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miércoles, 20 de marzo de 2024

Discos recientes: Beethoven y Chopin/Rana, Stravinsky y Debussy/Mäkelä, Wagner/Lugansky

 

Patinazo de Beatrice Rana: con Beethoven se ha topado

Tras algunos discos muy logrados, en este último Beatrice Rana ha metido la pata: Chopin no muy convincente, Beethoven fuera de tiesto. La Sonata nº 2 del primero comienza algo crispada, mejora algo en el Scherzo, choca con una Marcha fúnebre muy hacia adentro, sin apenas elocuencia y con tempo tan lento que no logra la debida continuidad. El brevísimo Presto final es curioso, como en oleadas (“el viento levanta las hojas sobre las tumbas”, según Schumann) en un legato técnicamente muy conseguido.

Pero haber abordado sin la debida madurez la grandiosa, gigantesca, monumental, dificilísima (no solo ni principalmente en el aspecto técnico) Sonata nº 29 “Hammerklavier” me ha parecido un error garrafal. El Allegro inicial bascula en manos de Rana entre la crispación -que resta gran parte de su tremenda tensión y potencia a esta música- y un preciosismo totalmente fuera de lugar. El sublime Adagio sostenuto. Appassionato e con molto sentimento es lento e intimista, demasiado delicado, careciendo de ansiedad y de pasión. En su descargo: en este, el movimiento lento más extenso de todo Beethoven (unos 20’), se pueden contar con los dedos de una mano los pianistas que han tocado fondo*. Rana no, ni mucho menos. Y la fuga final (Allegro risoluto), endemoniadamente intrincada, la toca con suficiencia -lo que no es poco-, pero demasiado deprisa y de un modo muy mecánico. 

*Solomon (1952), Arrau (1964), Barenboim (sobre todo en 1970), Gilels (1983) y Sokolov (2013).

Klaus Mäkelä dirige Stravinsky y Debussy

Admirable el nuevo disco Decca de Klaus Mäkelä con una soberbia Orquesta de París (¡qué maravillosas e idóneas maderas, pero no solo ellas!). El programa me parece tan precioso como acertado: Petruchka de Stravinsky en una versión (la partitura modificada en 1947) que se sitúa para mi gusto entre las más logradas, y más diáfanamente grabadas. De veras sensacional la lectura de Jeux de Debussy, que clarifica como pocas veces este singular poema sinfónico hasta hacerlo más entendible. Termina el disco con el Preludio a la siesta de un fauno, irreprochable traducción a sonidos de este manifiesto del Impresionismo, con las adecuadas dosis de sensualidad y de seducción sonora. Un gran disco, en suma. (El sello Signum anuncia la inminente publicación de otro CD con Petruchka, más una suite de El pájaro de fuego, por la Philharmonia dirigida por Santtu-Matias Rouvali).

Lugansky interpreta transcripciones de Wagner

Nikolai Lugansky no disimula su gran predilección por Wagner: ya en 2002, en un recital ofrecido en La Roque d’Anthéron (DVD del sello Naïve titulado “Les pianos de la nuit”) interpretó, junto a las 6 Piezas op. 118 de Brahms y a tres páginas de Rachmaninov, cuatro grandes momentos de El ocaso de los dioses transcritos por el propio Lugansky (Preludio, Viaje de Sigfrido por el Rin, Marcha fúnebre y El Valhalla en llamas). Adaptaciones muy convincentes, y ejecuciones e interpretaciones sencillamante impresionantes. Ahora vuelve a la carga en un disco de Harmonia Mundi, maravillosamente grabado, con un programa Wagner más ampliado, hasta unos 60’*, que sigue el siguiente orden: Entrada de los dioses en el Valhalla (final de El oro del Rin) en transcripción de Louis Brassin y Lugansky, Música del fuego mágico (final de La Walkiria) adaptada por nuestro pianista, igual que tres escenas de El ocaso (Dúo de amor de Brunilda y Sigfrido, Viaje por el Rin, Marcha fúnebre y final del monólogo último de Brunilda), la Escena de la Transformación de Parsifal (transcr. Felix Mottl, Zoltán Kocsis y Lugansky) y la Muerte de amor de Isolda de Tristán en la memorable transcripción de Franz Liszt. Un disco, todo él, apasionante, pues todas las adaptaciones logran que revivamos los originales -pese a la dificultad de meter en el piano páginas tan frondosas-, y que difícilmente podrán ser tocadas e interpretadas con mayor tino.

*Dado que la duración del CD lo habría permitido, es una pena que Lugansky no haya incluido también la Marcha solemne del Grial, de Parsifal, que Liszt magistralmente transcribió, y que figura en el CD de DG “Mi nuevo piano” (2016) por Barenboim.

martes, 14 de febrero de 2023

Tres nuevos discos de piano: Rana, Lugansky, Cho

 

Los Conciertos para piano de Schumann y de Clara con Rana y Yannick

El Concierto (1836) de Clara Schumann me parece estimable, pero nada del otro jueves. Lo más inspirado de la obra es su (breve, lástima) movimiento lento, “Romanze”, que trae inevitablemente a la mente a su esposo; el “Finale: Allegro non troppo – Allegro molto” es la página más convencional del mismo. La interpretación es francamente buena; no parece que se pueda extraer mucho más de esta partitura. Nueve años posterior es el de Robert, una obra maestra capital: ¡menudo salto al escucharlos seguidos! Me ha gustado mucho -salvo en ciertos pasajes- Beatrice Rana, intimista y poética, pero la batuta decepciona un montón: orquesta canija o empalagos diversos (¡los solos de oboe!) que la especial transparencia conseguida no compensan. El tercer movimiento es, con diferencia, lo mejor de la versión. En todo caso, queda muy lejos de las referencias, con Claudio Arrau en primerísimo lugar. Una vez más, Yannick pincha sin remedio en Beethoven o en el primer romanticismo. La propia elección de una orquesta de cámara -la de Europa- es desacertada.

El programa, algo parco en duración (menos de una hora: echo en falta que Rana hubiese incluido por ejemplo el precioso Impromptu en Mi mayor de Clara), termina con el lied de Schumann Widmung transcrito por Liszt: el relleno resulta ser lo mejor del disco, pues la pianista italiana (n. 1993) lo borda.

 

Los 17 Études-tableaux de Rachmaninov por Lugansky

Ya en 1993, cuando contaba solo 21 años, grabó el moscovita Nikolai Lugansky los Études-tableaux (los 8 op. 33 y los 9 op. 39) para el sello Vanguard. Ese y otro disco Rachmaninov del mismo año y para el mismo sello con, entre otras páginas, la Sonata No. 2 y las Variaciones Corelli nos convencieron sin el menor esfuerzo de que “había nacido para interpretar a Rachmaninov”. Una impresión que no ha hecho sino confirmarse rotundamente con el tiempo: ahí están sus 4 Conciertos y la Rapsodia Paganini, entre otras grabaciones memorables. Pues bien, si comparamos el reciente disco del sello Harmonia Mundi con aquél veremos que el artista ha madurado aún más (ya tiene 50 años) y, además, constataremos que las diferencias en varios de los estudios de antes y de ahora son bastantes llamativas. Yo diría que siempre, o casi siempre, para mejor. El mundo apasionado, atormentado, mayormente depresivo del autor de La isla de los muertos pocas veces ha sido tan bien comprendido y explicado, con un sonido tan imponente y un dominio del teclado siempre tan apabullante. Nunca estas composiciones me han gustado tanto. El disco se completa con tres breves piezas rara vez escuchadas (Fragmentos, Esbozo oriental, Preludio en Re menor). La toma de sonido es sensacional.

 

Seong-Jin Cho: The Handel Project

El pianista surcoreano de 28 años, ganador en 2015 del primer premio en el Concurso Chopin de Varsovia, vuelve a agradarnos con una nueva publicación de DG: un CD titulado “Proyecto Haendel”, que incluye tres Suites -tan poco frecuentadas por los pianistas- del autor de El Mesías: las números 2, 5 y 8 (HWV 427, 430, 433) más la Sarabanda de la (HWV 440: ojo, no es la famosísima que Kubrick seleccionó para su film Barry Lindon) y el Minueto de la HWV 434, este en la preciosa adaptación de Wilhelm Kempff. Completa el CD, cómo no, con las Variaciones Haendel de Brahms. Las Suites están en mi opinión muy bien enfocadas, con soltura y también, cuando es necesario, con hondura, aplicándoles una ornamentación muy comedida. La que es seguramente la más admirable serie de variaciones de Brahms me ha gustado menos: algo apresurada (26’) y de sonido no muy brahmsiano. No creo que sea un acierto que suene a menudo más a Haendel que a Brahms, si es que ha sido esa la intención de Cho. Magníficas tanto la ejecución como la toma de sonido. Las Suites me gustan más aún en manos de Sviatoslav Richter (EMI 1982), y las Variaciones, bastante más en las de Barenboim (DG 1973).

miércoles, 14 de abril de 2021

La primera media hora de "Música a la carta" del 12 de abril. Y Rachmaninov/Lugansky

 

 La primera media hora de “Música a la carta” del 12 de abril

A las 9,30 de la mañana, tras las presentaciones y la lectura de un poema, la primera música que se escucha es la canción Amapola (¿será de Monteverdi, de Haydn, de Schumann, de Mahler o de Britten?), que, como viene siendo costumbre últimamente, es una elección de la conductora del programa. Que es quien, de lejos, más música escoge (haciendo un uso abusivo de su puesto), pues ahora nos “regala” con una canción que selecciona cada día. Canciones no clásicas, como la del día 12, y que son del tipo que le deben de gustar más a ella. Llevaba, pues, toda la razón el lector de este blog que nos hacía saber que en un programa de Radio Nacional en el que entrevistaron a Amaya Prieto le pidieron que escogiera sus piezas musicales favoritas, y no hubo ninguna propiamente clásica. La conocidísima Amapola emitida estaba cantada, ¡además!, por un señor de voz muy afeminada y gusto almibaradísimo, hasta la náusea.

A continuación, una señora pidió “algo cantado por la Tebaldi”, por ejemplo la “Madame Barteflai” (así lo pronunció), pero en lugar de “Un bel dì vedremo”, Amaya puso “Vissi d’arte”, en la que la soprano de Pésaro dejó claro que no se cree lo que está diciendo en la famosa aria de Tosca. (Pero de esta carencia no tiene Amaya la culpa, faltaría más).

Luego, un señor que siempre que pide algo a este programa es algo cantado por Alfredo Kraus, solicitó “Parigi, o cara” de La Traviata, junto a Maria Callas. Hacía tiempo que no escuchaba esta grabación lisboeta de 1958 (la única en la que cantaron juntos), pero, además de las estridencias vocales de la famosísima soprano greco-norteamericana, el tenor grancanario comenzó el dúo en un tono tan llorón y empalagoso que me dejó hecho polvo. 

A continuación, otro oyente pidió la Segunda Partita de Bach “en una versión para violín y continuo” (¡!), y lo más parecido que Amaya encontró fue una grabación de la Chacona en (des)arreglo para violín y orquesta de cámara, obsequiándonos con una insufrible interpretación de Joshua Bell con la Academy of St. Martin in the Fields.

Minutos más tarde otra oyente que se declaró -no fue la única- asidua del programa solicitó la Obertura 1912 de Tchaikovsky; Amaya emitió ¡menos mal! la 1812, pero… en una versión con el Coro Sinfónico de Kiev y la Cincinnati Pops Orchestra dirigidos por Erich Kunzel. Elección inmejorable, obviamente.

(Ayer, martes 13, Amaya se empeñó, antes y después de emitir el aria de Nedda de I Pagliacci por Anna Netrebko y Pappano, en pronunciar Nebretko).

 

Las dos Sonatas para piano de Rachmaninov por Nikolai Lugansky

El pianista moscovita (n. 1972), asociado más que a cualquier otro compositor precisamente a Sergei Rachmaninov, ya grabó hace años, en sus comienzos (Vanguard, 1993) la Segunda Sonata. Una interpretación extraordinaria, una de las mejores que recuerdo, de la versión revisada por el compositor en 1931 para hacerla un poco menos intocable. Porque la versión original, de 1913, algo más larga, es más intrincada aún y requiere un virtuoso dotado de un mecanismo poderosísimo. 

Dos décadas más tarde ha grabado la Primera Sonata y de nuevo la Segunda, pero en la versión original. A la Op. 28 la he calificado con un 9,5, pero a la Op. 36, un rotundo 10. Lugansky convierte el virtuosismo -que no carece de exhibicionismo de velocidad, limpieza y poderío- no en fin sino en medio, en un fuego alucinante. El 10 que le había asignado a la segunda grabación de Hélène Grimaud (DG 2005), tras escuchar esta de Lugansky, he decidido rebajarlo en medio punto. La toma de sonido de este disco Naïve (de la serie Ambroisie) también es, rotundamente, de 10.


DISCOGRAFÍA

Sonata No. 1, op. 28

1979 Sony       Ruth Laredo     12’54+8’41+13’34       8,5/8

1989 DG         Weissenberg    10’16+6’54+11’35       7/8

1998 Naxos     Idil Biret          14’25+9’56+16’38       9/9

2012 Naïve      Lugansky         13’18+8’32+14’18       9,5/10

 

Sonata No. 2, op. 36

1960 Sony       Van Cliburn (1913)                  09’52+08’13+7’04       8,5/7   

1968 EMI        John Ogdon (rev. 1931)            07’28+06’24+5’09       7/7                  

1979 Sony       Ruth Laredo (rev. 1931)           09’07+05’59+5’35       8,5/8   

1980 Decca     Ashkenazy (1913)                    10’25+08’00+7’05       9,5/8,5

1982 Sony       Horowitz (rev. Horowitz)         09’39+06’12+6’12       8/8

1985 DalSegno Grimaud (rev. 1931)                07’13+04’54+5’43       9/8

1989 DG         Weissenberg (rev. 1931)          06’01+04’44+4’32       8/8

1991 Naxos     Idil Biret (rev. 1931)                09’00+06’56+6’12       8/8

1993 Vanguard Lugansky (rev. 1931)               08’33+06’30+5’14       9,5/9

1995 Philips    Zoltán Kocsis (1913)               09’16+07’08+6’31      8/8,5

1998 Naxos     Idil Biret (1913)                       11’51+07’48+8’14       9/9

2003 Naxos     K.Scherbakov (rev. 1931)         08’33+06’54+5’29       9/9

2005 DG         Grimaud (1913/1931)               09’50+07’25+5’53       9,5/9

2005 EMI        Simon Trpceski (rev. 1931)      08’28+07’00+5’26       9/9,5

2010 Naxos     Antonii Baryshevskyi (rev. 31) 08’23+06’35+5’40       8/8,5

2012 Naïve      Lugansky (1913)                     10’28+06’54+7’12       10/10

2019 Sony       Pogorelich (1913)                    11’42+10’04+7’50       7/8

martes, 24 de noviembre de 2020

Dos pianistas: el sólido Lugansky y el más que prometedor Lu

 

Nikolai Lugansky vuelve a Beethoven

Como contribución al 250º aniversario del nacimiento de Beethoven, Nikolai Lugansky ha presentado un segundo disco de Sonatas del Gran Sordo. El primero, de 2005 y para Warner, con las Sonatas 7, 14 “Claro de luna”, 22 y 23 “Appassionata”, no me gustó gran cosa: se reconocía al gran pianista y al ejecutante excepcional, pero la sintonía con Beethoven era más bien dudosa. Este segundo disco, con las Sonatas 28, 30 y 32 y ahora para el sello Harmonia Mundi, me parece más logrado, si bien mantengo, aunque atenuada, parecida reserva. Escuchando estas versiones me he planteado -una vez más- en qué diantres consiste eso del estilo: están estupendamente tocadas -Lugansky posee uno de los mecanismos más sólidos entre los pianistas actuales- y la musicalidad es muy evidente, como también la voluntad por adentrarse respetuosamente en el tan especial universo del último Beethoven. Entonces, ¿qué es lo que hace que no convenza por completo? ¡Es tan difícil de explicar! Pero no es difícil sentirlo, si se tiene familiaridad con la música del compositor (y amor hacia ella). No es solo cuestión del sonido, que tampoco es del todo beethoveniano; hay algo más, algo que no le echas de menos en absoluto cuando le escuchas a Lugansky tocar Rachmaninov, Prokofiev o incluso Brahms… Es bastante misterioso… La toma de sonido es magnífica. 

Eric Lu irrumpe con Chopin, Schumann y Brahms

El último gran pianista joven que acabo de descubrir es el estadounidense de origen chino Eric Lu, de solo 22 años, que en 2018 resultó el máximo vencedor en el prestigioso Concurso Internacional de Leeds. Ha firmado un contrato con el sello Warner y su primer disco con él es mucho más comprometido que de lucimiento, que esto último es lo que suelen hacer los jóvenes que quieren comerse el mundo a toda prisa. Contiene los 24 Preludios op. 28 de Chopin, la primera pieza de la Op. 117 de Brahms y las Geistervariationen (Variaciones espectrales, o algo así), op. póst. de Schumann. Lu posee unos dedos muy de pianista, tan largos o más que los de Lugansky, y toca con una extraordinaria limpieza y soltura. Pero no es eso lo importante, pues esa cualidad abunda mucho entre quienes se presentan a las competiciones más reñidas. Su Chopin suena a Chopin, su Brahms a Brahms, y su Schumann a Schumann: lo que no es poco. Frasea con calma y aplomo, con un legato de primer orden, y tiene tendencia a la introspección; en alguna ocasión resulta un poco moroso de más (Preludios 15 y 20, por ejemplo), pero prefiero eso a lo contrario, pues denota voluntad no de epatar sino de profundizar; aunque pueda ocasionalmente resultar un poco excesivo o incluso pretencioso. Pero sus cualidades son muy descollantes en este disco: en unos hondos y particularmente dramáticos Preludios, que se pueden codear con los mejores en disco. También en el pensativo Andante moderato de Brahms y en las extrañas y esquivas Variaciones (1854) de un Schumann terminal, que acusan su desvarío mental, pues la música parece perder el hilo en más de una ocasión. La toma de sonido de este disco es también soberbia. Un pianista, Eric Lu, claramente, a seguir.

Anécdota

Acabo de encontrarme con esta descripción que hizo Carl Czerny, el principal alumno de Beethoven, y maestro a su vez de Liszt, sobre la manera de tocar del autor de la Sonata “Patética”: “Su temperamento y estilo de ejecución -al igual que sus obras, por otra parte- se adelantaban claramente a su tiempo. Por eso los pianos de entonces, muy débiles y técnicamente insuficientes, no podían adecuarse a su gigantesco estilo de ejecución, titánico en verdad”. 

Así que ya saben: ¡hay que tocar su música con un fortepiano, que es lo más auténtico!