Es lo que nos dice, y de lo que parece querernos
convencer Sir John Eliot Gardiner en su ciclo sinfónico que acaba de
grabar para DG con una de las mejores orquestas del mundo, la del Concertgebouw
de Amsterdam (¡qué desperdicio!).
Me temo que Gardiner quiere enmendarle la plana a toda
una gloriosa tradición*, y ¿a qué recurre? A tempi ligeros, o
abiertamente rápidos (eso siempre ocurre en todos los “históricamente
bien enterados”), a sonoridades flacas, sin peso (nada brahmsianas), a una casi
absoluta ausencia de vibrato en las cuerdas (incluso en el solo de
violín del final del 2º mov. de la Primera Sinfonía), a atenuar y hasta
orillar toda expresión que huela a romanticismo… Un ejemplo de esto último, y
de algo peor: el desgarrador solo de flauta del 4º mov. de la Cuarta
Sinfonía se limita no decir nada, con algo de lloriqueo.
A lo largo del álbum (creo que solo 2 CDs: 1ª
más 3ª suman 79’33”, 2ª más 4ª 79’, y eso que Gardiner hace las repeticiones
en los movimientos iniciales) hay considerables altibajos: oscilando entre lo
flojo y lo detestable. Ejemplos: el menor sentido heroico posible en la Primera,
con una coda conclusiva a todo correr. Me han parecido particularmente
irritantes el finale de la Tercera o el primer mov. de la Cuarta
(con horribles portamentos en 2’20” y 8’48”).
En suma, un Brahms banal, insustancial, incluso ñoño
(tercer mov. de la Segunda), blando, desfallecido, pequeñajo,
descafeinado, aburrido… Y mal hilvanadas, hasta bruscas, muchas de las
transiciones, con lo que se pierden fluidez, continuidad, lógica. El juego de
tensiones suele desdibujarse o desinflarse: casi desaparece el dramatismo.
Hace años iba en el coche y en la radio sonaba una
chunguísima versión de la Tercera Sinfonía de Brahms; esperé para saber
quién la había perpetrado. Al terminar lo dijeron: Gardiner y la Orquesta
Revolucionaria y Romántica. Y yo, no pude evitarlo, salté gritando para mí
solo: “¡De Brahms nada! ¡Ni tampoco de revolucionaria ni de romántica!”. Bueno,
pues años después de aquella grabación, opino que Gardiner, en música de la
segunda mitad del siglo XIX al menos, no es un gran director (sí, por su
palpable incompetencia), y hasta dudo seriamente de su buen gusto y
musicalidad. Pero estoy seguro de que no faltarán quienes salgan diciendo que Gardiner
ha redescubierto aquí al verdadero Brahms, que lo habrá limpiado de
impurezas, y bla bla bla.
*Todavía está viva: baste pensar en Nelsons o Dudamel,
estupendos directores brahmsianos. Y señalar dos muy recientes logros
mayúsculos: la Cuarta Sinfonía de Barenboim o la Segunda de
Muti, ambos con la Filarmónica de Berlín y que pueden verse y escucharse en
Digital Concert Hall.