría de sus lectores no han escuchado ese concierto, siguen vertiendo su incomprensión o su inquina.

Pero es que, al margen de algunos deslices de ciertos músicos de la Orquesta del West-Eastern Divan, sobre todo en la Sinfonía “Renana” de Schumann, las interpretaciones de las tres obras programadas han sido sencillamente excelsas. Quienes las han fustigado no lo habrían hecho si, en lugar de haberlas dirigido Barenboim, lo hubieran hecho por ejemplo un Giulini o un Celibidache. La Sinfonía “Inacabada” de Schubert se ha parecido en concepto bastante a la que el propio Barenboim hizo el pasado 4 de octubre de 2025 con la Filarmónica de Berlín, que es, para más de uno entre los que me cuento, la más honda, hermosa y emocionante que hayamos escuchado nunca. La diferencia: que la Orquesta del día 19 no es tan extraordinaria desde el punto de vista técnico como la portentosa formación berlinesa.

¡Cómo ha sido el Preludio y Muerte de Isolda de Wagner! Hasta los más anti han reconocido su genialidad (pese a, por descontado, ¡faltaría más!, señalarle algún defecto). Creo que no he escuchado jamás algo tan sublime.

La “Renana” no tuvo apenas nada de la tópica interpretación que puede esperarse de un venerable maestro anciano, pues el vigor y el entusiasmo de los movimientos más rápidos -el primero y el último- apenas surgieron más lentos de lo habitual. El famoso cuarto, el que rememora la solemne ceremonia en la Catedral de Colonia, fue despojado de parte de su opulenta grandiosidad, pero no, ni mucho menos, de su íntima emoción y espiritualidad.

Pues sí, Barenboim está físicamente muy mermado, pero su musicalidad y su lucidez están tanto o más pujantes que nunca. Por cierto, un par de críticas que he leído sí las puedo compartir en buena parte: las de Fernando López Vargas-Machuca (“Ya nos queda un día menos”) y Víctor Mourelle (“Plateamagazine”). A los demás que he leído -no voy a nombrarlos- lo que les sigue apeteciendo es atizar.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario