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viernes, 18 de abril de 2025

Dos óperas recientes en audio: "Tosca" y "El holandés errante"

 

Considerable Tosca

Ya sabemos que son pocas las óperas que se graban últimamente; en vídeo, alguna que otra, pero en audio son más que raras e infrecuentes. Pues bien, DG y Decca se han descolgado en los últimos dos meses con sendas producciones.

Una y otra están muy bien grabadas; la afirmación de que la de Puccini está en público (en versión de concierto) no me resulta muy creíble, porque no solo no aparecen aplausos, sino que tampoco se oye una mosca (ni un móvil) procedente de la supuesta audiencia. Puede, quizá, tratarse de una mezcla entre un ensayo general y parte de una interpretación en público (un público muy calladito). Lo principal es que las tomas de sonido, como digo, son en ambos casos muy buenas.

Eleonora Buratto (Mantua, 1982) ha pasado en pocos años de cantar Nannetta (Falstaff), Musetta (La bohème) o Adina (L’elisir d’amore) a esta Floria Tosca, a Elettra (Idomeneo), Leonora (Il trovatore) y otros papeles bastante dramáticos. Floria quizá le viene un poquito grande, pero lidia con sus dificultades vocales con notable suficiencia. Otro tanto similar le ocurre a Jonathan Tetelman con el papel de Mario Cavaradossi: es un poco lírico, pero triunfa en él gracias a un hermoso timbre y al considerable squillo de sus agudos. Incluso Ludovic Tézier puede resultar exclusivamente baritonal en un papel, el de Scarpia, que parece reclamar un barítono-bajo. Pero los tres protagonistas se las arreglan más que bien. Otra cuestión es que -al menos soprano y tenor- traslucen que son algo recién llegados a estos papeles desde el punto de vista interpretativo; el de ella, sobre todo, reclama una gran complejidad psicológica.

No han cuidado gran cosa le elección de los cantantes para los restantes papeles, menores pero no del todo fáciles o simples: el algo sosaina Sacristán de Davide Giangregorio (aunque prefiero la sosera a la payasesca sobreactuación de algunos antiguos, como Fernando Corena), la cierta insuficiencia de Giorgi Manoshvili (Angelotti) o la planicie de Matteo Macchioni (Spoletta): tres papeles que en otras grabaciones han sido estupendamente resueltos.

Daniel Harding, un director claramente muy en alza (no siempre) desde sus comienzos, me ha convencido plenamente en esta ópera, lo que constituye toda una sorpresa, obteniendo además un espléndido rendimiento del Coro y la Orquesta de la Academia Santa Cecilia de Roma, estado al que sin duda debe mucho la etapa en que ha sido dirigida por Antonio Pappano.

En resumen, una más que notable Tosca, que, por supuesto, no hace olvidar las cumbres discográficas: Callas, Di Stefano, Gobbi/De Sabata, Leontyne Price, Domingo, Milnes/Mehta, Caballé, Carreras, Wixell/Colin Davis o incluso Freni, Domingo, Ramey/Sinopoli.  

 

Olvidable Holandés

Montar una grabación de una ópera de Wagner sobre dos cantantes de cierta o bastante fama no me parece suficiente. Puede que la compañía discográfica piense que ello basta para que se venda bien (en lo que hasta puede tener razón), pero dista de lograr un hito en una lista de importantes grabaciones.

Confieso que no comparto el desatado entusiasmo de algunos ante la soprano noruega Lise Davidsen (n. 1987). No le niego categoría, por supuesto, pero en la presente Senta también muestra algunas limitaciones, como más trémolo de la cuenta, sobre todo al apianar, pero, más importante, no transmitir con fuerza el carácter exaltado, visionario, del personaje. En la Balada, los agudos espetados del comienzo de cada frase, resultan demasiado cortos, mermando así la deseable contundencia. Otros agudos suyos son magníficos, todo sea dicho.

También Gerard Finley, casi suficiente desde el punto de vista vocal (lo ideal no es un barítono como él, sino un barítono-bajo o incluso un bajo-barítono de color bien oscuro), tampoco logra el grado de exaltación expresiva del atormentado personaje. Brandley Sherratt posee la voz de bajo que demanda Daland, pero sus carencias canoras son muy visibles, incluso en lo que se refiere a la afinación. Discreto el Timonel de Eiric Grotvedt, los cantantes que me más me han gustado son la cuasi contralto Anna Kissjudit (Mary) y el -creo- más que prometedor tenor francés nacido en 1984 (con resonancias baritonales) Stanislas de Barbeyrac (Erik). Veo que ya tiene en repertorio Don José (Carmen) y Siegmund (Die Walküre).

Los espléndidos conjuntos coral y orquestal de la Ópera Nacional Noruega están muy desaprovechados por Edward Gardner (Gloucester, 1974), el gran error de esta grabación: le pierde su habitual gusto por correr y, sobre todo, su banalidad y hasta frivolidad. Esta batuta echaría por tierra hasta el mejor reparto de todos los tiempos en esta ópera, la primera genial (pese a sus ciertas debilidades) de su autor. 

Uhde, Varnay/Knappertsbusch, Adam, Silja/Klemperer y también Struckmann, Eaglen/Barenboim siguen difícilmente alcanzables.

sábado, 20 de julio de 2024

Dos conciertos al aire libre de la Filarmónica de Viena este verano

 

Nelsons y Davidsen en Schönbrunn

El de los Jardines del Palacio de Schönbrunn en Viena ha sido dirigido este año por Andris Nelsons. Sony lo publica en CD y en imágenes (y puede que, incluso, en LPs). Estos conciertos a la intemperie, para un numerosísimo público, suelen tener programas bastante heterogéneos, cuando no un tanto incoherentes. El común denominador suele ser la popularidad de todas -o casi todas- las piezas. Empezó con la Cabalgada de las walkirias de Wagner (¿por qué se suele decir “cabalgata”?), rutilante, brillantemente tocada. A continuación, la soprano noruega Lise Davidsen (n. 1987) cantó “Dich teure Halle” de Tannhäuser muy bien, con su voz amplia, poderosa, muy timbrada, bella en el centro y un poco estridente en el agudo. Siguieron un impecable Vltava de Smetana y dos electrizantes piezas del mismo compositor -la Polca de Las dos viudas y la Danza de los comediantes de La novia vendida-, dirigidas ambas de maravilla. Muy correcta, sin más, la Obertura de La forza del destino. Su aria final, “Pace, pace, mio Dio”, me gustó poco, pese a momentos admirables -el agudo casi en pianissimo-. Davidsen parece no entenderse bien con el lenguaje de Verdi, acusando además un considerable trémolo y algún agudo casi gritado, lo que volvió a evidenciarse en la última página que cantaría en este concierto: “Heia, heia”, de La princesa de las czardas de Kalman. Me temo que las dos últimas piezas escogidas por la soprano no fueron un acierto por su parte. Pero antes, tras el aria de La forza, Nelsons dirigió un interesante Interludio casi desconocido titulado “La nuit et l’amour”, perteneciente a la oda de la compositora francesa Augusta Holmès (1847-1903) Ludus pro Patria. Vibrante Danza del sable del ballet Gayaneh de Khachaturian, precioso Vals II de la Segunda Suite de jazz de Shostakovich. Y tras el aria de Kalman, el concierto se cerró, como es costumbre, con el vals Sangre vienesa de Johann Strauss II, en el que, en mi opinión, Nelsons se excedió un tanto en el recurso al rubato, que resultó algo forzado.

 

Muti en la Waldbühne

Hoy mismo a las ocho de la mañana, en el espacio Concierto de la mañana de TVE2, hemos escuchado (infrecuente que retransmitan algo de tanto postín) el primer concierto del que tengo noticia de la Filarmónica de Viena en la Waldbühne (Escenario en el bosque) de Berlín, donde tantísimas veces ha actuado la Filarmónica local. Riccardo Muti ha hecho un singular programa titulado algo así como Viaje musical por Europa. Ha comenzado con la Obertura de La forza del destino, ahora menos exaltada y combativa pero mejor matizada que las que le habíamos escuchado en ocasiones anteriores. De El sombrero de tres picos falliano ha ofrecido las tres Danzas que más se tocan: la de los Vecinos, del Molinero y la Jota final. Cuidadísimas versiones, interesantes y un poco libres (demasiado morosa y poco impulsiva la segunda). España, de Chabrier, me ha parecido absolutamente modélica. Magníficas lecturas de las Danzas húngaras 1 y 4 de Brahms (la Primera, claro, en la orquestación del autor, la Cuarta en una admirable que no creo haber escuchado antes). Bellísima versión de La mañana, del Peer Gynt de Grieg. Algo espesa y grandota, en cambio, la Primera Danza eslava de Dvorák. El programa terminaba con una apabullante en todos los aspectos interpretación de Los pinos de Roma de Respighi. Una pena que se empañase el concierto con las dos propinas: un casi letárgico, demasiado solemne y enfático Vals del Emperador de Johann Strauss hijo y un (des)arreglo (de menos de tres minutos, menos mal) ¡debido a Karajan! de la Oda a la alegría de la Novena Sinfonía de Beethoven titulado Himno de Europa. Sin voces, por supuesto. Un apunte final: supongo que debido a una incorrecta colocación de los micrófonos, las trompetas han sonado siempre demasiado presentes, en detrimento de las trompas y los trombones.

lunes, 12 de abril de 2021

Otros discos recientes

 

Lise Davidsen canta Beethoven, Cherubini, Mascagni, Verdi y Wagner

Un recién publicado disco de Decca quiere presentar las diversas capacidades de Lise Davidsen (Noruega, 1987). Se trata de una soprano dramática, de voz poderosa con mucho squillo y de trémolo bastante acusado. Había leído grandes elogios por parte de un crítico que cree saber de todo, pero me temo que el fuerte de este crítico no está precisamente en la apreciación de las voces. Lo cierto es que me he llevado una cierta decepción. Se trata de una voz con grandes posibilidades, pero que debe pulir aún bastante su técnica… y su expresión. Me explico: aparte de que el timbre es un tanto agrio, sobre todo en la zona del paso, su legato no está lo suficientemente trabajado, y un tanto descuidada su diferenciación de los estilos.

De Beethoven ha incluido la escena de Leonore en Fidelio “Abscheulicher!” y el aria de concierto Ah! Perfido. Están cantadas con bastante corrección, pero las interpretaciones resultan un tanto planas. Lo peor del disco me ha parecido el aria de Medea “Di tuoi figli la madre”, que suena no poco ladrada. La corrección un poco insípida vuelve a hacer acto de presencia en “Dite, mamma Lucia” de Cavalleria rusticana, en el aria final de La forza del destino (“Pace, pace, nio Dio”) y en el “Ave Maria” de Otello, donde emite el pianissimo con gran limpieza. Con los Wesendonck-Lieder que cierran el disco vuelve a confirmar que en la música alemana tiene muchas posibilidades… si afina en transmitir mejor el sentido de las palabras. Atentos, pues, a su evolución. Pero es probable que parte de la culpa de estas deficiencias se deban a la batuta de Mark Elder (¡otro Sir!) al frente de la espléndida Filarmónica de Londres: brocha gorda o bien pinceles demasiado delicados, y escasa diferenciación de estilos.

 

Los Poetic Tone Pictures de Dvorák

¿Cómo debería traducirse el título de esta Op. 85 de Dvorák, la colección de piezas más destacada de su producción pianística? Algo así como Estampas musicales poéticas, se me ocurre. Admito desconocer esta parcela de mi admirado autor de la Sinfonía “del Nuevo Mundo”, pero afirmo que la Op. 85 (1889) es una obra de verdadera importancia, casi desconocida. De las 13 piezas que la componen (un total de poco más de una hora) destacaría la primera (Nocturno), la tercera (El viejo castillo), cuarta (Canción de primavera), quinta (Balada campesina), sexta (Ensueño), octava (Danza del duende), undécima (Chismorreo) y la última (En la montaña sagrada). En ocasiones recuerda algo a Chopin o a Brahms, incluso a Grieg, pero hay mucho de Dvorák reconocible en estas piezas.

El disco que contiene esta colección es del sello Avi Music -estupenda toma de sonido- y está interpretado maravillosamente por una pianista infravalorada: Elena Bashkirova, hija del hace poco fallecido (en Madrid) Dimitri Bashkirov, uno de los pedagogos más prestigiosos del orbe. Baskhirova es la segunda esposa de Barenboim (después de la tristemente malograda Jacqueline Du Pré), pero no tengo constancia de que hayan actuado juntos en público en alguna ocasión.

  

Otro que fue grande y sucumbe a la destructiva moda del historicismo

Gil Shaham. Ha salido en el sello Canary un CD con los Conciertos para violín de Beethoven y Brahms. –“¿Cómo? ¿Han cabido esos dos Conciertos en un disco?”-“Sí, y hasta habría cabido además una de las Romanzas de Beethoven, por ejemplo. Pues el CD dura menos de 75’: menos de 40’ el Beethoven y 35’ raspados el de Brahms”-“¡Pues qué disparate!”-“¡Exacto!”. 

Gil Shaham fue un violinista sensato, cabal… y excelente: ahí están sus numerosas grabaciones para DG, sobre todo con Sinopoli y Previn. ¿Cómo es que ha caído ahora en este pozo, quién le ha engañado (¿o ha sido él solito?) para mezclarse con una orquestina de instrumentos originales -The Knights (¿no tiene mujeres?)- y un director -Eric Jacobsen- que se limita a marcar, arrasando con dos obras capitales de la historia de la música hasta dejarlas reducidas a sendos tostones? Lo triste es que Shaham, que aquí casi todo el tiempo toca rápido, sin sentido y sin matizar, se nota que aún es, o mejor dicho, que podría seguir siendo, un gran violinista: da la impresión, además, de que a veces quiere alejarse de los modos de esa inane batuta.

Insisto, por enésima vez: el supuesto historicismo está tomando el pelo a muchos aficionados, haciéndoles creer que ello es la verdad. Pero su legado sigue y sigue aumentando, prostituyendo en muchos casos (ya sé, no en todos) las músicas, ofreciendo gato por liebre, y siendo refugio de músicos insignificantes, que se disfrazan de historicistas para ocultar su falta de talento, de musicalidad, y hasta de buen gusto. Aquí, Jacobsen no tiene absolutamente nada que decir: encefalograma plano. Abbado y Chailly, entre muchos otros, ya cayeron; ahora le ha tocado el turno a Shaham.