martes, 18 de agosto de 2020

Barenboim y el Diván en el centenario del Festival de Salzburgo


Wagner

El 16 de agosto la cadena de televisión Arte ha transmitido en directo un concierto con un precioso programa, no precisamente fácil o popular, en el que hemos podido escuchar por primera vez un Cuarteto de Beethoven dirigido por Barenboim, quien tantísimo -más que ningún otro músico- se ha dedicado al genio de Bonn. Con el aforo del Grosses Festspielhaus no al completo, y también sin descanso (a causa del covid-19, claro) el incansable Barenboim (quien tres días después tocará allí las Sonatas “Patética” y “Waldstein” más las Variaciones Diabelli) ha dirigido a una reducida plantilla de la West-Eastern Divan Orchestra en primer lugar el Idilio de Sigfrido de Wagner. En sus comienzos, allá por 1967, grabó un hermosísimo Idilio con la English Chamber (EMI). 32 años después volvió a él con la Sinfónica de Chicago (Teldec): una versión algo decepcionante, con una orquesta demasiado corpulenta. Este año 2020 le hemos podido ver y escuchar dos versiones más: primero con una plantilla reducida al mínimo, con la Staatskapelle Berlin, en el 75º aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial, en la capital alemana el 8 de mayo (versión en la que para mí sobraron varios portamentos de la concertino), y ahora esta de anteayer que me parece claramente la más bella que le he escuchado: una versión muy intimista, de conmovedora ternura, con 44 músicos, entre ellos unas maderas excelsas. 

Schoenberg

La Sinfonía de cámara No. 1 de Schoenberg que siguió resultó menos ardua que de ordinario, tal fue la clarificación instrumental lograda y, sobre todo, la intensidad expresionista aplicada (un poco en la línea de Sinopoli, antes que en la de Boulez). El solista de la pieza que vino a continuación, Emmanuel Pahud, había intervenido tanto en el Idilio como, alternando flauta y piccolo, en la del iniciador de la Segunda Escuela de Viena.

Boulez

Esa pieza fue la breve Mémoriale (…explosante fixe… Originel: 1985) de Pierre Boulez, para flauta solista, seis instrumentos de cuerda (3 violines, 2 violas y cello) y dos trompas: composición que no domino pero que, evidentemente, estuvo muy bien tocada (me ha gustado algo más que la grabación del autor, con la flautista Sophie Cherrier y miembros del Ensemble Intercontemporain).

... y Beethoven

Pero el punto culminante del concierto ha sido la Gran Fuga, op. 133 de Beethoven, adaptada en 2020 para 34 instrumentos de arco por el propio Barenboim. Muy diferente de la monolítica, adusta, tremebunda e impresionante versión grabada por Otto Klemperer, aquí ha habido mayor riqueza de puntos de vista y de inflexiones y pliegues, mayor flexibilidad y perspectivas quizá inesperadas. La fenomenal transparencia lograda en la alucinante ejecución hace que la intrincada página se siga mejor que en las versiones para cuarteto, comparablemente más abstrusas (ya oigo a más de uno rasgarse las vestiduras). Si alguien sigue sosteniendo que la Orquesta del Diván no es nada del otro jueves no tiene más que escucharles aquí. Están, totalmente, instalados en el Olimpo musical. Además de hallarse entre los instrumentistas Michael Barenboim y Kian Soltani, están, ¡sorpresa!, en los segundos violines el director venezolano Domingo Hindoyan (el esposo de Sonya Yoncheva) y el gran pianista y director Lahav Shani tocando ¡el contrabajo! Ninguna de las grandes versiones en cuarteto que conozco me ha convencido tanto como esta (más rasgaduras…). Nada más terminar, antes de los aplausos, se oye al director dedicar un “¡bravo!” a los músicos. Barenboim dirigió con partitura Schoenberg y Boulez, pero Wagner y Beethoven de memoria. La toma de sonido está a cargo de producor e ingenieros del Estudio Teldex de Berlín, así que quién sabe si esto será publicado comercialmente en soporte físico. Ojalá. (Como decía al principio, a Barenboim no se le había escuchado ningún Cuarteto dirigiendo… pero sí, curiosamente, tocando la transcripción de la Gran Fuga hecha por el propio Beethoven -op. 134- para piano a cuatro manos, junto a Alfred Brendel. Arkadia, 1970. Versión que, por cierto, no me entusiasma…)

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