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domingo, 19 de noviembre de 2017

"I Puritani" en el Teatro Real con Damrau y Camarena (DVD/Blu-ray)



El sello Bel Air acaba de lanzar la hasta ahora mejor interpretación en estos soportes audiovisuales de la ópera postrera del malogrado (¡muerto antes de cumplir los 34 años!) Vincenzo Bellini. No es que hubiera hasta ahora muchas versiones a tener en consideración: una muy floja de DG 2007 en el Met con Netrebko y Eric Cutler (horrible este) dirigida musicalmente por Patrick Summers y con escena (es un decir) de Sharon Thomas. Y otra mucho más presentable, pero tampoco sobresaliente, de Decca 2009 en Bolonia con Nino Machaidze y Flórez, con dirección de Alfredo Mariotti y Pier' Alli. En la de 2007 nada merece la pena aparte de la soprano rusa (tampoco es uno de sus grandes logros), y la segunda goza al menos de una pareja protagonista espléndida y de una correcta batuta, pero carece de una escena consistente. 
 
Esta que ahora publica Bel Air es bastante superior. Los dos pilares básicos sobre los que se sostiene una ópera belcantista como esta son los dos protagonistas vocales: Elvira y Arturo. A diferencia de otros de este estilo, el papel de ella apenas tiene escritas notas sobreagudas (aunque hay sopranos que las incluyen, como Sutherland o Sills); en este caso, es una suerte, puesto que la maravillosa cantante que es Diana Damrau ya no está tan pletórica en ese registro como hace unos años. Incluso alguno de los agudos más altos que emite aquí no es ya impecable. Pero este leve reproche es irrelevante frente a sus virtudes, que son todas: belleza de timbre, hermosísima línea de canto y expresividad, además de su credibilidad como actriz (incluso cuando tiene que hacer cosas discutibles o no muy comprensibles por imperativo del  director de escena). Creo que, hace solo un lustro, Damrau pudo haber sido la Elvira absolutamente ideal, pues las demasiado ligeras no son las más convenientes, y por ejemplo Caballé poseía ya una voz en exceso dramática para cantarlo cuando, en 1980, lo grabó (junto a Kraus y Muti). 

De todos modos, el mayor asombro de esta versión lo provoca el Arturo de Javier Camarena, que se halla en posesión de un precioso timbre de tenor lírico-ligero, de una técnica extraordinaria (¡qué elegancia y nobleza la de su legato!) que le permite emitir unos sobreagudos perfectos, increíbles por la pujanza de su squillo, unas notas estratosféricas tan timbradas y bien proyectadas que llenan, que traspasan de punta a punta el teatro (doy fe: lo escuché en una de estas funciones del Real). Y todo ello con apariencia de pasmosa naturalidad. Por si fuera poco todo esto, su personaje es extremadamente comunicativo y sincero, algo en lo que ni Kraus ni Flórez le alcanzan. Lo tengo por todo ello como, sin duda alguna, el mejor intérprete de Arturo que he escuchado. 

El resto del reparto también es bueno: Nicolas Testé, un bajo-cantante más que correcto, es un buen Giorgio (inferior en todo caso a D'Arcangelo, con Mariotti); en cuanto a Ludovic Tézier (Riccardo) ya se sabe que es uno de los mejores barítonos actuales, en realidad uno de los muy pocos realmente buenos, y eso que el bel canto creo que no es su fuerte, pues las agilidades al final de "Ah! per sempre io ti perdei!" no son del todo limpias. Y francamente bien tanto la Enrichetta de la mezzo lírica Annalisa Stroppa como el Gualtiero del bajo Miklós Sebestyén. 

Evelino Pidò es un sobresaliente director de las óperas belcantistas, como puede apreciarse en algunas de sus representaciones y grabaciones -La Sonnambula, Anna Bolena..., pero de las que excluyo rotundamente la primera que le escuché: L'elisir d'amore de Decca 1997, con Gheorghiu y Alagna-, y aquí está realmente muy convincente, obteniendo un partido notable de orquesta y coro (¡no es el Muti de 1980, claro!...) Y de la escena de Emilio Sagi solo diré que, salvo algunas cosas que ni entiendo ni justifico, es bastante sensata y encaja bien con lo que ocurre y lo que suena, lo que no es poco hoy. La escenografía de Daniel Bianco y la iluminación de Eduardo Bravo me parecen muy acertadas. El producto final presenta una nitidez de imagen como no la he visto mejor en ninguna ópera, un sonido muy equilibrado y... ¡subtítulos en castellano!

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