Una espléndida soprano lírica o lírico-ligera
Hay actualmente unas cuantas sopranos líricas o ligeras (también de otras tipologías, por supuesto) todavía jóvenes o incluso muy jóvenes que son de veras sobresalientes. Sí, digan lo que digan los nostálgicos de otros tiempos, siempre aúreos según ellos, mientras que ahora -afirman- nos rodea la medianía.
Contar con la estadounidense Lisette Oropesa (n. 1983) -lo mismo que con su compatriota Nadine Sierra (n.1988), la georgiana de Tiflis Nino Machaidze (n. 1983) o Marina Rebeka (Riga, Letonia, 1980) entre otras- es todo un lujo. Como ahora se graban tan pocas óperas -al menos se filma alguna que otra, de vez en cuando- nos estamos perdiendo registros de títulos completos que esas y otras sopranos de características similares harían estupendamente, como bien saben los que visitan teatros de ópera de varios países a ambos lados del Atlántico. Pero los que solo pueden asomarse a los discos nos conformamos con recitales, como el que el sello Pentatone acaba de publicar de la Oropesa, con arias y escenas de Rossini y Donizetti: o sea, el temiblemente difícil bel canto italiano de la segunda, tercera y cuarta décadas del siglo XIX. Y a lo largo de todo el disco se comprueba la extraordinaria seguridad técnica de esta soprano, de privilegiada voz pese a un ligero vibrato que a alguno molestará.
En Le siège de Corynthe de Rossini Oropesa nos recuerda a la maravillosa Beverly Sills (en la ópera completa en italiano, junto a Verrett y dirigida por Schippers), si bien no alcanza su portentosa facilidad en la coloratura y los agudos ni su intensidad expresiva. Algo similar podría decirse de la bellísima aria de Guillaume Tell “Sombre forêt” con respecto a Caballé (también en su ópera completa, con Gedda y Gardelli), en la que la soprano catalana desplegó sus mejores armas. En Le comte Ory Oropesa está de nuevo eminente, si bien la referencia sigue siendo Diana Damrau junto a Flórez en la ópera videográfica dirigida por Benini. No conocía nada de Les martyrs de Donizetti, pero es evidente que Oropesa está admirable. Para Lucia di Lammermoor se ha optado -como siempre que ha sido posible- por la versión francesa (que, lo siento, no es mi favorita) y Oropesa deja claro que también es una las grandes Lucias (la que más, para mí, Sills) en “Que n’avons-nous des ailes”, en la que la nota más alta (creo que un Mi bemol, quizá no escrito por Donizetti) no es todo lo bella que el resto de su intervención. El programa termina con “Il faut partir… C’en est donc fait… Salut à la France” de La fille du régiment, donde Oropesa, que yo sepa, no cede ante ninguna de sus colegas: su timbre, por ejemplo, es mucho más hermoso que el de la también extraordinaria intérprete Natalie Dessay. Siempre correcta, sin llamar la atención, la batuta de Corrado Rovaris, director musical de la Ópera de Filadelfia, al frente del Coro de la Ópera de Sajonia y la Orquesta Filarmónica de Dresde.
Kaufmann, Tézier… ¡y Pappano!
Si el director del recital precedente no defrauda ni entusiasma, Antonio Pappano sí logra esto último en su recital de dúos tenor/barítono ("Insieme", de Sony). Y lo mismo da que sea Verdi que Puccini (¡no son tantos los directores excepcionales en ambos autores!). Atentos al nivel al que este director ha elevado a la Orquesta de la Academia Santa Cecilia, de Roma, con la que lleva ya trabajando como titular 17 años. No hace falta decir que el tenor alemán (n. 1969) y el barítono francés (n. 1968) están entre lo mejor de la actualidad. Mientras Kaufmann no suele identificarse a fondo con la ópera italiana, no tanto por estilo como por su peculiar técnica de emisión y su color vocal, Tézier -uno de los pocos barítonos verdianos, hoy, de considerable solidez y robustez vocal- sí que suele hallarse cómodo en ese terreno. Pero ambos tienen cualidades suficientes para salir airosos en casi todo este repertorio.
Para la primera página, “In un coupé” de La bohème, el tenor alemán, de timbre demasiado oscuro, no es ideal para Rodolfo. Aun así, convence por su musicalidad y por el atinado significado que otorga a su texto. Más apropiado es para “Enzo Grimaldo!” de La Gioconda, y en esta página se luce y acierta casi tanto como Tézier. Dos escenas de Les Vêpres siciliennes, de los actos I y III –“Quel est ton nom?” y “Je n’en puis revenir”– en las que ambas voces, ambos cantantes, resultan muy convincentes. En el primer dúo tenor/barítono de Don Carlos (“Le voilà, c’est l’infant!” aparecen algunos apianamientos un poco forzados o excesivos y, en la voz del tenor, ciertos reguladores innecesarios. Algo similar sucede en los pasajes de La forza del destino (“Solenne in quest’ora”, “Nè gustare m’è dato”, “Invano Alvaro”), junto a algunas frases imponentes. En todo caso, la intención expresiva es loable y certera, desechando el mero derroche de volumen (siempre f o ff) que eran costumbre hace años (p. ej., Mario del Monaco/Ettore Bastianini). Pese a ciertas rudezas del barítono y algunos pianos no muy ortodoxos de ambos, el dúo de Otello con el que se cierra el programa (desde “Tu? Indietro!” hasta el final del acto II), espoleado sabiamente por Pappano, resulta ser otro acierto.