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miércoles, 31 de mayo de 2023

"Rigoletto" en blu-ray con Carlos Álvarez, Lisette Oropesa y Pappano

 

Reciente publicación del sello Opus Arte que tiene mucho bueno que aportar a las filmaciones de la genial ópera de Verdi. Tomada hace dos años, en plena pandemia, con los músicos protegidos con mascarilla (salvo los que soplan, claro), para mí el mayor aliciente era que cuenta con el -en mi opinión- mejor Rigoletto de los últimos años, el barítono malagueño que contaba durante las representaciones del Covent Garden londinense 55 años, mostrando una voz aún en muy buen estado y un dominio pleno de su técnica y sus recursos. Su Rigoletto es tremendamente convincente, no solo en lo musical sino también por su credibilidad como actor. A Carlos Álvarez le han dirigido maestros como Solti, Colin Davis, Muti, Maazel, Mehta, Chailly o Dudamel, pero, pese a ello, su discografía (y filmografía) no es tan extensa como merece.

Otro punto fuerte es la Gilda de Lisette Oropesa, soprano de origen cubano nacida en Nueva Orleáns el año 1983. Voz lírica con tintes aún de lírico-ligera, canta su tan difícil papel con rara perfección. Es difícil recordar entre la abundante discografía alguna Gilda que haya logrado mayor emotividad; si acaso la casi desconocida Julia Novikova en la también en blu-ray versión junto a Plácido Domingo y Vittorio Grigolo, con dirección de Zubin Mehta y Marco Bellocchio (Andermann 2010).  

El problema, hoy, es encontrar un Duque de Mantua a la altura de estos dos protagonistas. La verdad es que el armenio Liparit Avetisyan (n. 1990) no desentona gran cosa frente a Álvarez y Oropesa. Voz lírica pura, pero un tanto oscura y de limitado squillo, canta con buen gusto y técnica suficiente, y no le falta arrojo. Sólido el Sparafucile del bajo británico Brindley Sherratt (n. 1965), y correcta la Maddalena de la mezzo rumana Ramonia Zaharia (n. 1987). Desluce algo en el elenco un débil Eric Greene como Monterone, un papel de bajo-barítono decisivo pese a sus breves intervenciones; es raro contar con cantantes de la talla de Ruggero Raimondi (con Molinari-Pradelli, EMI 1967) o Samuel Ramey (con Rudel, EMI 1979) para encarnarlo.

Me ha gustado mucho -casi todo el tiempo, casi todo- la dirección musical de Antonio Pappano, reconocido verdiano, dotado de garra y sentido dramático y con múltiples detalles muy afortunados, que en esta ocasión opta a veces -escúchese el Preludio- por un sonido más germánico que el que asociamos habitualmente al Verdi de ese período (¡y luego ese supuesto germanismo se lo suelen achacar a Barenboim, siempre indebidamente en sus grabaciones! ¡Cómo funcionan los tópicos!). Bastante bien la Orquesta, y el Coro, creo que mejor de lo habitual.

En cuanto a la escena, a cargo de Oliver Mears, es sencilla y económica, y funciona casi todo el tiempo con sensatez. Señalo, sin embargo, un par de exageraciones: cuando Monterone, en el primer cuadro, clama contra el Duque, este, en persona, ¡le saca los ojos! Y la taberna-burdel del último acto es tan cutre, sucia e inhóspita que dudosamente todo un duque, tan acostumbrado al lujo, la visite.

 

Rigoletto (1851): filmografía

Rigoletto/Gilda/Duque/Sparafucile/Maddalena/Monterone             

*1977       Cornell McNeil/Ileana Cotrubas/Plácido Domingo/Justino Díaz/Isola Jones/

John Cheek

DG              James Levine/Coro & Orquesta del Metropolitan, Nueva York/*John Dexter      7/8

 

*1983       Ingvar Wixell/Edita Gruberova/Luciano Pavarotti/Ferruccio Furlanetto/

Victoria Vergara/Ingvar Wixell

DG              Riccardo Chailly/Coro de la Ópera Estatal & Orquesta Filarmónica de Viena/

*Jean-Pierre Ponnelle               8,5/8

 

*1989       John Rawnsley/Patricia Wise/Alfredo Kraus/Miguel Ángel Zapater/

Eleonora Jankovic/Ismael Pons

RTVE         José Collado/Coro del Teatro Lírico Nacional/Orquesta Sinfónica de Madrid                         

 

*2004       Carlos Álvarez/Inva Mula/Marcelo Álvarez/Julian Konstantinov/Nino Surguladze/

Stanislav Shvets

TDK            López Cobos/Coro & Orquesta Sinfónica de Gran Teatro del Liceu, Barcelona/

*Graham Vick           8                 /8

 

*2006       Leo Nucci/Piotr Beczala/Elena Mosuc/Laszlo Polgár/Katharina Peetz/

Rolf Haunstein

Arthaus   Nello Santi/Coro & Orquesta de la Ópera de Zúrich/*Gilbert Deflo                         8/8

 

*2008       Zeljko Lucic/Diana Damrau/Juan Diego Flórez/Georg Zeppenfeld

Virgin        Fabio Luisi/Coro de la Ópera Estatal y Staatskapelle Dresden/

*Nikolaus Lehnhoff                     8/8,5

 

*2010       Plácido Domingo/Julia Novikova/Vittorio Grigolo/Ruggero Raimondi/

Nino Surguladze/Gianfranco Montresor                                                                              9/9

Andermann  Zubin Mehta/I Solisti Cantori/Orquesta Sinfónica Nacional de la RAI/

*Marco Bellocchio

 

*2023       Carlos Álvarez/Lisette Oropesa/Liparit Avetisyan/Brindley Sherratt/

Ramona Zaharia/Eric Greene                                        

OpusArte  Antonio Pappano/Coro & Orquesta del Covent Garden, Londres/

*Oliver Mears                               9/9

miércoles, 4 de septiembre de 2019

Tosca en Viena (Babajanyan, Beczala, Álvarez) y Fierrabras en Zúrich (Kaufmann, Banse...)


El mayor interés que suscitaba en mí esta Tosca era evaluar a Carlos Álvarez en su debut como Scarpia. Con una puesta en escena cien por cien tradicional de Margarethe Wallmann no muy lograda, sino bastante rígida y convencional, y una dirección musical discreta de Marco Armiliato, excesivamente pomposa y algo lánguida, así como muy complaciente con los cantantes (quiero decir que muy pendiente de no taparlos con la orquesta), lo más válido de esta versión de junio de 2019 ha sido para mí, en efecto, la interpretación del barítono malagueño (52 años), de voz esplendorosa, hoy ya más cerca del barítono-bajo que del barítono lírico con el que comenzó su ya larga carrera. No dudo que podrá afinar aún más en sucesivas actuaciones los matices que permiten la encarnación de semejante personaje, no tan de una pieza como pudiera parecer. Pero lo que me parece indudable es que ya, desde el primer momento, es un magnífico Scarpia, y desde el punto de vista vocal, el mejor que se ha escuchado desde hace mucho tiempo (por delante, por ejemplo, de Bryn Terfel, y muy por delante de Thomas Hampson, dos de los famosos Scarpias más vistos y escuchados en los últimos años). 

A Piotr Beczala (52 años ya) le empieza a pasar factura el haber abordado varios papeles demasiado duros (pesados, dramáticos) para su voz, que, aparte de algunos accidentes puntuales (“la vita mi costassi”), suena algo débil, insegura, tremolante y muy esforzada. Aun así, se impone el hecho de que es un muy buen músico y muy buen cantante: fue creciéndose hasta verse obligado a repetir “E lucevan le stelle” (aún mejor la segunda vez). Tras la función, fue nombrado Kammersänger.

En la primera función, según me ha contado un amigo a quien doy pleno crédito, Nina Stemme (56 años) estuvo muy insegura y chillona. ¡Qué lastima! La maravillosa cantante sueca puede que también esté empezando a deslizarse cuesta abajo (ojalá fuese solo una mala noche…). De modo que en las funciones sucesivas fue sustituida por la armenia Karine Babajanyan, una soprano de 50 años a la que no conocía y que se desenvuelve con gran soltura en el personaje, que sin duda conoce muy bien. Sin embargo, su voz no es muy bella, su registro agudo firme pero algo estridente, y algo débil el centro y forzado el grave. Sobreactúa (vocal y actoralmente) en “Vissi d’arte”. Flojitos tanto el Sacristán como Angelotti y Spoletta.

Fierrabras, compuesta en 1823 y no estrenada hasta 74 años después, es la segunda ópera más ambiciosa de Schubert, por detrás de Alfonso y Estrella (1822, estrenada en 1854). Con un muy endeble libreto de Joseph Kupelwieser (que le perjudica en buena medida), es una composición que abunda en música muy bella, pero que no funciona bien como ópera, careciendo en buena medida de sentido y tensión dramáticos. Ahora he tenido oportunidad de ver una filmación de hace doce años en la Ópera de Zúrich. Pese a contar con reparto de lujo (Jonas Kaufmann, László Polgár, Juliane Banse, Christoph Strehl, Michael Volle, Günther Groissböck, Twyla Robinson y Ruben Drole (solo estos dos últimos no destacan), el espectáculo se hace cuesta arriba, en parte debido a la enrevesada y pretenciosa escena de Claus Guth -que sitúa a Schubert permanentemente en escena, dirigiendo la acción- y también en parte a la algo anodina batuta de Franz Welser-Möst, que queda claramente por debajo de Claudio Abbado en su grabación de audio para DG (2001).   

domingo, 8 de julio de 2018

"Giovanna d'Arco" de Verdi en blu-ray con Netrebko, Álvarez y Chailly



Tras su grabación de 1989 en el Teatro Comunal de Bolonia (NVC/Warner), Riccardo Chailly vuelve a filmar (Decca), ahora en La Scala y en diciembre de 2016, Giovanna d'Arco (1845), la temprana ópera de Verdi. Parece que es una obra que le gusta especialmente, pero ello no quiere decir que a mí me guste cómo la dirige. No, no me gusta gran cosa. Aunque el perceptible declive artístico del director milanés comenzó hace como una década, más o menos con su llegada a Leipzig desde Amsterdam, acabo de releer lo que escribí en su día (para "Ritmo") sobre aquel DVD y ya, curiosamente, opinaba de aquella dirección algo bastante similar a lo que me ha parecido la de ahora: "decepcionante, sin el debido vigor y a veces más suave de la cuenta". Vuelve a ocurrir lo mismo: no me parece que sea así el Verdi de primera época. Carece de fuego y de fuerza, de dureza, de cierta rudeza incluso. Es curioso, pero mi generalmente poco admirado James Levine sí que dio en el clavo en su grabación (EMI 1973: tenía 30 años) con Caballé, Domingo y Milnes. Por no hablar de una tremenda, impactante Obertura que le escuché en televisión a un joven Riccardo Muti con la Filarmónica de Berlín. Con el Chailly de ahora, si bien no siempre la transparencia está lograda, todo está en su sitio (sigue siendo una batuta de gran técnica), e incluso algunas arias están muy bien acompañadas (en particular la de Giacomo "Speme al vecchio era una figlia"), pero también hay que señalar que las debilidades de la ópera -momentos bastante banales- no están precisamente dignificados, sino todo lo contrario.
La escena, a cargo del casi siempre interesante y fiable dúo Moshe Leiser y Patrice Caurier, hace lo que puede con un libreto inconsistente y absurdo hasta lo grotesco: resalta las obsesiones religiosas y sexuales de la heroína y posee toques de humor que se agradecen, además de hallazgos soberbios (la aparición y desaparición de la catedral de Notre Dame, entre otros), pero tampoco se libra en mi opinión de algunas extravagancias.

Esta ópera, pese a superar apenas las dos horas de duración, es agotadora para los tres protagonistas, a los que Verdi somete a durísimas pruebas. Por eso es de admirar el nivel alcanzado por dos de los cantantes, realmente estratosférico. El caso Anna Netrebko es extraordinario: la guapísima joven que empezó como estupenda soprano lírica-lírica (con algo de ligera) ha evolucionado en relativamente pocos años hasta una dramática con un volumen tremendo, pero ¡oh, milagro!, sin perder un ápice de la fabulosa belleza de su timbre, que sigue siendo brillante y aterciopelado a la vez. Un caso rarísimo. Hoy día sigue siendo sensacional, no solo por su voz, sino, sobre todo, por su altísima categoría como cantante (técnica superlativa) y como intérprete, incluso como actriz (que no es lo mismo, algo que a veces se olvida: a los grandes intérpretes se les aprecia sin necesidad de verlos). Aunque tiene algunos problemas con la coloratura, que procura ralentar, sus cualidades positivas son tan aplastantes que esto tiene una importancia realmente mínima. Sin llegar a la excelsitud de la interpretación de Caballé en la citada versión de Levine, lo cierto es que su intervención aquí, ¡en la que no mostró el menor síntoma de cansancio! es de veras asombrosa.

Lástima que el tenor Francesco Meli (Carlo VII) haya perdido desde su grabación de audio para DG (2014) brillo y vigor (comienza a mostrar parecidos problemas a los del José Carreras declinante), y como además nunca ha sido, que yo sepa, un cantante de alto nivel técnico ni artístico, su prestación ahora es muy mejorable. Pero, por suerte, Giacomo -papel tanto o más destacado- ha sido encomendado a un pletórico, desde todos los puntos de vista, Carlos Álvarez. Opino que desde hace bastante tiempo no se escuchaba un barítono verdiano tan completo, de voz tan hermosa, tan gran músico, tan expresivo, tan convincente. Tras su enfermedad ha reaparecido aún mejor que antes. ¡Tremendo!

El elenco de la versión anterior de Chailly era claramente inferior: Susan Dunn (buena), Vincenzo La Scola (flojo) y Renato Bruson (espléndido). El blu-ray de Decca posee una imagen de nitidez extraordinaria, pero el sonido está ligeramente menos bien conseguido. Y a olvidarse de subtítulos en castellano: ¡a conformarse con italiano, inglés, francés y alemán! Consecuencias de la tan extendida piratería en la que España es líder... 

martes, 2 de enero de 2018

Dos óperas en DVD: un alivio y un gran chasco



Las bodas de Fígaro en La Scala

Magnífico reparto el reunido por C Major para estas funciones de 2016 en La Scala, uno de los más brillantes y compactos hasta ahora. Lástima que los directores, el musical y de escena, no convenzan tanto. Aunque este último, Frederic Wake-Walker, no deja de aportar ciertos hallazgos interesantes, sucumbe a varios excesos: numerosos detalles recargados, un vestuario en ocasiones estrafalario y un intento de acercar la acción demasiado a lo buffo. Algunos de los actores no han sido controlados, cayendo en la sobreactuación. También parece fuera de lugar el amaneramiento mariquita de Don Basilio. En cuanto a la batuta, el generalmente gris Franz Welser-Möst resulta aquí desconcertante, pues junto a arias o escenas dirigidas con entrega y brillantez (escúchese el aria del Conde), aparecen otras rutinarias, descuidadas o desganadas. Diana Damrau, que en tiempos pudo ser una espléndida Susanna, está hoy perfectamente preparada para la Condesa, de la que hace una interpretación con más carácter de lo habitual; su precioso timbre, su formidable técnica, musicalidad y estilo mozartiano la elevan a lo más alto. El mayor triunfador de la velada fue sin embargo Carlos Álvarez, del que afirmo rotundamente que es el mejor Conde que recuerdo (sí, Fischer-Dieskau incluido): su hermosa, bellísima voz se halla en un momento de absoluto esplendor, y su técnica, musicalidad y estilo son no ya irreprochables sino de todo punto magistrales. En la actualidad vuelve a ser, y de lejos, el mejor barítono posible para el repertorio italiano (en el que incluyo, por supuesto, el Mozart de Da Ponte). Un gran hallazgo: la joven Golda Schultz es una Susanna maravillosa desde cualquier ángulo; nada tiene que envidiar a cualquiera de sus colegas en este papel. El barítono Markus Werba es algo lírico para Figaro, pero su interpretación es rigurosamente ejemplar. Y, para concluir con los papeles principales, el Cherubino de Marianne Crebassa, de la que tanto y tan bien se oye hablar últimamente, es una elección plenamente acertada. Los papeles menores están generalmente bien servidos, en especial la Barbarina de Theresa Zisser. No tanto Andrea Concetti como Bartolo. Espléndida calidad técnica y subtítulos en castellano.

Norma en el Covent Garden

La única Norma en imágenes verdaderamente buena hasta ahora es la magnífica interpretación de Caballé, con Vickers, Veasey, Ferrin y Patanè en el Teatro Romano de Orange (Hardy, 1974); pero su calidad técnica es muy deficiente. Tras escuchar esta que ahora publica Opus Arte, carente de subtítulos en español, no hay más remedio que afirmar que seguimos igual. Creo que es un documento que, simplemente, no de debería haberse publicado: no ha habido un solo elemento de esta función (12 de septiembre de 2016) que me haya satisfecho. Mucho me temo que la soprano búlgara Sonya Yoncheva, que comenzó hace aún poco tiempo una carrera muy prometedora de soprano casi ligera, esté arruinando su futuro vocal, probablemente por cantar papeles que, como el de Norma, desbordan sus posibilidades vocales. Lo cierto es que aquí deja mucho que desear: de entrada, su timbre es algo ingrato, poco adecuado a la escritura belcantista, su técnica parece estarse resquebrajando: le ha aparecido un trémolo desagradable y ya no es capaz de un legato suficientemente estable. Por supuesto, en esta su primera -y esperemos que última- Norma no tiene bien asumido psicológicamente uno de los personajes más exigentes -desde cualquier punto de vista- de la historia operística. No comprendo en absoluto cómo Joseph Calleja es uno de los tenores más apreciados de la actualidad. Con una voz que parecen varias -centro lírico no endeble, pero agudos blanquísimos de tenor ligero- y carencias técnicas ostensibles, entre ellas la afinación (que tampoco es impecable en Yoncheva), su musicalidad es más que dudosa. Ni qué decir que el rol de Pollione es demasiado dramático -es spinto al menos- para sus características. Sonia Ganassi es -o ha sido- una cantante de una pieza. Pero ya no está en su mejor momento y dudo que Adalgisa, demasiado aguda, le haya convenido gran cosa ni siquiera en su etapa de plenitud vocal. Del Oroveso de un tal Brindley Sherratt es mejor no hablar: prefiero pensar que fue una sustitución de última hora que no pudieron cubrir con una mínima fiabilidad. Alex Ollé (procedente de La Fura dels Baus) convierte Norma en un espectáculo en el que todo está en clave religiosa (no falta siquiera el botafumeiro santiagués balanceándose y soltando incienso) y en el que todo el escenario, hasta el techo, está cubierto por cientos de Cristos crucificados. Por si esto no fuese suficientemente innecesario e inapropiado, la guinda creativa está al final mismo: cuando Norma intenta seguir a Pollione que ya camina hacia la pira, Oroveso le corta el paso y le dispara un tiro, muriendo en sus brazos. ¡Gran hallazgo, vive Dios! Para colmo, la dirección de actores me parece bastante primaria. En fin... Los lectores podrían imaginar que lo queda, es decir la dirección musical del enormemente fiable Pappano, salvaría los muebles. Pues no: la sabia batuta del maestro no ha acertado con Bellini, un universo musical muy diferente del de Verdi o de cualquier otro compositor: es brusco, cortante, apresurado e incapaz de sacarle todo el jugo a las dilatadas y hermosísimas melodías bellinianas. O sea, que esta Norma ha sido una fuerte decepción. Otra vez será. ¿Otra vez? Mucho me temo que no va a ser pronto...