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sábado, 24 de septiembre de 2016

Dos nuevos blu-rays protagonizados por Gergiev y Bychkov



 
Semyon Kotko: la quinta ópera de Prokofiev en repertorio

Las únicas óperas de Prokofiev -quien llegó a componer hasta trece, una incompleta y varias inéditas- que se han establecido, modestamente, fuera de Rusia en el repertorio son El jugador (estrenada en 1929), El amor de las tres naranjas (1921), El ángel de fuego (1955) y Guerra y paz (1959). Semyon Kotko (1940) parece estarse sumando últimamente a esa lista. Compuesta en Rusia, Prokofiev intentó complacer los triviales gustos artísticos del aparato soviético con su temperamento más libre y proclive a la modernidad, y logró equilibrar ambas tendencias antitéticas con profesionalidad y astucia. Pero sin el genio que desplegó en no pocas obras suyas de otros géneros. La ópera, con un también hábil libreto de Valentin Kataiev (quien hubo de lidiar con la cambiante coyuntura política del momento, que obligó a no pocos cambios) no pudo finalmente ser escenificada por el gran Vsévolod Meyerhold debido a la caída en desgracia de este ante las autoridades hasta llegar a su fusilamiento, cuatro meses antes del estreno. Para ser solo escuchada, Kotko es a los oídos occidentales una ópera francamente difícil. Sin duda verla escenificada ayuda mucho a su comprensión y disfrute -limitados, en todo caso-. Al parecer, solo Valery Gergiev ha grabado Semyon Kotko desde la inencontrable versión del estreno, en el Teatro Stanislavsky de Moscú, bajo la batuta de Mijail Zhukov. A la versión de Gergiev en audio (Philips 2000) se añade ahora esta en vídeo, tomada de nuevo en el Mariinsky, en mayo de 2014. Aparenta ser una versión con público, pero en muchos momentos está tomada sin duda en play back. La escena, responsabilidad de Yuri Alexandrov, es correcta -realista y tradicional- y cuenta con una realización más cinematográfica que teatral, con multitud de primeros planos tomados desde el escenario. Varios de los cantantes de 2000 (y de 2006 en el Teatro Real, estreno en España en versión de concierto) vuelven a aparecer en este blu-ray, que, por cierto, no siempre presenta una imagen de la debida nitidez, mientras que el sonido sí es muy satisfactorio. En este elenco de 25 cantantes suelen destacar las voces graves frente a las agudas, tanto entre los hombres (así el rol titular, a cargo del esforzado pero tosco tenor Viktor Lutsyuk) como en las mujeres. Sin otros puntos de referencia, la dirección parece un tanto rutinaria, tomando partido solo en los momentos en que la orquesta ha de tener mayor presencia. El libretillo, con textos en ruso, inglés, francés y alemán, no contiene un listado de tracks que ayude a saber quién canta en cada momento. Sin embargo, milagro, ¡ofrece subtítulos en español!


Schönbrunn 2016: Semyon Bychkov y las hermanas Labèque

Los vieneses y Sony parecen decididos a hacer del concierto veraniego de la suntuosa Filarmónica de Viena en los jardines del Palacio de Schönbrunn un segundo acontecimiento que se aproxime en divulgación al concierto de año nuevo. Cada vez le dan más importancia y mayor difusión. La discográfica Sony no solo lo publica en pocas semanas sino además en los tres principales soportes: CD, DVD y Blu-ray (y no sé si en LP...) El de 2016, celebrado con buen tiempo el 26 de mayo, fue un popular programa de música francesa cuya obra central es precisamente muy poco popular: el  original y precioso Concierto para dos pianos de Poulenc. Obra que contó con el dúo pianístico estable más prestigioso del mundo: las hermanas Katia y Marielle Labèque. Una interpretación rigurosamente ejemplar, vital y efervescente, seguida de una breve y jugosa propina tocada divinamente: el Final del Carnaval de los animales de Saint-Saëns. Antes se había escuchado una Farándula de La Arlesiana de Bizet rítmicamente un poco rígida y una espléndida Marcha húngara de La condenación de Fausto de Berlioz. La segunda parte constó de una correcta Segunda Suite de Dafnis y Cloe de Ravel (sin coro, por supuesto), quizá lo menos destacado de la velada. Lo cual puede sorprender dado que el Bolero del mismo autor que siguió estuvo realmente muy bien, con actuaciones sensacionales de casi todos los solistas de la orquesta: con tempo moderadamente lento, tal vez una suave pisada del acelerador a partir de un momento determinado no es realmente necesario. Es una lástima que la Obertura de Orfeo en los infiernos de Offenbach no se ofreciese completa, sino solo el tramo final, poco antes de la irrupción del descaradamente delicioso Can-can. Parece que, al igual que la Marcha Radetzky los días uno de enero, en Schönbrunn se está instalando como final obbligato el precioso vals de Johann Strauss hijo Sangre vienesa. Y parece que a Bychkov no se le da precisamente mal este mundo vienés tan especial: más que espontaneidad y naturalidad en el discurso, transmite en todo caso haber aprendido con gran aplicación el singular estilo. La realización visual, a cargo de Henning Kasten (que en el CD, claro, no aparece), es espectacular y apabullante. ¿El punto débil de estos conciertos? Algo no bien resuelto hasta ahora: el sonido de la carpa de metacrilato (o material similar) dista de ser el ideal, y la compresión dinámica está tristemente presente.

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