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viernes, 27 de octubre de 2023

Culminación de dos ciclos sinfónicos: Shostakovich y Bruckner

 

Nelsons completa las Sinfonías de Shostakovich

Deutsche Grammophon pone fin a su ciclo sinfónico de Shostakovich a cargo de Andris Nelsons y la Orquesta Sinfónica de Boston, con el añadido del Coro del Festival de Tanglewood. Se trata de un doble CD con las números 2 “Octubre”, 3 “Primero de mayo”, 12 “El año 1917” y 13 “Babi Yar”. Las interpretaciones son admirables, pero el problema está en que las tres primeras de estas cuatro Sinfonías valen musicalmente muy poco; solo se salva, claro está, la última. Compuestas, respectivamente, en 1927, 1929, 1961 y 1962, las tres primeras son obras patrióticas muy espectaculares pero bastante vacías.

La Segunda expresaba, según el propio Shostakovich, “el pathos de la lucha y la victoria”: un lema que se podría aplicar a la Quinta de Beethoven. Pero ¡menuda diferencia! La Tercera, también con coro como la precedente, es plenamente jubilosa, pero casi tan retórica y vacua. Y bastante más larga. La Duodécima, dedicada a la memoria de Lenin, demuestra por descontado mayor oficio y madurez que esas dos, sobre todo desde el punto de vista formal, pero dista de ser una de las mejores de su autor; su retórica resulta bastante agobiante. Los cuatro movimientos de que consta se titulan “Petrogrado revolucionario”, “Razliv” (“Crecidas”*), “Aurora” y “El amanecer de la humanidad”.

La Décimotercera, por fin, es una obra de veras importante. El sobrenombre “Babi Yar” se refiere a la terrible matanza de judíos realizada por los nazis que tuvo lugar en un paraje de ese nombre, junto a Kiev: el 30 de septiembre de 1941 fueron asesinadas indiscriminadamente 33.771 personas de todas edades y arrojados sus cuerpos a un gran barranco. Sobre cinco poemas de Evgeni Evtuchenko, Shostakovich compuso para una nutrida orquesta, más un bajo solista y un coro solo de bajos, una de sus partituras más sinceras y emocionantes (desprovista, además, de efectismos). Magníficos tanto el Coro como la Orquesta, en cuanto al solista, se impone la fuerza expresiva de Matthias Goerne, con una voz cada vez más grave y cavernosa (vamos, yo creo que más que Wozzeck u otros barítono-bajos que ahora cultiva, podría hacer Hunding o Hagen. Ya he visto que ha pasado de hacer Papageno a Sarastro). La labor de Nelsons me parece absolutamente magistral. De las no muchas versiones que conozco (tampoco hay muchas) de las Sinfonías 2, 3 y 12, estas son probablemente las mejores. En cuanto a las de la 13, creo que aún me convence un poco más la de Riccardo Muti en Chicago con Alexey Tikhomirov (CSO 2020).

*Según explica Timothy Day, se refiere a la cabaña de un campesino situada a unos 60 kilómetros de Leningrado desde donde Lenin, escondido, dirigía sus actividades.  

 

… y Thielemann las 11 de Bruckner

Aunque resulte sorprendente, la Orquesta Filarmónica de Viena, ideal para Bruckner (y que posee grabaciones portentosas con, entre otros, Klemperer, Böhm, Karajan o Giulini), no había grabado un solo ciclo unitario con un mismo director. Pues bien, Christian Thielemann acaba de completarlo para Sony. Y no solo las numeradas del uno al nueve, sino también la“Cero Cero” (1863) y la “Cero” (1869).

He aquí las fechas de publicación de estas grabaciones y mis calificaciones: Cero Cero: 2023 (8/8); Cero: 2023 (8/8); 1ª: 2023 (8/8); 2ª: 2022 (8/8,5); 3ª: 2021 (8/8,5); 4ª: 2021 (7/8,5); 5ª: 2022 (7,5/8,5); 6ª: 2023 (7,5/8); 7ª: 2023 (8,5/8); 8ª: 2020 (7/8,5); 9ª: 2023 (7/8).

Como se puede ver, las tomas de sonido no me parecen a la altura de lo mejor que puede hoy lograrse; es más, tengo la impresión de que las que fueron registradas en primer lugar suenan con un poco más de presencia y pegada que las más recientes. No sé si también tendrá algo que ver con que, a lo largo de los pocos años que han transcurrido entre las primeras (y otras ediciones suyas con la Filarmónica de Múnich o la Staatskapelle Dresden), Thielemann parece que ha evolucionado un poco… a peor, en mi opinión. Ya no se trata de algunas excentricidades ocasionales -que parecen haber ido remitiendo-, sino de un gusto por un sonido menos robusto y hasta recio, sino más pulido y delicado, demasiado cerca de lo dulzón en ocasiones, y con propensión a exagerar los pianos o pianísimos. Recuerdo ahora lo que escribía a este respecto Aaron Copland, con lo que estoy totalmente de acuerdo: “El atractivo del sonido es una fuerza poderosa y primitiva, pero no debemos permitirle que usurpe una porción exagerada de nuestro interés. El plano sensual es importante en música, muy importante, pero no constituye todo el asunto […] No vaya a creerse que el valor de la música está en razón directa de su atractivo sonoro, ni que la música escrita por el compositor más grande sea la de sonoridades más deliciosas. Si ello fuera así Ravel sería un creador más grande que Beethoven”.

Y en este ciclo sinfónico bruckneriano no solo me estoy refiriendo a la sonoridad propiamente dicha, sino también a la expresión, a menudo menos dramática y sin la debida tensión. Habrá a quien le encante esto, pero no es mi caso. Lo que más siento es que Thielemann es, o sería, capaz de hacer un Bruckner extraordinario: ahí está el primer movimiento de esta Séptima, que podría ser una de las más grandes de no ser por la distanciada frialdad del “Adagio” y un cierto desinterés en los dos últimos movimientos.

 

He aquí mis versiones “diez”:

Cero: Barenboim/OSinfChicago DG 1981

1ª: Barenboim/OFilBerlín Teldec 1998

2ª: Barenboim/OSinfChicago DG 1981

3ª: Celibidache/OFilMúnich EMI 1987 · Barenboim/OFilBerlín Teldec 1996

4ª: Böhm/OFilViena Decca 1974 · Barenboim/StaatkapelleBerlin DeutschlandRadioKultur 2008

5ª: Klemperer/ONewPhilharmonia EMI 1967 · Solti/OSinfChicago Decca 1980

6ª: Celibidache/OFilMúnich EMI/*Sony 1991

7ª: Celibidache/OFilMúnich *Sony 1990 · Celibidache/OFilBerlín *EuroArts 1992 · Barenboim/OFilBerlín Teldec 1993 · Celibidache/OFilMúnich EMI 1994

8ª: Karajan/OFilViena *DG 1979 · Giulini/OPhilharmonia BBC 1983 · Celibidache/OFilMúnich *Sony 1990 · Barenboim/StaatkapelleBerlin DG 2010/*Accentus

9ª: Giulini/OFilViena DG 1989

 

Y una calurosa recomendación: el CD titulado “Verismo”, a base de preludios e intermedios operísticos veristas (Ponchielli, Puccini, Mascagni, Leoncavallo, Wolf-Ferrari, Cilea) que acaba de lanzar el sello Onyx a cargo de Domingo Hidoyan (armenio-venezolano, n. 1980, esposo de la soprano Sonya Yoncheva) al frente de la Orquesta de la que es director titular, la espléndida Royal Philharmonic de Liverpool. Hindoyan comprende y domina a la perfección el tan particular lenguaje de estas páginas, y más alicientes: el CD agrupa nada menos que 14 piezas, algunas muy poco conocidas, y las tomas de sonido son sencillamente magníficas.   

martes, 24 de enero de 2023

Tres discos: Kopatchinskaja, Matthias Goerne, Magdalena Hoffmann

  

Kopatchinskaja gibariza a Brahms, Bartók y Janácek

La inefable violinista moldava (n. 1977) ataca -discográficamente hablando- de nuevo. En un CD del sello Alpha recién aparecido junta, al lado del discutible pianista Fazil Say (¡Dios los cría…!) , tres admirables Sonatas para violín y piano: la Tercera de Brahms, la Primera de Bartók y la de Janácek. Da igual de qué compositor se trate: esta mujer no deja títere con cabeza. Su técnica no es desdeñable -tampoco es comparable a la de los mejores- pero lo que de veras llama la atención en ella es su horrible mal gusto. Con su sonido, casi incesantemente ratonero, sus múltiples ocurrencias -nunca hallazgos- se carga de plano esas tres obras maestras. El pianista se comporta casi todo el tiempo como una máquina de tocar el teclado, casi sin matices dinámicos o agógicos. O sea, un espanto. Pero vestir fuera de la norma, salir al escenario a tocar descalza, y romper con todo lo mejor de la tradición está visto que atrae a algunos melómanos, normalmente -es mi opinión, no hace falta que lo recalque- los más esnobs.

La primera vez que la escuché en directo (y, por suerte, la única: las restantes veces ha sido en disco) fue en el Concierto en Mi menor de Mendelssohn dirigiendo Vladimir Ashkenazy. En el intermedio me encontré con Alfonso Aijón y no pude evitar decirle, me salió del alma: “¡Es lo más malo que he escuchado en los centenares de conciertos de Ibermúsica a los que he asistido!”. Aijón ni me contestó (¿?). Lo que me deja boquiabierto es que esta violinista ha actuado con al menos dos directores muy importantes: Mariss Jansons y Andris Nelsons. No lo puedo entender. ¿Será solo porque la Kopatchinskaja, como tiene su público, vende?... (Claro, que también pudieron ser encerronas, y que a lo mejor estos dos no han vuelto a dirigirla…)

 

“Schubert revisitado” por Matthias Goerne. ¿Por qué?

Matthias Goerne protagoniza un CD recién editado por DG. Se trata de una colección de 19 Lieder con acompañamiento (nunca mejor dicho: suena como una casi permanente aureola) no de piano, sino de orquesta. Aquí es la Deutsche Kammerphilharmonie Bremen, parece que sin director (¿acaso el propio Goerne?...). En mi opinión, estas orquestaciones del pianista Alexander Schmalcz, que ha colaborado en ocasiones desde el teclado con Goerne -y otras que había escuchado anteriormente- no me satisfacen, sino todo lo contrario. La supresión del piano me parece un grave error, pues forma parte de la música de estos lieder: es auténtico coprotagonista de la voz, y ambos son indisociables. Ignoro, claro, si otros orquestadores de mayor talento lograrían que se echase menos en falta el piano; pero, la verdad, lo dudo. El disco me convence escasamente, pese a que Goerne es un cantante -ya más bajo que barítono- extraordinario, y un penetrante intérprete del lied en general. Un disco, para mi gusto, superfluo.

 

Una excelente arpista: Magdalena Hoffmann

Ya tiene varios discos para el sello DG. Este, titulado “Nightscapes” (se supone que es una contracción de “Paisajes nocturnos”), aparecido en 2022, es el primero que le escucho. Solista de la Orquesta Sinfónica de la Radio Bávara desde 2018, posee un dominio técnico envidiable, una sonoridad de extraordinaria riqueza y variedad y, por encima de todo -lo más importante- una musicalidad exquisita.

El programa, en su mayor parte transcripciones y que comienza con un Nocturno de Ottorino Respighi, contiene otra pieza de Clara Schumann con el mismo título, añade páginas de Ildebrando Pizzetti, de los arpistas Marcel Tournier y Henriette Renié, de Fred Hersch, de Jean-Michel Damase, la estupenda Suite para arpa, op. 83, de Britten, dos Nocturnos de John Field y, de Chopin, tres Valses y otro Nocturno (el Op. 48/2). Las piezas del genial polaco, por descontado las más conocidas del disco, están interpretadas con tan atinada intención y resueltas con tal fluidez que dan buena idea de la estatura musical de esta joven (y guapísima: siempre aparece en las portadas de los discos) instrumentista.

jueves, 16 de junio de 2022

Discos recientes (menos uno)

 

 

George Li (Boston, 1995) lanzó en 2019, bajo el sello Warner, un disco en el que muestra sus muy destacables dotes: como virtuoso en las tremendas Reminiscencias de Don Giovanni de Franz Liszt, un especial sentido del color en los Juegos de agua del mismo autor y un considerable calado poético en su Soneto 104 de Petrarca. Algo menos me ha interesado su intervención, demasiado tendente a lo espectacular, en el Primer Concierto de Tchaikovsky, en parte debido sin duda a la poco convincente labor directorial de Vassily Petrenko, al frente de una algo deslucida Filarmónica de Londres. Por cierto, en 2015, con veinte años de edad, Li obtuvo la medalla de plata en el Concurso Tchaikovsky de Moscú.  

 

Dong Hyek Lim (Corea del Sur, 1984), el ganador más joven en 2001 de Concurso Marguerite Long/Jacques Thibaud de París en toda su historia. El disco que ha publicado el sello Decca con las dos últimas Sonatas de Schubert, la D 959 y la D 960, contiene dos interpretaciones muy estimables, teniendo además en cuenta la gran dificultad musical de estas dos maravillosas composiciones. La elección de este repertorio tiene especial mérito, y los resultados, de considerable hondura, son especialmente notables en la primera de ellas. Otro (¡otro!) pianista cuya carrera merece ser seguida.

 

Deutsche Grammophon ha publicado en un doble CD un magnífico, interesantísimo programa de lieder a cargo del barítono Matthias Goerne y el pianista Daniil Trifonov, lo que de entrada me ha parecido una colaboración tan inesperada como extraña. Comienza por los 4 Gesänge op. 2 de Alban Berg, continúa con el excelso ciclo de Schumann Amor de poeta, con los 3 Gedichte sobre Miguel Ángel de Hugo Wolf, con la Suite sobre versos del mismo pintor y escultor, op. 145 de Shostakovich y cierra con los impresionantes Cuatro Cantos serios de Brahms. De entrada señalo que Goerne ya no es un barítono, sino un bajo, de voz además cavernosa y negra, al que le cuesta subir a ciertas notas agudas de la tesitura baritonal, eludiendo algunos agudos opcionales pero frecuentes (por ejemplo, habituales en los registros discográficos de su maestro, el inconmensurable Dietrich Fischer-Dieskau). Pero lo principal es que sigue siendo un admirable cantante y un consumado intérprete del lied -lo es aquí en todos los casos-, campo en el que por ahora ha sobresalido más que en el operístico. Pero en cuanto a Trifonov, tengo que decir que mis sospechas se han visto bastante fundadas: intenta erigirse en más protagonista de lo que corresponde y, aunque no faltan los momentos espléndidos, en otros aflora el virtuoso-mecanógrafo que está aquí bastante fuera de lugar. Ambos defectos son apreciables en varios de estos lieder, por ejemplo, en “Ich grolle nicht” del ciclo de Schumann.

 

El Cuarteto Modigliani acaba de grabar todos los Cuartetos de Schubert para el sello Mirare. Se trata de una integral a tener en cuenta entre las pocas que de veras merecen la pena. Formado en 2003 por cuatro estudiantes del Conservatorio de París, han perfeccionado su formación musical con dos cuartetos tan destacados como el Ysaÿe y el Artemis. En esta integral, de la que escuchado el D 87, el Quartettsatz D 703 y los tres últimos (D 804 “Rosamunda”, D 810 “La muerte y la doncella” y D 887), no se andan por las ramas: con un bagaje técnico de primer orden, van directos a la entraña de la música, ahondando sin complejos en el drama que tan a menudo subyace en ella. Pero tampoco descuidan lo que Schubert tiene de risueño y de excelso melodista. Las tomas de sonido son satisfactorias. De todos modos, quiero señalar que lo mejor que les he escuchado es el Octeto de Schubert (Mirare 2020), una maravillosa interpretación aún superior a estas, debido seguramente a la presencia -y parece que liderazgo- en esa grabación de la sensacional clarinetista Sabine Meyer. Aprovecho aquí para recomendar esta interpretación -de sonido muy vienés- como la más hermosa que conozco, además de estar magníficamente grabada.  

miércoles, 26 de mayo de 2021

Un reciente "Wozzeck" en DVD y Blu-ray: Goerne y Jurowski

 

Goerne, Grigorian, Jurowski y Kentridge en Salzburgo

Tenía mucha curiosidad por ver y escuchar el Wozzeck representado en Salzburgo el año 2017, producción de Unitel distribuida en DVD y Blu-ray por Harmonia Mundi, de soberbia calidad técnica. Me ha satisfecho algo menos de lo que esperaba. Porque sinceramente creía que Matthias Goerne me iba a convencer más en el rol protagonista. Es un gran, muy gran cantante, pero no sé si ha penetrado lo suficiente en el personaje, uno de los más complejos del repertorio de todos los tiempos. Talento no le falta, pero sí quizá rodarlo un poco más… y trabajarlo con un director de escena -en este caso William Kentridge- más sensato y escudriñador del maltratado soldado. Está muy bien cantado y bastante bien expresado a través de la voz, que aun así muestra algunas debilidades puramente vocales para su parte. He comparado algunas escenas suyas con Franz Grundheber (en la versión de Barenboim y Chéreau) y, la verdad, le falta bastante para alcanzar la angustia, fragilidad y tormento de Wozzeck, así como también su fiereza. De los intérpretes de este papel a los que he podido ver (a Fischer-Dieskau solo lo he podido escuchar) es, con diferencia, Grundheber (también con Abbado) quien más me ha convencido y conmovido.  

Intérpretes en parte ¿desaprovechados?

Marie está encarnada por la soprano Asmik Grigorian (Vilna, 1981), una lírica ancha de hermoso centro, pero algo tasada tanto por arriba como, más aún, por abajo. No es capaz de expresar con intensidad la gran fuerza interior del personaje, sensual y patético, y, como actriz, tiende a sobreactuar. O sea, a cierta distancia de Waltraud Meier, intérprete y actriz consumada. Muy bien el Capitán de Gerhard Siegel, si bien como actuación escénica se queda un poco corto. Más aún le ocurre algo así al Doctor de Jens Larsen, bastante plano y sin embargo pasado de rosca. Bien el Tambor mayor de Jens Daszak, y algo pálido el Andres de Mauro Peter. E irrelevante Heinz Görig en el corto pero decisivo papel del Idiota. Me da la impresión de que todos ellos tienen cualidades para hacerlo mejor con un régisseur más trabajador y convincente… y quizá también con una batuta que no se limite a atender a la orquesta. Se desarrolla en un escenario caótico, sobrecargado de chismes y de proyecciones, muchas innecesarias cuando no inadecuadas y que casi siempre distraen. Quienes no conozcan bien la trama, probablemente no entenderán bastantes situaciones. Absurdamente, el hijito de Wozzeck y Marie es un muñeco… incluso cuando canta/habla en el demoledor final de la ópera.

La dirección musical de Vladmir Jurowski es analítica, nítida y potente, a veces hasta un cierto exceso decibélico (algo más de ruido que de nueces…). Muy bien tanto el Coro de la Ópera Estatal como el de niños. Pero ¿qué ha sido para mí, con mucho, lo que más me ha hecho disfrutar? La actuación de una memorable Filarmónica de Viena, orquesta que ya ostentaba la primacía absoluta en la grabación de audio para Decca de Christoph von Dohnányi.

martes, 10 de noviembre de 2020

Dos discos de "Lieder" en Deutsche Grammophon

 

El sello amarillo ha publicado este año un disco de Lieder dedicado a Beethoven, a cargo del barítono Matthias Goerne con el pianista Jan Lisiecki, y, muy recientemente, un programa Schumann/Brahms por Elina Garanca y Malcolm Martineau. De la escucha de uno tras otro pueden extraerse algunas conclusiones interesantes.

Beethoven por Goerne y Lisiecki

El CD de Beethoven contiene una colección espléndida, los 6 Lieder sobre poemas de Gellert, op. 48, el bellísimo miniciclo -primer ciclo, de hecho, de la historia- An die ferne Geliebte (A la amada lejana, o ausente), op. 98, y otros once lieder aislados. Es una notable contribución discográfica a este atípico “año Beethoven”, pues no en vano Goerne (n. 1967) es, hoy por hoy, uno de los más extraordinarios intérpretes del género (junto, sobre todo, a Christian Gerhaher), y hace ampliamente gala de esas capacidades. Aunque su voz, engrosada y que tira hacia abajo (hacia el registro grave, hacia las características de los barítonos-bajos) y que ha perdido sin duda belleza desde sus comienzos, sigue siendo un cantante capaz de dominar admirablemente los resortes del canto. 

Pero, más importante aún, sabe muy bien lo que se trae entre manos en el mundo del lied, sabiendo adaptar sus sonidos y sus intenciones al carácter de cada canción, siguiendo la línea del maestro de maestros, Dietrich Fischer-Dieskau (de quien recibió clases magistrales), aun sin escalar hasta las alturas de este. El joven pianista con el que ha contado, el talentoso Jan Lisiecki (n. 1995), es valiente y arrojado, pero en determinados lieder queda muy a la vista su inmadurez, particularmente en el ciclo Op. 98. En algunos títulos su intervención es acertada, pero no en todos: lástima, pues podría haber sido uno de los mejores discos beethovenianos de este repertorio, y no termina de serlo, o no lo es siempre. La grabación, muy equilibrada entre voz y piano, me parece ejemplar.

Schumann y Brahms por Garanca y Martineau

Nadie, que yo sepa, pone en duda que Elina Garanca posee uno de los timbres de mezzosoprano más bellos escuchados en muchos años, y también que es una cantante consumada, que gobierna su materia vocal con un magistral legato y con una maestría técnica muy fuera de lo normal. Pero yo pregunto: ¿bastan estas cualidades para ser una gran intérprete del lied? A juzgar por este disco, creo que el primero en el que cultiva este género germano, no del todo. Como ya se aprecia en el bellísimo ciclo de Schumann Frauenliebe und -leben (Amor y vida de mujer), es una pura delicia escuchar su voz y su línea de canto, pero no es del todo capaz de darle a cada lied un tono, un color, una expresión particular. Por ello percibimos una cierta uniformidad a lo largo del ciclo, que puede provocar un átomo de monotonía en la transmisión de su expresividad. 

En los trece lieder de Brahms -que tan bien casan junto a los de Schumann-, aun dentro de su diversidad, puede ocurrir algo similar. Algunos me han parecido, aisladamente, admirables (otros, como Liebestreu, no tanto), pero la escucha continuada de ellos vuelve a denotar la cierta limitación de variedad expresiva señalada antes. Es lo que diferencia a algunas grandes, incluso grandísimas cantantes (como Garanca) de las mayores intérpretes de lied: Elisabeth Schwarzkopf, Janet Baker o Jessye Norman, por ejemplo. Es muy probable que Garanca se desenvuelva mejor en otros terrenos de la canción clásica; en la francesa, posiblemente, como consta -aunque sea en pocos ejemplos- que le ocurre con la española. En cuanto al pianista, Martineau, creo que muestra notables altibajos: en la mayoría de las piezas resulta más acompañante que cointérprete, si bien en lieder como Heimweh convence plenamente. Esta posición suya un poco subsidiaria frente a la voz ha sido, parece, acrecentada por la toma de sonido, que relega al piano a un cierto segundo plano. Lo que no es para Schumann o para Brahms, en absoluto, un acierto.