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lunes, 7 de mayo de 2018

Y segundo concierto de Nelsons con la Gewandhaus para Ibermúsica


La obra del comienzo, Chiasma, de Thomas Larcher (Innsbruck, 1963), encargo de la Orquesta, duró por suerte solo unos ocho minutos. De lenguaje vanguardista, en una sola audición no puedo juzgarla debidamente, pero en ella encontré una orquestación no muy competente pues el enorme conjunto orquestal (que incluía 5 percusionistas, piano y mi detestado acordeón) no logró sonar, ni de lejos, con claridad (y no creo que fuese culpa de la batuta, sino de la escritura). Hubo, eso sí, un estruendo colosal y unas disonancias terribles que, a ese volumen, hacían verdadero daño al oído. O sea que, en mi opinión, hubiera sido mejor que no la hubiesen tocado (¡y anda que movilizar para la gira a una docena de músicos suplementarios solo para tocarla!...)

Mozart
Hoy día es muy raro, mucho, escuchar un Mozart como el de anoche. Primero, porque hay muy pocos directores mozartianos verdaderamente grandes, y segundo, porque algunos que son muy buenos se hallan acomplejados por las interpretaciones historicistas y no quieren ni abordar estas músicas para no ser tratados de anticuados. Y excuso decir que, de los historicistas, no conozco a ninguno verdaderamente grande para hacer justicia a las obras más importantes de Mozart. Y la Sinfonía No. 40 lo es, ¡vaya si lo es! Nelsons la hizo, muy acertadamente para mi gusto, de manera muy dramática, con grandes tensiones y fuertes enfrentamientos dialécticos. El "Allegro molto" inicial hizo honor a esa indicación, lo que ocurre más bien pocas veces. Y así logró un anhelo, un desasosiego del que es raro y difícil dotarlo. Con una orquesta más bien amplia, para mí de tamaño ideal en esta sinfonía, que sonó maravillosamente -la cuerda es realmente extraordinaria-, pudo acentuar adecuadamente los imprescindibles contrastes dinámicos. El "Andante", en el que para mi gusto sobró alguna repetición, no aportó una pizca de consuelo, sonando bastante seco (¿quizá demasiado?). Enérgico y más bien rápido el minueto, y sensacional el finale, con una sección de desarrollo magistral en su realización -¡qué transparencia!- y con una carga dramática muy fuerte (últimamente solo a Barenboim le he escuchado, varias veces con la Filarmónica de Viena y una con la Orquesta del Diván, una Sinfonía 40 tan tensa, rebelde y casi arisca). A mí lo que hizo Nelsons me pareció valiente, arriesgado y muy convincente, aunque a algunos les resulte discutible. Pero yo creo que queda así muy bien, pues esta obra es una de las más tremendamente trágicas de su autor.

Tchaikovsky
La Sinfonía "Patética" de Tchaikovsky también la encontré muy adecuadamente enfocada, con personalidad y arrojo, y de un modo que es perfectamente defendible. Fue muy dura y angustiosa, refiriéndome al primer movimiento y, sobre todo, al cuarto, uno de los más geniales que he escuchado en mi vida. Tremendos (y hasta con algo de tremendistas), angustiosos, muy rebeldes y de una fuerza emocional intensísima. Los dos movimientos centrales fueron, me parece, de evasión de la tragedia personal del autor: el 2º no fue tan melancólico o doliente -salvo en su sección central- como puede hacerse, y el 3º fue como una fiesta desenfrenada para olvidarse de sus pesares: muy bien, muy rápido y casi enloquecido, pero a mí me gusta más lo que hace, genialmente, Klemperer: obsesivo hasta el límite, terrorífico. Ahora bien, lo suyo es un experimento que no todo director se puede permitir, aunque estuviese de acuerdo con perseguir ese significado. Esta "Patética" hubiera podido ser ¡casi! tan prodigiosa como la Cuarta de Brahms del día anterior de no ser porque la orquesta dejó ver algunas deficiencias: la cuerda estuvo siempre sensacional, y la mayor parte de las maderas (de nuevo otro oboe, no el día anterior, me pareció blandengue), pero el metal se mostró en bastantes ocasiones poco fino, incapaz de lograr matices, y la percusión estuvo en algunos momentos muy pasada de rosca (de nuevo sobre todo el timbalero, distinto al del primer día). Así que quienes dicen que la Gewandhaus ha mejorado en la época de Chailly me temo que se equivocan; y ello aparte del retroceso artístico logrado por el italiano). Creo que Nelsons tiene un importante reto por delante con esta orquesta, a la que debe pulir no poco, y tal vez hacer unas cuantas sustituciones. Lo que sigue llamándome la atención es que en Brahms no hubo el menor reproche que hacerle a la orquesta, sino todo lo contrario. 

5 comentarios:

  1. Pues sí, ahora que Jeffrey Tate murió y James Levine va a ir a la cárcel (un buen director, digan lo que digan los neófitos: su "Flauta mágica" con Eric Tappy y la Cotrubas es de las mejores de las últimas décadas), quedan pocas alternativas al Mozart de tripa (¿Ádám Fischer?). Saludos.

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    1. También murieron recientemente Colin Davis y Marriner, excelente el primero y muy bueno a menudo el segundo.

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  2. Senor Carrascosa,
    Sigo mucho su blog que me parece interesante. Queria preguntarle por que le disgusta tanto la tecnica de instrumentos originales.
    Comparto su gusto por las versiones de barenboim y otros directores contrarios a las tesis historicistas pero me parece que los historicistas tambien tienen grandes logros. Creo que en el fondo este es un debate esteril en todo caso ya que se han creado muchas versiones hibridas como las de chailly o rattle que usted ha mencionado en este blog.
    En fin, por que cree usted que abbado, chailly, rattle y tantos otros directores con inicios en sus carreras bastante “clasicos” han comenzado a interesarse por las practicas de instrumentos originales? Creo que en muchos casos alcanzan mayores grados de transparencia, mas incisividad, y eso es lo que buscan esos directores.
    Yo en todo caso creo que el debate es superficial. En el fondo lo importante no es el sonido sino lo que hay mas alla de las notas y eso solo lo que consiguen los musicos con inspiraciony talento. Hay versiones con instrumentos originales que realmente llegan al corazon de las obras igual que hay otras con instrumentos modernos que se quedan en la superficie.
    Me gustaria conocer su opinion sobre este punto.
    Muchas gracias y por favor siga escribiendo y haciendo sus clasificaciones discograficas.
    Un saludo

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    1. ¡Uf! ¡No pide usted nada! Mire, intentaré ser breve: en primer lugar NO ME INTERESA, más que por pura curiosidad, cómo pudo sonar la música en la época en que fue compuesta (aparte de que sea rigurosamente imposible saberlo). Si pudiéramos escuchar hoy cómo sonó la "Heroica" en su estreno, se nos pondrían seguramente los pelos de punta. Los instrumentos han ido mejorando mucho, ya se ve incluso en los más de cien años desde que existen grabaciones, y no veo por qué hay que seguir conviviendo con las imperfecciones. Esto creo que no valdría para "Orfeo" de Monteverdi, que requiere un instrumental muy de su tiempo, que poco tiene que ver con que se emplea hoy para tocar a Bartók o a Lutoslawski. Aparte de la jurisprudencia que se va creando con el tiempo, por supuesto.
      Otra cosa: yo trabajé muchos años en la industria discográfica, y puedo decirle que lo bien que se acogió el historicismo por parte de la industria fue sobre todo por una cuestión económica: ahorrar en las grabaciones. Y hubo quien pagó generosamente a críticos para que dijeran que grabaciones como la de la antigua "Música acuática" de Harnoncourt eran "la verdad". Se leyeran multitud de críticas de una arrogancia brutal; incluso en muchos discos se anoto "con instrumentos AUTÉNTICOS": los demás, los de I Musici o la English Chamber no lo eran.
      Sinceramente, son para mí muy pocas las ocasiones en que los directores historicistas han logrado maravillas en obras verdaderamente grandes de Bach o de Mozart. Y por supuesto que hay intérpretes no historicistas muy malos, faltaría más. Estoy de acuerdo en que el sonido de los instrumentos antiguos no es lo principal, sino la interpretación. Tengo bastantes discos con interpretaciones historicistas de obras de Haendel o de Haydn que me gustan mucho, aunque no es la norma. Y los violines desprovistos totalmente de vibrato me molestan físicamente, me cuesta mucho soportarlos. Por qué Abbado, Chailly o Rattle "se pasaron" al historicismo no lo sé: tal vez para experimentar o para dárselas de "modernos". Hasta Leppard grabó en alguna ocasión aislada con un fortepiano cuyo sonido me resulta detestable.
      Me pregunto lo siguiente: ¿por qué hoy no se representa Romeo y Julieta con dos jóvenes masculinos,como se hacía en su tiempo? ¿Por qué no se hacen todas las representaciones teatrales y operísticas de obras hasta el XVIII con velas y bujías? ¿Es admisible la luz eléctrica para ellas, o es una traición? ¿Conoce usted a mucha gente que diga que tocar El clave bien temperado al piano moderno es una afrenta a Bach?

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  3. Esta vez la crónica de Luis Gago en El País Digital sobre Nelsons coincide casi punto por punto con la de Carrascosa. ¿Ha vuelto Gago a la sensatez? ¡Ojalá!
    MELÓMANO EMPEDERNIDO.

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