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viernes, 8 de noviembre de 2024

Novedades discográficas: mucho piano... y...

Pollini y su hijo Daniele interpretan Schubert

DG acaba de publicar un disco con la Sonata en Sol mayor D 894 (nº 18) tocada, sin demasiado acierto ni poesía, por Maurizio Pollini. Su hijo Daniele (Milán, 1978) toca por su parte, con un estilo muy similar al de su progenitor -algo austero y más riguroso que imaginativo- los 6 Momentos musicales. Y juntos hacen, según similares presupuestos, la increíblemente bella Fantasía para piano a 4 manos en Fa menor, D 940. Las tomas de sonido sí son ejemplares.

Alexander Kantorow: Schubert y Brahms

Alexander (Clermont-Ferrand, 1997), hijo del violinista y director Jean-Jacques Kantorow, se confirma como un virtuoso de primer orden y un músico con la cabeza francamente bien amueblada. En su último disco, para el sello Bis, aborda de modo certero la muy difícil Sonata nº 1 de Brahms, con considerable hondura la Fantasía Wanderer de Schubert así como cinco Lieder de este transcritos por Liszt. Un disco muy estimulante, magníficamente grabado.

Katia Buniatishvili Mozart para atrás

La controvertida pianista georgiana (n. 1987), más reconocible por el lucimiento de su sexy aspecto -algo que suele cuidar mucho- que por sus modos musicales, aborda ahora Mozart, autor en el que apenas puede lucir su virtuosismo exhibicionista, y en el que se le ve más el plumero de sus carencias. Con una Academy of St Martin in the Fields ya lejos de sus antiguos esplendores -y sin director: ¿ella misma?-, vuelve a hacer un Mozart mecánico y desprovisto de contenidos expresivos: los Conciertos 20, K 466, y 23, K 488, y la Sonata K 545 “Facile”. El Adagio del K 488 intenta hacerlo lento y hondo, pero creo que carece de convicción. Y la Sonata se torna desagradablemente rococó, muy pimpante. La ejecución en todo el programa del disco Sony es, eso sí, de gran limpieza.

Recital Bach de Tharaud

Interesante y muy reconfortante disco (doble, supongo) de sello Warner con 25 piezas - transcripciones casi todas- de J.S. Bach. La belleza melódica y la introspección dominan casi todo el programa. Excelente toma sonora.

Las estaciones de Tchaikovsky por Bruce Liu

Ya que se graba tan poco, se entiende difícilmente el lanzamiento de un disco como este, con Las estaciones y la Romanza op. 5 de Tchaikovsky (solo 54 minutos), en irreprochables -no mucho más- interpretaciones del canadiense de origen chino nacido en París en 1997 Bruce Liu, ganador en 2021 del Concurso Chopin. Las grabaciones ya existentes -Postnikova, Bronfman, Ashkenazy, Eschenbach, Lang Lang- me parecen superiores. El CD Chopin que DG publicó ya en 2021, muy bien grabado en público, me ha parecido mucho más representativo y logrado: Andante spianato y gran Polonesa, 4 mazurcas, 2 estudios, el Vals op. 42, el  Scherzo (estos dos últimos lo que menos me ha convencido) y las Variaciones sobre Là ci darem la mano. Este Chopin es siempre cuidadoso, pulcro y un poco tirando a salonesco, pero siempre muy centrado en estilo.

Y…

La Novena Sinfonía de Beethoven coreografiada por Béjart

Vi, casi de casualidad, un apasionante documental sobre este trabajo del genial Maurice Béjart (Marsella, 1927-Lausana, 2007), filmado en 2014, y fue tanto mi interés por saber si estaba publicado que encontré que está -no el documental, sino la interpretación de la Novena completa- en blu-ray, del sello EuroArts. El evento tuvo lugar en Tokio (noviembre de 2014) a cargo de los bailarines del Ballet Béjart de Lausana y del Tokyo Ballet, con la Orquesta Filarmónica de Israel dirigida por Zubin Mehta. El Coro es el espléndido Ritsuyukai, y el cuarteto vocal, Kristin Lewis, Mihoko Fujimura, Kei Fukui y Alexander Vinogradov; francamente bueno el tenor y espléndido el bajo, y no tan bien las dos féminas. En cuanto a la versión musical, me ha gustado mucho el dramático y tempestuoso primer movimiento, y bastante también el segundo. No así un rapidito y aséptico Adagio. El finale con voces vuelve a levantar el nivel. Ya sabemos que Mehta no es un gran director beethoveniano, pero puede que haya una razón más: una versión musical menos rígida y encorsetada habría sido mucho más problemática para los bailarines.

Pero lo más importante de esta interpretación, aparte del muy alto nivel de los danzantes, es la coreografía de Béjart, que no dudo en calificar de obra maestra, no solo por su plasticidad, sino sobre todo por la muy honda comprensión de la música -prácticamente en todo momento- de la que hace gala el autor: no me puedo imaginar que se pueda traducir con mayor acierto en figuras y movimientos el trasfondo, el significado de esta inmortal composición.