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jueves, 6 de marzo de 2014

Bertrand Chamayou: un pianista muy a tener en cuenta

 
Excelente disco Schubert en Erato
Warner acaba de lanzar, dentro de su sello Erato, un CD con un variado programa pianístico monográfico de Franz Schubert. Tratándose del compositor “más difícil de interpretar” (Claudio Arrau dixit), es un atrevimiento por parte de un joven intérprete adentrarse nada menos que en el universo de este autor. Pues bien, la prueba la supera, en mi opinión, no ya holgadamente, sino mucho más que eso.
Nacido en Toulouse en 1981, comenzó a estudiar piano a los ocho años y a los quince ingresó en la clase de Jean-François Heisser. Ha asistido a clases magistrales de Murray Perahia, Leon Fleisher, Dimitri Bashkirov, Aldo Ciccolini y Maria Curcio. Galardonado en varios concursos, ha sido dirigido por Lawrence Foster, Michel Plasson, Jean-Claude Casadesus, Semyon Bychkov, Andris Nelsons, Leonard Slatkin, Sir Neville Marriner, Pierre Boulez y otros, y tocado obras de cámara con Augustin Dumay, los hermanos Capuçon o los Cuartetos Ysaÿe y Ebène.

No he escuchado ninguno de sus discos anteriores (los 12 Estudios de ejecución trascendental de Liszt, Sony 2006, un programa Mendelssohn, 2008, y otro Franck, 2010, para Naïve y los Años de peregrinación de Liszt, 2011, para ese mismo sello), pero este primero para Erato me descubre a un pianista dotado de una técnica sólida, un sonido admirable y un profundo sentido musical.

Tras un Auf dem Wasser zu singen (transcr. Liszt) en el que no hace olvidar a Kissin (¡lo contrario habría sido una hazaña mayúscula!), redondea una Fantasía Wanderer asombrosamente bien expuesta y construida, hasta el punto de que puede hablarle de tú a tú en ella a Arrau, Richter, Kissin, Leonskaja, A. Schiff o Lang. ¡Palabras mayores! En los dos lieder de Schubert/Liszt que siguen (Litanei, Der Müller und der Bach) se decanta –para entendernos– más hacia Schubert que hacia Liszt, profundizando en la honda expresividad de esas piezas, que suenan muy conmovedoras en sus manos. Incluso en las 12 Danzas alemanas (o Ländler) D 790 halla sentimiento, no sólo elegancia y gracia. Del Allegretto D 915 también destaca la hondura de su tan especial amargura: aparente contención, pero desgarro interior. Las 3 Klavierstücke (o Impromptus) D 946 las hace particularmente erizadas, agrias y sombrías: una interesante visión que se aleja del mayor clasicismo de Arrau, Brendel y otros pianistas. El programa contiene también el brevísimo Ländler D 366/12 y el Vals de Kupelwieser, transcrito por Richard Strauss en 1943. ¡Un gran disco Schubert, nada menos!

           




1 comentario:

  1. Maravilloso, Angel, este pianista y otro que me descubriste para un placer infinito: Daniil Trifonov. Te sigo en el blog, te leo y aprendo cada día. Para los que no sabemos música, pero la disfrutamos desde nuestro humilde lugar, todos los comentarios (tuyos y de muchos seguidores) son muy bienvenidos. Gracias, un abrazo!

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