Dos macroproyectos Haydn
He visto que están en marcha dos ambiciosos proyectos de grabaciones de sendos ciclos de Haydn: las Sinfonías y los Tríos de piano, violín y cello. Del primero -Johannes Klumpp en Hänssler- desisto, pues está hecho siguiendo criterios historicistas, que cada vez soporto menos; en Haydn, por ejemplo, también. Tras escuchar unos cuantos movimientos de aquí y allá he decidido dejarlo: el supuesto historicismo sigue siendo refugio de muchos músicos mediocres. En este caso bien poco tiene que decir: sonidos raquíticos, gatunos o gallináceos y escasas musicalidad e ideas.
El segundo proyecto, en cambio, me está pareciendo estupendo. Es para el
sello Chandos y lo protagoniza el Trío Gaspard. Fundado en 2010 e integrado
por Nicholas Rimmer (piano), Jonian Ilias Kadesha (violín) y Vashti Hunter
(cello), ya les había escuchado una espléndida interpretación, grabada en
público el año 2020 en la Sala Boulez de Berlín, del maravilloso Segundo
Trío (D 929) de Schubert. El primer volumen de Haydn, de 2022, me ha
encantado, y más aún el segundo, recién editado: ni rastro de rutina; todo lo
contrario, se empeñan en dotar a cada obra de sus características individuales,
extrayendo de las partituras bastante más de lo habitual. Seguiré la serie con
gran interés. Me da la impresión de que pueden ser los herederos del Beaux Arts
Trio. En Haydn, diré, por lo que llevo escuchado, que me están gustando más que
los de ese conocido grupo, que los grabasen para Philips en los años 70 del
siglo XX. Y las tomas de sonido -como es casi siempre en Chandos- son
excelentes.
Creo que los 41 Tríos de Haydn (o 45 según Robbins Landon; los números 33-41 de Hoboken son primerizos, de los años 50 del siglo XVIII) están infravalorados y son mucho menos conocidos de lo que merecen (¡vamos: nada nuevo tratándose de Haydn!). Me ha satisfecho mucho leer la opinión del gran musicólogo Marc Vignal, que considera que se tocan relativamente poco a causa sólo del papel casi siempre secundario del violonchelo. “Los Tríos son al Haydn compositor para piano, lo que los Conciertos a Mozart. Ofrecen no solo su música pianística más avanzada, sino también, en gran medida, sus confidencias más íntimas y algunas de sus concepciones formales y tonales más audaces e insólitas”… “No ceden en importancia [en la música de cámara] más que a los cuartetos de cuerda, y en plano musical, alcanzan muy a menudo las mismas alturas”.
Y comienzo de otro ciclo sinfónico “londinense”
Al margen de estos proyectos masivos, surge otro no tan ambicioso, pero
cuyo primer jalón me ha satisfecho ampliamente. Se trata del primer volumen de
las 12 Sinfonías “de Londres” que ha emprendido el sello RCA de la mano
de Paavo Järvi y la Deutsche Kammerphilharmonie Bremen. Al director
estonio, que ya tiene 60 años, hijo como se sabe del discográficamente
hiperprolífico Neeme (n. 1937), le había escuchado bastantes cosas, algunas
bastante buenas, pero tal vez ninguna que me entusiasmase. Pues bien, estas dos
Sinfonías que acaban de salir a la venta, la 101 “El reloj” y la 103
“Redoble de timbales”*, es posible que sea lo que más me ha gustado de todo
lo que le conocía.
Llegando casi al entusiasmo, pero debido no a que sean lo mejor de lo mejor, sino al alivio de comprobar que nada -o casi- deben al historicismo, hasta el punto de que estas interpretaciones casi podrían ser debidas a Marriner o incluso a Solti. La orquesta, estupenda, no es tan grande como la London Philharmonic de ese último, pero el concepto es bastante similar: viveza, alegría, frescura, aparente espontaneidad y cierto nerviosismo (los Andantes de ambas los hubiera preferido algo menos inquietos), siempre con un análisis instrumental y polifónico de extrema transparencia. Paavo Järvi no se obsesiona con la supresión del vibrato, pero lo administra con parquedad. Aunque los ciclos londinenses de Colin Davis/Concertgebouw y Solti/LPO siguen pareciéndome formidables, este los supera un poco en lo que respecta a su toma de sonido,que me parece ejemplar.
*Ojo: a veces se produce una confusión entre la 103 y la 94,
“Sorpresa”, como a veces ocurre (en Radio Clásica, sin ir más lejos),
debido seguramente a que los alemanes suelen denominar a esa última no “Überraschung”
(sorpresa), sino “mit dem Paukenschlag”, o sea, “con el timbalazo”.