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martes, 14 de junio de 2016

Juan Diego Flórez amplía repertorio: "Lucia" y "Werther"


 
"Lucia di Lammermoor" en el Liceu

En función retransmitida por Radio Clásica desde Barcelona el 17 de diciembre de 2015 hemos podido escuchar la famosa ópera de Donizetti cuyo papel de Edgardo siempre hemos asociado a un tenor lírico puro o a un lírico-spinto. Por supuesto, algunos tenores extremadamente líricos, casi ligeros, también lo han cantado, sobre todo en el pasado: Tito Schipa, Ferrucio Tagliavini o Alfredo Kraus. Pues bien, de la experiencia que tenemos creo que puede concluirse que los más líricos han procurado, y conseguido en los mejores casos, cantar muy bien (belcantísticamente) las bellas melodías que el irregular Donizetti sí ideó para esta ópera. En cambio, los tenores más anchos que la han cantado (Di Stefano, Carreras, Domingo) han insistido más en la intensa expresividad de la música. Bueno, el primero de ellos se acerca peligrosamente en algunos momentos al verismo, lo que constituye un claro error estilístico. Bergonzi podría considerarse una especie de término medio entre ambos grupos, con lo mejor de cada uno. Pues bien, Juan Diego Flórez, pese a que su voz ha evolucionado muy poco desde sus comienzos -apenas se ha agrandado u oscurecido desde sus primeros Rossini- ha conseguido también, como Bergonzi (vocalmente, en cambio, perteneciente al segundo grupo), la cuadratura del círculo: el peruano consigue, con una voz más bien pequeña y bastante blanca, no solo cantar divinamente, sino resultar intenso, expresivo, conmovedor. Es algo así como un Kraus más comunicativo. Quizá en teatro la voz de Flórez resulte algo pequeña para Edgardo, pero en grabación o transmisión esta desventaja casi desaparece por completo. Y su estilo belcantista no deja de ser impecable, casi tan perfecto como cuando canta Rossini. 

En la referida función liceística la protagonista fue la soprano rumana Elena Mosuc, una lírico-ligera (quizá más lo primero que lo segundo), que es una gran artista -tan extraordinaria en Gilda como en la famosa Zerbinetta de sus inicios- pero que acusa ya, a sus 51 años, un cierto deterioro vocal, en particular un cierto trémolo y subida no siempre impecable a algunos sobreagudos, sin embargo casi siempre bien afinados. Pero prevalece su gran clase. En el reparto barcelonés destacó el bajo Simón Orfila (Raimondo), voz hermosa y noble, pero acosada también por un prematuro trémolo. El barítono Marco Caria (Enrico) posee una pasta vocal notable, pero su técnica es muy deficiente, siendo su afinación muy deficiente, hasta lograr cargarse el famoso Sexteto. Correctamente servidos los papeles más breves. El coro no tuvo uno de sus mejores días, y orquesta y dirección -Marco Armiliato-, en general solo discretos; me ha gustado, sin embargo, la garra que la batuta consigue en el preludio y el dúo que abren el acto III. (A propósito: es una pena que las óperas del bel canto se suelan encomendar a batutas de segundo orden. Hay, lamentablemente, pocas excepciones).

"Werther" en París con Joyce DiDonato

Aunque el tenor que estrenó Werther de Massenet, el belga Ernst van Dyck (1861-1923), no era precisamente un lírico, pues su repertorio incluía Lohengrin, Parsifal, el Cid, y hasta Tannhäuser y Tristán, muchos asocian el rol de Werther a un lírico-lírico, debido sobre todo a que identifican a Alfredo Kraus, gran intérprete suyo, con él. Pero basta con repasar la discografía para comprobar que la mayor parte de quienes lo han encarnado son tenores lírico-spinto o incluso casi dramáticos: Georges Thill, Gedda, Domingo, Carreras, Aragall, Alagna, Villazón, hasta llegar a Kaufmann.
En la representación del Teatro de los Campos Elíseos de París habida el 9 de abril de 2016, que suena a ratos con tan tremenda compresión dinámica que impide juzgar todo debidamente, Juan Diego Flórez lo interpretó con su habitual buen gusto y musicalidad, además de poner mucha carne en el asador. Aun así, creo que este papel le conviene algo menos que el de Edgardo y que no rinde en él a tamaña altura. Hoy, tras desacostumbrarme de algún modo a Kraus y conocer mejor lo que hacen sus colegas de voz más ancha, sobre todo a Kaufmann, me parece que lo que este personaje de Goethe y Massenet tiene que transmitir, se logra mejor con una voz más robusta y oscura que la de Kraus o Flórez. Que, por favor, nadie me crucifique si afirmo que, hoy por hoy, mi Werther predilecto es el del citado tenor alemán (hablo de su DVD/Blu-ray Decca junto a Sophie Koch y dirigiendo Michel Plasson, con escena de Benoît Jacquot). 

Lo que más me ha satisfecho de la versión del Teatro de los Campos Elíseos ha sido -y quizá no me esperaba tanto- la Charlotte de Joyce DiDonato, cuya visión de su personaje es de una intensidad dramática y de un apasionamiento y arrebato tal vez no superados. Otras colegas suyas tan extraordinarias como Victoria de los Ángeles (¡uno de sus mejores papeles!), Obraztsova, Troyanos, Von Stade, Kasarova o Koch, ven el personaje de modos diferentes, pero será difícil que alguna de ellas convenza aún más que DiDonato, y eso que su voz adquiere en el agudo un cierto vibrato que no me termina de gustar (un defecto mínimo, en todo caso). En esta versión todos los papeles secundarios me han parecido bien servidos, con especial mención al Albert del barítono  John Chest y, sobre todo, la sensacional Sophie de la soprano lírico-ligera Valentina Nafortina. Muy bien la Maîtrise de Radio France y la Orquesta Nacional del mismo país, con correcta, no muy personal, batuta de Jacques Lacombe (más aún que la de Prêtre con Gedda y Los Angeles, mi dirección musical favorita es la de Plasson con Kaufmann y Koch). 

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