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jueves, 23 de junio de 2016

Zukerman, excepcional disco Decca tocando y dirigiendo música inglesa



Vaughan Williams

Pinchas Zukerman fue uno de los dos o tres mejores violinistas del mundo desde mediados de los años 60 hasta principios de los 80. También grabó en aquellos años como director, logrando interpretaciones soberbias de música del XVIII: Bach, Haydn o Mozart, incluso Vivaldi. Pero como solista me temo que más tarde atravesó una larga crisis, técnica y artística: no hay más que comparar sus grabaciones de conciertos y de obras de cámara realizadas en su primera etapa con las siguientes (casi todas para RCA): las primeras eran, casi invariablemente, superiores. Ya en el siglo XX, en algunas ocasiones en que le escuché encontré en él incluso problemas de afinación, pese a que se sobreponía el estupendo músico. 

Por todo ello, cuando vi en una tienda el disco que Decca ha publicado recientemente, en que toca y sobre todo dirige obras de Elgar y Vaughan Williams con la Royal Philharmonic Orchestra, dudé, pero no me decidí a comprarlo. Pero hete aquí que un amigo me lo ha pasado, en alta resolución, y me quedado ¡pasmado! Es para mí, sin la menor duda, uno de los mejores discos de los últimos meses, incluso años. De entrada, es una grabación técnicamente sensacional, sin duda una de las más perfectas de orquesta de cuerda que haya escuchado hasta la fecha. 

Pero las interpretaciones son igualmente literalmente sensacionales: causan sensación. Siguiendo el orden en que vienen grabadas, comienza con dos páginas extraordinariamente bellas de Vaughan Williams, mis favoritas de todo lo que conozco de este autor: la romanza para violín y orquesta La alondra elevándose y la Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis. De la primera mi versión de cabecera era, y sigue siendo, la que Zukerman grabase en 1973 para DG con la English Chamber y Barenboim; pues bien, esta de ahora apenas le va a la zaga a aquella joya, y por supuesto suena bastante mejor. Son bastante similares en el carácter, y el lirismo y la poesía que las envuelve persisten en el más alto grado. El violín vuelve a ser etéreo y a la vez corpóreo, con un fraseo bellísimo y una gran riqueza de matices en la dinámica y el color. De la Fantasía sobre Tallis no faltan precisamente las interpretaciones admirables (Barbirolli, Boult, Haitink, Previn...), pero juraría que no recuerdo ninguna tan hermosa y tan conmovedora como esta. Y ninguna orquesta la ha tocado mejor, con esos contrastes dinámicos entre plenitudes dinámicas y pianos de sonoridades mágicas. Creo que es la cima de este extraordinario disco, junto con la obra que lo cierra. 

Edward Elgar  

El resto es Elgar: una de las versiones referenciales, sin duda -aunque no me atrevería a señalar mi favorita- de la Serenata para cuerda, una convenientemente decadente y elegante Salut d'amour con violín solista (puede que aún superior a la suya para Philips, 1985, no con orquesta sino con piano: Marc Neikrug). Las dos Canciones de la noche y la mañana, op. 15 son también de libro, y sigue la primera grabación mundial de una pieza preciosa, En el claro de luna (In Moonlight), para viola y orquesta, en la que el propio Zukerman empuña el instrumento solista con precioso sonido y su magistral fraseo. Se trata de una transcripción realizada por Julian Milone de la tercera parte, titulada Canto popolare, de la partitura orquestal In the South, op. 50. El disco termina con una interpretación antológica -creo no exagerar si digo que la más impresionante que haya escuchado- de la Introducción y allegro, op. 47, para cuarteto de cuerda y orquesta también de cuerda. La tremenda, intensísima versión de Zukerman puede ser para muchos melómanos un auténtico descubrimiento.
La Royal Philharmonic está en todo el programa absolutamente sensacional. Queremos más grabaciones de Zukerman dirigiendo: es un músico excepcional con un oficio de batuta ya consumado.

1 comentario:

  1. Me dice mi amigo Miguel Ángel de las Heras que en el comentario del libretillo del CD (que yo no tengo, sino la descarga en alta resolución) cuenta Zukerman que un domingo por la noche de 1973 le telefoneó Barenboim para decirle que al día siguiente tenía reservada sesión en un estudio de grabación londinense y que si conocía "La alondra elevándose". No, no la conocía, pero la preparó en pocas horas ¡para grabarla al día siguiente! ¿Quién lo diría escuchando la interpretación? ¡Qué capacidad la de Zukerman para llegar al fondo de esa música en tan poco tiempo!

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