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martes, 28 de abril de 2020

Gran "Elektra" en el Met; Schumann memorable


“Elektra” de Strauss en el Met con Stemme, Pieczonka, Meier y Owens, Salonen y Chéreau

La misma producción de esta representación de abril de 2016 en el Met neoyorkino había sido vista en el DVD/Blu-ray del sello BelAir, que recoge una función del Festival de Aix-en-Provence de julio de 2013. Una memorable produción de Patrice Chéreau, de escenografía sencilla y geométrica, cuya iluminación es crucial para su resultado y en la que la actuación y la interacción de los personajes constituye un acierto excepcional. Aquella función de Aix la comenté ya el 8 de octubre de 2016 y comparte con esta del Met la batuta de Esa-Pekka Salonen y dos de las cantantes protagonistas: Adrianne Pieczonka como Crisotemis y Waltraud Meier como Clitemnestra. Puedo repetir lo que dije de ellas entonces: “la notable soprano dramática Adrianne Pieczonka, de voz timbradísima, lidia con bastante éxito con su tremenda parte, más corta pero no mucho menos terriblemente difícil que la de Electra. Waltraud Meier, en un estado vocal sorprendentemente bueno a sus 57 años [ahora 60] -¡menuda técnica la suya!-, se aparta por completo de las Clitemnestras viejas zorronas (perdón por la expresión) sobreactuadas (que a veces son formidables, como Astrid Varnay con Karl Böhm), revelando un personaje mucho más complejo e interesante, creo que más creíble ya que también muestra palpablemente su vulnerabilidad, según el magnífico texto de Hofmannsthal para su largo monólogo/dúo con Electra”. 

Pero la gran baza de esta versión es, para mí, la de la mayor cantante/intérprete del papel titular que haya escuchado hasta la fecha: Nina Stemme en una actuación sencillamente asombrosa. No solo su voz dramática es tan bella como potente, sino que canta con su apabullante técnica que le permite, aparte de sus restallantes agudos, de pasmosa seguridad, hacer gala de una increíble maleabilidad y apianar como ninguna intérprete de este temible papel que yo recuerde. Solo por ella ya merecería la pena conocer esta versión. En su breve intervención, Burkhard Ulrich muestra una idónea voz para Egisto, la de un tenor aún lírico pero con un cierto squillo que quizá anuncia un futuro dramático. En cuanto a Eric Owens, Orestes, el barítono-bajo de color posee una materia prima sólida y redonda, pero acusa ciertas limitaciones, distando de alcanzar la capacidad canora y los matices expresivos de Fischer-Dieskau (Böhm) o René Pape (Gatti). 

La dirección de Esa-Pekka Salonen me ha vuelto a desconcertar algo: “a veces carente de toda la debida fuerza, otras se pasa un poco en contundencia, sonando efectista. Pero siempre o casi siempre me produce la impresión de no estar muy familiarizado con Strauss”. Notable la Orquesta del Metropolitan, que, en todo caso, como es natural, no hace olvidar a las grandes formaciones germánicas, de sonido más apropiado. Esta relativa carencia no carece de importancia, pues como es bien sabido la dificilísima parte orquestal de esta ópera es determinante. En todo caso, y pese a sus ciertas debilidades, es un pena que esta versión no esté comercializada, para poder disfrutar de la intérprete prácticamente ideal del rol de Elektra. En mi opinión, ni Inge Borkh, ni Astrid Varnay, Birgit Nilsson, Leonie Rysanek, Eva Marton, Deborah Polaski, Alessandra Marc, Evelyn Herlitzius o Irene Theorin (¡ahí es nada!) la alcanzan.

Nota a pie de página: antológico Schumann
El 24 de este mes de abril Deutsche Grammophon, en colaboración con Medici TV, retransmitieron en abierto, gratis, desde la Sala Pierre Boulez de Berlín sin público, la quinta (y parece que última) actuación de ese músico incansable que es Daniel Barenboim (tras unas gloriosas Variaciones Diabelli, un programa Chopin y dos sesiones de Sonatas para violín y piano de Mozart). Ese día tocó magistralmente dos piezas de las Piezas fantásticas op. 12 y el Quinteto para piano y cuerda, cumbre de la música camerística de Schumann. Para este contó con el Cuarteto de cuerda de la Staatskapelle (de Berlín), ofreciendo la interpretación más bella, más honda y trabajada hasta en los menores detalles que he escuchado hasta hoy. Los componentes del Cuarteto -Wolfram Brandl y Krzysztof Specjal, violines, Yulia Deyneka, viola, y Claudius Popp, cello- estuvieron al nivel del pianista, con actuaciones de enjundia musical asombrosa. No exagero: parece difícil que músicos pertenecientes a una orquesta puedan llegar más lejos. Fue una velada inolvidable que debería ver la luz como DVD/Blu-ray, pues no se ha escuchado nada igual. A ver si DG cae en la cuenta de que, juntas estas actuaciones, sería un documento videográfico interesantísimo al que podría llamar: “Conciertos desde el confinamiento” o algo así. Porque fue filmado con gran acierto, y registrado con un sonido que tampoco exagero si lo califico con un 10.

miércoles, 30 de mayo de 2018

Matti Salminen y el león de la Metro



En el número de mayo de la revista "Ritmo" (en la que escribo desde hace más de cuatro décadas) aparece una crítica de "La Aida de Nina Stemme" (así se titula) referida al DVD del sello BelAir, en la que cantan también Salvatore Licitra, Luciana D'Intino, Juan Pons, Matti Salminen y Günther Groissböck, dirigiendo Adam Fischer a los conjuntos de la Ópera de Zúrich y con escena de Nicolas Joël (2007). El crítico afirma que a Stemme "se la puede acusar de no ser una soprano suficientemente spinto para este papel". Pero yo me temo que es justo lo contrario: una soprano, cuyo repertorio se basa sobre todo en Isolda (ya la había grabado, dos años antes, junto a Domingo, Pape y Pappano), Brunilda, Kundry y hasta Elektra, es demasiado spinto, realmente demasiado dramática para Aida. Pero no es esto lo más chocante de la crítica: más adelante hace una afirmación temeraria, de pésimo gusto y además faltona: "Matti Salminen es un Ramfis estatutario..." Esta palabra hace referencia, según el Diccionario de la RAE, a un estatuto, no a una estatua, que supongo es a lo que quiere referirse este crítico. Pero prosigue: "...con una voz que, como de costumbre, recuerda más a la del león de la Metro que a otra cosa".

Bien: a mí no me gusta mucho Salminen como Ramfis en esa grbación, pero ¡¡"como de costumbre"!! ¡Qué barbaridad! Este crítico, que, me consta, lleva décadas escuchando ópera en numerosos teatros de todo el mundo, parece no haberse percatado de que el bajo finlandés es uno de los más grandes de las últimas décadas en su cuerda, un artista como pocos cantantes y que está dotado de una musicalidad y una inteligencia fuera de serie, como ha demostrado sobradamente en prácticamente todos los grandes papeles wagnerianos, en Séneca, en Rocco, Boris, Kaspar, Felipe II y el Gran Inquisidor, el Comendador, Sarastro, Osmin y tantos otros. Y que ha actuado con la mayor parte de los mayores directores de su tiempo (todos deben de estar sordos, menos este crítico...). Su afirmación es, por tanto, producto o bien de una insuperable manía particular (que no tenemos por qué sufrir sus lectores), o bien de una sordera pavorosa.

¡Qué coincidencia! Estoy precisamente leyendo el lúcido e interesantísimo libro, recién editado en español, "Diálogos sobre música y teatro: Tristán e Isolda", de Daniel Barenboim y Patrice Chéreau (edit. Acantilado), y acabo de encontrarme con que el gran director e intérprete de Wagner afirma: "[el cantante wagneriano] ha de saber controlar la voz para que las vocales estén bien apoyadas. Waltraud [Meier] domina este recurso a la perfección". Y el eximio director de escena responde: "Matti Salminen también sabe sacarle el máximo partido. Su dicción es modélica; sus consonantes finales son impresionantes. Siempre ha entendido la importancia de articular cada palabra perfectamente. Por otro lado, conecté con el relato del rey Marke gracias a este cantante. En aquel momento, aunque no te lo dije, estaba muy desanimado. Incluso llegué a pensar: 'Creo que rechazaré hacer Tristán por tercera vez'. Sin embargo, al escuchar a Salminen en tu grabación de Tristán me di cuenta de que lograba fundir con tal perfección el texto y la música, que me dije: '¡Un momento! Yo conozco este tipo de texto, este tipo de diálogo, esta manera de articular un pensamiento complejo. En realidad, son como los del teatro y el cine, y creo que sabría poner todo eso en escena, que podría ayudar a los cantantes [...] Por este hueco, por este resquicio, puedo entrar en la obra'"-- "¿Y por qué razón querías renunciar por tercera vez?"--"Porque no entendía bien [...] Probablemente porque estaba asustado de ese dichoso segundo acto. Y porque algunas de las puestas en escena que he podido ver son para asustarse. Sin embargo, cuando aquel día escuchaba tu grabación y el rey Marke de Salminen hacía por fin su entrada, tuve la impresión de que estaba salvado, de que veía la luz al final del túnel". Sin más comentarios. 

(Nota:  hace varios días que no me llegan comentarios de los lectores. No los estoy "filtrando"; no es la primera vez que tengo constancia de que, por algún motivo que desconozco, no me entran. Acaba de hacerlo uno. Espero que se haya arreglado el problema. Les pido disculpas).