viernes, 7 de agosto de 2020

Más, muchos más Barbirolli reprocesados



El 26 de julio comentaba varios discos de Sir John Barbirolli reprocesados ahora tras la publicación de la caja de 109 CDs publicada por Warner. Ahora, y gracias a la gentileza de un lector de este blog (al que desde aquí le doy mis más efusivas gracias), he podido volver a escuchar muchas más de las maravillas legadas por este extraordinario director, uno de los más grandes de su tiempo -opinión en la que me reafirmo rotundamente- pese a no estar quizá entre los más conocidos.

Somera biografía de Sir John
 
Nació en Londres el 2 de diciembre de 1899 y estudió en su ciudad natal, centrándose en el violonchelo. A los 16 años entró a formar parte de la Orquesta del Queen’s Hall y al año siguiente dio su primer recital. Fue el cellista del Cuarteto Kutcher y fundó su propia orquesta de cuerda. En 1925 obtuvo su primer puesto como director en Chelsea, dando un año más tarde el salto a la British National Opera Company, de cuya “Covent Garden Touring Company” fue primer director entre 1929 y 1933. A continuación y hasta 1936 tuvo a su cargo la Scottish Orchestra de Glasgow, a la vez que la Sinfónica de Leeds. En 1936 dirigió en los Estados Unidos, con tal éxito que un año después sustituía a Toscanini en la Filarmónica de Nueva York. En 1943 retornó a Gran Bretaña, ocupándose de la Orquesta Hallé de Manchester. Esta agrupación, que había sido liderada por su fundador Sir Charles Hallé (entre 1858-1895) y más tarde por una lista de nombres eminentes -Hans Richter, Sir Thomas Beecham, Sir Hamilton Harty o Sir Malcolm Sargent- alcanzó su culminación en el largo mandato de Barbirolli, que se prolongó durante 27 años, hasta su muerte. Gracias a esta labor, la ciudad de Manchester lo considera un verdadero héroe cultural. Entre 1961 y 1967 fue también director de la Sinfónica de Houston. Durante un ensayo con la New Philharmonia Orchestra, el 29 de julio de 1970, murió súbitamente. Entre las obras que estrenó se encuentran la Segunda Suite de Façade de Walton, la Sinfonia da Requiem de Britten, las Sinfonías Séptima y Octava de Vaughan Williams o la Obertura Filarmónica de Milhaud.

Elgar, Sibelius, Brahms... y óperas
Creo que todos los reprocesados o remasterizaciones que acabo de escuchar han mejorado el sonido de anteriores ediciones, en algunos casos con resultados de veras sorprendentes. Es curioso constatar que algunas grabaciones que creíamos fallidas para su tiempo ahora descubrimos que no eran tales, sino que habían sido maltratadas y mal tratadas en los diferentes procesos de producción de los LPs o los CDs. Ahora son mucho más disfrutables. Lo único que da rabia es que que en muchos casos hay que volverlos a comprar. Y de algunas grabaciones (no me refiero ahora a las de Barbirolli) se han hecho dos, tres y hasta más remasterizaciones. Casi siempre -pero no siempre- para mejor, opino, aunque esto puede ir en gustos…

Entre los discos de Barbirolli vueltos a escuchar están varios Elgar más: el Concierto para cello con Jacqueline Du Pré y la London Symphony: con toda la razón, uno de los discos más celebrados de la historia. Las dos Sinfonías (la con la Philharmonia, la con la Hallé), Introducción y allegro, la Serenata, Cockaigne, las restantes Marchas de Pompa y circunstancia y dos breves piezas hechas de modo excelso: Sospiri y Elegy. Y, dentro del capítulo vocal, El sueño de Geroncio con Richard Lewis, Janet Baker y Kim Borg (como curiosidad: Barbirolli tocó el cello en este oratorio bajo la dirección del autor) y las Sea Pictures con Baker, versión que me cuesta creer pueda ser superada.

Sibelius: para mí, globalmente, Barbirolli y Bernstein han sido sus mayores intérpretes. Han limpiado las 7 Sinfonías y multitud de obras y piezas. Destacaría Pelleas y Melisande, La hija de Pohjola o El cisne de Tuonela, pero también señalaré que Finlandia (una de las páginas que, perdón, menos me gusta de su autor) no está muy lograda. Lástima, por cierto, que no llegase a grabar Tapiola ni el Concierto para violín. En todos estos Sibelius llama una vez más la atención el nivel conseguido por la orquesta de Manchester.

Brahms: los dos Conciertos para piano, con Barenboim y la New Philharmonia, desafían al tiempo y son rotundamente de 10. Hay unas pocas versiones de la misma altura, pero creo que ninguna claramente superior. El ciclo de las 4 Sinfonías, con ¡qué maravilla! la Filarmónica de Viena, es uno de los más grandes, pese a ser versiones algo atípicas: ni la Primera ni la Cuarta son especialmente turbulentas, sino serenas y que podrían hacer pensar en Celibidache. De la Segunda hace, contra lo quizá esperado, una versión más dramática y no tan pastoral como otros directores. Menos singular es quizá su hermosa Tercera. Soberbias Variaciones Haydn y algo decepcionante la Obertura Trágica, mientras que la Académica sigue siendo, a distancia, la mejor de la historia del disco.

En el ámbito vocal, sus ciclos de lieder de Mahler -Fahrenden, Rückert, Kindertoten- con Janet Baker son antológicos. Estos últimos son mis predilectos de toda la discografía, e igualmente extraordinarios son Las noches de estío de Berlioz y Shéhérezade de Ravel, siempre con la eximia mezzosoprano de Hatfield.

Dos Richard Strauss en mi opinión algo dispares: una Vida de héroe (LSO) con la que, creo, no se entiende muy bien, y una Metamorfosis (New Philharmonia) absolutamente excepcional. Memorable también el Concierto para cello en Re mayor (No. 2) de Haydn con Du Pré, y excelente el para mí hasta ahora ignoto y paladeadísimo Preludio I de Los maestros cantores: ópera que tenía previsto grabar, pero la Parca lo impidió. Un curioso disco con la Serenata para cuerda (sensacional) y Francesca da Rimini (espléndida) de Tchaikovsky, completada con las Variaciones sobre un tema de Tchaikovsky de Arensky. Dos Sinfonías de Vaughan Williams en versiones del más alto nivel: la Segunda (“A London Symphony”) y la Quinta, completadas por una bellísima Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis y por Greensleeves. También han ganado considerablemente en sonido El Mar y los tres Nocturnos de Debussy, en personales y muy sugerentes interpretaciones con la Orquesta de París.

Quedan aún dos óperas italianas: Verdi y Puccini, con los que se entiende a la perfección (tenga o no que ver su ascendencia italiana). Este Otello es para mí el mejor dirigido que conozco, pese a Karajan o a Solti, y la New Philharmonia me gusta más que la Filarmónica de Viena o la de Berlín con el primero de esos maestros: demasiado brillante la versión de Decca (Del Monaco, Tebaldi) y demasiado ampulosa la de EMI (Vickers, Freni). En cuanto a Madama Butterfly, sin llegar a esa altura prodigiosa (aquí Karajan, Sinopoli o Pappano comparten con él la cima), es una gloria. Durante las sesiones de grabación en la Ópera de Roma, un cargo de la institución se dirigió corriendo al intendente para decirle: “¡Venga a escuchar cómo puede llegar a sonar nuestra orquesta!”. Este le ofreció a Barbirolli volver a dirigir lo que quisiera y sin limitación de ensayos… pero no pudo ser. En estas óperas, señalar que los cantantes se superaron a sí mismos, debido seguramente a las firmes indicaciones de la batuta. Así, James McCracken (formidable intérprete, pese a su extraña técnica de emisión), Gwyneth Jones y un alucinante Fischer-Dieskau en Otello, y Renata Scotto y Carlo Bergonzi en Butterfly.

6 comentarios:

  1. Estimado Ángel:

    Es un gusto leer cada uno de sus comentarios y entradas sobre Barbirolli, uno de mis cinco o seis directores favoritos. Lástima que el costo de la caja con 109 CDs sea tan costosa, sobre todo en tiempos de pandemia.

    Una anécdota: dentro de los proyectos inconclusos de Barbirolli se encontraba grabar la Séptima de Mahler con la Filarmónica de Berlín. Las sesiones, agendadas para 1971, quedaron en nada tras la muerte (digamos, prematura) de Sir John. Creo que es una lástima, porque en una de sus últimas entrevista señaló (parafraseando al maestro) que "al fin tenía claro cómo enfrentar esta sinfonía", tras un proceso de estudio similar al que efectuó con anterioridad a su insuperable lectura de la "Trágica" del mismo autor.

    En resumen: ¡puta Parca!

    Saludos,

    Cristian.

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    1. Lástima, sí, lo mismo que Los Maestros cantores que quedaron en nada...

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  2. Janet Baker es tremenda cantante, gran voz, esos videos a blanco y negro que hay de ella en Youtube son una delicia para los oídos. Qué conocimientos musicales tienes, un lujo pasar por tu blog. Saludos desde El Blog de Boris Estebitan.

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  3. Hay una grabación en vivo de la 7 de Mahler. Se puede obtener en la red, Orquesta Hallé, 1960.

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    1. Sí, del mismo concierto de cuando dirigió la Quinta de Nielsen. Pero el proyecto con la Filarmónica de Berlín estaba agendado para el 71: quizás nos perdimos una Séptima equiparable a la de Klemperer.

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    2. Por eso he puesto la fecha de 1960

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