viernes, 28 de febrero de 2020

Los altibajos del último Mozart


Un asunto del que "no está bien visto" hablar


No se suele decir; tal vez sea políticamente incorrecto, pero creo que está bastante claro: en sus tres o cuatro últimos -más o menos- años de vida, Mozart flaqueó en no pocas composiciones, al tiempo que escribía algunas de las obras más geniales que nos ha legado. Estas últimas son, por ejemplo, el Adagio y fuga K 546, los Tríos con piano K 542, 548 y 564, las Sinfonías 39, 40 y 41 (K 543, 550, 551), el Divertimento para trío de cuerda K 563 (1788), el Quinteto de clarinete (K 581), de 1989, Così fan tutte, K 588 (1790), el Concierto para piano 27 (K 595), Ave verum corpus, K 618, La flauta mágica, K 620, el Concierto para clarinete, K 622 y el Requiem, K 626 (1791).   

Pero algo le ocurrió por ese tiempo (¿problemas físicos de salud, inestabilidad psíquica?); sean las que fueren las causas, lo cierto es que si examinamos la lista de las obras de esos últimos años nos encontramos con claros, inocultables retrocesos en su potencia creativa. Echemos un vistazo: el Concierto para piano 26 “de la Coronación” (1788) es el menos bueno de los ocho últimos. En cuanto a las Sonatas para piano, podemos comprobar que la K 545 “Facile” y la K 570 (1788 y 1789) no son equiparables a varias de las anteriores (K 310, de 1778, 330 y 332 de 1783, 333 y 475/457, de 1784).

En la lista de los Cuartetos de cuerda, este extraño fenómeno está no menos claro: los tres “Prusianos” (K 575, de 1789, K 589 y 590, de 1790) constituyen un claro retroceso frente a los seis “dedicados a Haydn” (K 387, 421, 428, 458, 464 y 465, de 1782 a 1785). Los dos últimos Quintetos de cuerda (K 593, de 1790, y 614, de 1791) no alcanzan la maravilla de los dos precedentes (K 515 y 516, de 1787). Tampoco las dos últimas Sonatas para violín y piano (K 526 y 547, de 1787 y 1788) son las más destacadas de la serie.


Por último, dígase lo que se diga, La clemenza di Tito (K 621, de 1791) queda enormemente por debajo de la coetánea Die Zauberflöte y de varias de las óperas anteriores: Le nozze di Figaro (1786), Don Giovanni (1787), e incluso de Idomeneo (1781) y El rapto en el serrallo (1782). Pero, insisto, absurdamente estos extraños (relativos) pinchazos rara vez son admitidos. Puede que la razón sea que Wolfgang Amadeus Mozart, como Johann Sebastian Bach, son, para muchos, para muchísimos, intocables. Pero no veo por qué: no es ninguna vergüenza comprobar y admitir que los más grandes artistas no siempre dan lo mejor de sí. Y habría que reconocerlo no solo en algunos casos, sino en todos.     

18 comentarios:

  1. Yo creo que no es bueno generalizar de esta manera y conviene más estudiar las circustancias concretas de cada obra. La clemenza de Tito fue un engargo muy concreto de la ópera de Praga con un estilo antigo que a Mozart no le interesaba lo más mínimo... ¡pero si cantó el estreno un castrado!. Lo que le interesaba a Mozart era el buen dinero que le iban a pagar y que bien necesitaba.

    Por tanto es normal que para una obra que no le interesaba y en la que no pudo participar en el proceso creativo como hizo con da Ponte no inviertiera sus mejores energías. Además su composición fue apresurada (con esa leyenda de que algunos recitativos los escribió en el carruaje de camino a Praga), nada que ver con los años de gestación en la cabeza de Mozart de cosas como las bodas de Fígaro.

    Estoy seguro de que si conocieramos las circustancias completas de la composición de la sonata facile encontraríamos una razón a esa divergencia en estilo y evolución.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Creo que no he generalizado. Y me parece cierto lo que dices de "Tito", pero la verdad es que, a la postre, esa ópera no es ni de lejos "Don Giovanni".
      Y para cada una de las restantes obras un poco decepcionantes que cito habrá una razón, lo que no quita para que sea cierto lo que sostengo: que son un poco menos grandes de lo que se esperaría de un genio como Mozart.
      En los casos de tantos otros grandísimos compositores, sean Bach, Haendel, Haydn, Beethoven, Schubert, Brahms, Bruckner, Wagner, Verdi, etc., no ocurrió nada similar.

      Eliminar
    2. ...nada similar en sus últimos años, quiero decir.

      Eliminar
  2. Puedo estar de acuerdo, pero ¿qué tiene usted contra La clemencia de Tito?. CARLOS J.J.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Que yo sepa, no tengo nada contra esa ópera.
      Pero he aquí brevemente mi opinión: está, como no podía ser menos, magistralmente escrita, e incluso posee unas pocas páginas magníficas, pero, comparada con la Trilogía de Da Ponte o incluso con "Idomeneo", Mozart no puede ocultar que "La clemenza" es una obra de encargo que no le apetece o que no le motiva, por lo que carece de alma, de sinceridad o de la implicación personal necesaria para alcanzar la genialidad de esas otras.

      Eliminar
  3. Interesante. Encuentra algo similar en la obra de Bach?

    ResponderEliminar
  4. YO, estando básicamente de acuerdo contigo, Angel, hay que tener en cuenta que para los pocos años que vivió, Mozart prácticamente no hizo otra cosa que componer música, y claro, no toda puede ser igual de excelsa, aunque como casi todos sabemos tiene algunas de las páginas entre lo más excelso no ya de la música, sino de la creación del ser humano. Debía aburrirse a menudo y llenar partituras a desgana, de forma exclusivamente alimenticia, sin poner para nada su genio, creo que eso explica tanto altibajo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. De acuerdo. Pero ¿se dieron en Mozart esos altibajos a principios de los años 80, por ejemplo? Creo que no.

      Eliminar
  5. Recordemos que Glenn Gould (que dejando aparte sus veleidades es bastante interesante cuando escribe sobre música .quizás más que cuando la toca-) escribió un artículo titulado "Cómo Mozart llegó a ser un mal compositor" y él siempre decía que Mozart no se murió demasiado pronto sino ¡¡demasiado tarde!!, porque en sus últimos años estaba empeorando manifiestamente. Yo no comparto este punto de vista, fundamentado en análisis musicológicos que no tengo preparación para entender, pero es curioso en todo caso este punto de vista, que va bastante en la dirección que apuntas.
    El Tito fue un encargo, lo compuso en gran parte yendo en diligencia a Praga, y a toda prisa (incluso para la velocidad de Mozart) creo recordar, y los recitativos los escribió casi todos su discípulo Süssmayer (el que completó el Réquiem). Recordemos que, por ejemplo, el director de orquesta Eugen Jochum le explicó en una entrevista a Alan Blyth que a él le gustaba mucho dirigir el Titus pero en versión de concierto y sin los recitativos. Inteligente idea, dada la escasa sustancia dramática y el carácter espúreo de los recitativos.
    Yo creo que Mozart en el fondo amaba la ópera seria platónicamente solo. Quizás con un años más......A ver....Idomeneo está bien, pero....¿es del mejor Mozart?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No me parece que, como dice Glenn Gould, Mozart "empeorase manifiestamente" en sus últimos años, porque ahí están esas obras capitales que señalaba yo al principio. Creo que es más cierto el hecho de que "también" flaqueó algo en determinadas composiciones de su última época.
      A mí me parece que "Idomeneo", que es de 1781 (¡tenía Mozart 25 años!), sin ser del nivel estratosférico de "Don Giovanni", es una ópera de primera clase, tremendamente sincera y con grandes hallazgos que se adelantan a su tiempo.

      Eliminar
    2. Para ser exactos, Gould en abril de 1968 realiza un documental titulado "How Mozart became a bad composer", emitido en USA y Canadá, en el que viene a decir que Mozart, dada su gran facilidad para la improvisación y su dominio de una serie de (sic) "clichés en el arte de la composición", compone una serie de obras que son como un compendio de fórmulas usadas una y mil veces.....Fue por entonces cuando hizo su integral de Sonatas, de la que, por ejemplo, el pianista András Schiff recuerdo que dijo (entrevista en Scherzo) que "Gould demostraba amar muy poco a Mozart tocando su música como lo hacía"; o sea, Gould usó su manera de tocar Mozart como un apoyo de sus tesis negativas sobre el músico. Para Gould el Concierto 24 KV 491 es ejemplo palmario de ese estilo "malo", ya ves tú....
      De todos modos, Mozart compone obras excelentes hasta el final. El gran mozartiano francés Jean-Victor Hocquard nos recuerda, por ejemplo, una obra camerística poco conocida, el divertimento- trío de cuerda (violín, viola, violoncello), KV 563, del que dice que es "una de las obras maestras de su música de cámara"(....) ". . El andante con variaciones es una de las cimas de toda la obra mozartiana. Sólo la exposición del tema merece nuestra admiración por las pulsaciones rítmicas del bajo. Luego vendrá, durante 95 compases, en un soplo admirable, una serie de variaciones cuyo lenguaje es a la vez conciso y cantante. De repente, estalla la variación en menor, una de las páginas esenciales de Mozart, donde la polifonía tiene una intensidad que hace pensar en los polifonistas flamencos del siglo XV. Esta maravilla desemboca en otra espléndida página, en la que el tema se convierte en un cantus firmus, confiado a la viola: el jubiloso contrapunto repite la gloria del finale de la Júpiter, ¡y esto con tres arcos! El finale es el Rondó más fresco, más vivaz, de los que cierran una composición de música de cámara en Mozart. Precisión de relojería en el ajuste contrapuntístcio de este batir de castañuelas. Emoción delicada también, cuando el violoncello reanuda el tema en menor. Intensa melodiosidad del lied, a partir del tema pastoral que Schumann integrará en su Campesino alegre [se refiere al número 10 de la primera parte del Álbum para la Juventud Opus 68 de Schumann] [Mozart Jean-Victor Hocquard, editado en castellano por Antoni Bosch editor, Barcelona 1980, páginas 135-6]

      Eliminar
    3. Habréis visto que yo citaba ese Divertimento para trío de cuerda entre las cumbres del último Mozart.
      Y si Glenn Gould detestaba a Mozart, igual le pasa con las tres últimas Sonatas de Beethoven (¡ahí es nada!), que las destroza en su grabación.

      Eliminar
  6. Lamentándolo mucho, estoy de acuerdo al cien por cien con lo que dice Ángel. Y que me llamen ignorante si quieren. P

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ignorante, ¿por qué?
      Si a alguien le sorprende lo que sostengo en este texto no tiene más que comparar ciertas obras finales con otras anteriores del mismo género -que también he señalado- para comprobar el "retroceso".

      Eliminar
  7. Siento estar en desacuerdo. Es evidente las prisas con las que tuvo Mozart que acometer la escritura de estas obras y las penurias por las que estaba pasando, algo que siempre deja su huella. Pero para mi no es una cuestión de ser "políticamente correcto" sino de sinceridad; el último Mozart es para mí más íntimo, más difícil de escuchar y entender (seamos humildes, quizás nadie pueda comprender al ciento por ciento un autor por muy versado que se sea) pero a mí me entusiasma, me emociona, no veo la "brillantez" de algunas obras anteriores (más fáciles de entender) pero una vez que se conecta con ellas y se escucha entre líneas.... En fin, cuestión de gustos. ¡Un abrazo!

    ResponderEliminar
  8. No soy conocedor exhaustivo de todas las obras de Mozart, ni de otros, pero me temo que si las vamos repasando observaremos que, normalmente, van creciendo de entidad con la edad pero no uniformemente. Aparte de la imposibilidad intelectual, incluso para estos monstruos, de elevar, incluso mantener, constantemente el nivel, seguro que hay muchas circunstancias añadidas y distintas en la composición de cada obra. Bastante hizo con el nivel global de su obra, con muchas obras y con las obras finales. Y me imagino que el fenómeno se presentará proporcionalmente cuanto mayor catálogo genere cada compositor.
    Otro asunto es estudiar el fenómeno del habitual crecimiento del talento compositivo y complementarlo con los casos en los que la calidad ha sido muy variable e incluso ha sido globalmente decreciente.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Independientemente de la línea general ascendente que suelen seguir (véase Haydn, sin ir más lejos), en casi todos los compositores hallamos algunos baches; pero creo que en el caso de Mozart esa línea general (como se ve en las bolsas) no es ascendente en esos últimos años, sino ligeramente descendente, aun con "picos" magníficos.

      Eliminar