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martes, 6 de marzo de 2012

Andris Nelsons, un joven genio de la batuta. Y Guy Braunstein, un magnífico violinista

Acaba de llegar a mis manos la grabación (filmada) de un reciente concierto (2 de febrero de 2012) de la Filarmónica de Berlín dirigida por el joven Andris Nelsons, del que ya he hablado en este blog más de una vez, y siempre elogiosamente. Pues bien, en este programa con dos obras tan magníficas y comprometidas como el Concierto para violín de Brahms y Vida de héroe de Strauss me parece que podemos afirmar sin temor a equivocarnos que Nelsons (Riga, 1978) es un auténtico fenómeno, dotado de extraordinaria una técnica de batuta y de una madurez musical portentosa.

Lejos de caer en las temibles tentaciones de hacer un Brahms camerístico u original (de instrumentos originales), en las que han caído otros jóvenes de talento (Daniel Harding, por ejemplo), se empeña en un Brahms situado totalmente dentro de la mejor tradición: un Brahms amplio (casi celebidachiano), profundo, de sonido denso (pero que no pierde su transparencia: la difícil cuadratura del círculo, al alcance de algunos grandes directores) y que, pese al tempo, no decae en su tensión. Las transiciones están resueltas a la perfección, los menores detalles están siempre atendidos, lo mismo que el diálogo con el solista. ¡Impresionante! La grabación, por un defecto, se corta bruscamente nada más empezar el tercer movimiento, pero, aun así, me basta para afirmar que pocas veces he escuchado este Concierto tan, tan bien dirigido. Y lo mismo digo del solista, uno de los concertinos de la Filarmónica de Berlín, Guy Braunstein.

He escuchado muchas veces a este joven, con este conjunto o con la Orquesta del West-Eastern Divan, y siempre me ha llamado, para bien, la atención: lo mismo en la Sinfonía concertante de Haydn que en la Historia del soldado de Stravinsky (en ambos casos con el conjunto palestino-israelí-andaluz). Pero no me imaginaba que una obra tan tremendamente difícil, que es una dura prueba para los mayores virtuosos, la recrease con tamaña solvencia: su sonido, que me recuerda nada menos que a David Oistrakh por su plenitud, es ideal aquí, y su temperamento –pasión y lirismo– son tan intensos como sinceros. No me puedo creer que una orquesta, por muy la Filarmónica de Berlín que sea, tenga en su nómina a un violinista tan sensacional (lo mismo dije, por cierto, cuando me pasaron una grabación –sin decir quiénes eran los intérpretes– del Concierto de Beethoven por Robert Chen, concertino de la Sinfónica de Chicago, con esta orquesta dirigida por Barenboim: una actuación en público del 19 de mayo de 2005).

Y también he escuchado hasta la fecha muy pocas versiones de Vida de héroe tan absolutamente admirables como esta de Nelsons, con una Berliner Philharmoniker totalmente entregada, en estado de gracia. Es lentísima (¡50 minutos!), pero apenas se nota, no se hace pesada ni es ampulosa en absoluto. Pero rebosa intensidad, fuego (controlado, maduro, sin desbocamiento) y elocuencia, sin atisbos de la grandilocuencia en la que tendía a caer el mismísimo Karajan (¡Dios me perdone!). ¡De nuevo sensacional! Y, de nuevo, un solista excepcional (otro, o el otro, concertino actual, un joven de rasgos faciales del extremo oriente).

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