lunes, 19 de diciembre de 2011

A Mahler le sienta bien la sobriedad. La “Sinfonía Resurrección” por Boulez en Blu-Ray

Al lanzarse en Blu-Ray, he vuelto a escucharme y verme la Sinfonía “Resurrección” de Mahler por Pierre Boulez y la Staatskapelle Berlin (EuroArts). Lo primero que me ha llamado la atención es que no sólo se ve mucho mejor que en el DVD, sino que también suena mucho mejor. O sea, de maravilla.

Pero lo más importante es cómo he disfrutado a fondo con una obra que a menudo los directores de turno me amargan. Incluso, a ratos, Bernstein tanto con la Sinfónica de Londres (DVD de D.G.) como en su grabación de audio para el mismo sello con la Filarmónica de Nueva York. Sí, lo hace por las numerosas (y para mí innecesarias) licencias que se toma, sobre todo en el primer movimiento, ese portentoso sucesor del Totenfeier, en cuanto al tempo y la dinámica. (Reconozco, sin embargo, que el final coral de la referida versión con imágenes es el más exultante y emocionante que he escuchado nunca).

Pues bien, Boulez, totalmente en la estela de Klemperer, ejemplar para mí, dibuja de un solo trazo, sin la menor concesión y con un control impresionante de las tensiones, toda esa portentosa página inicial, la cumbre de la obra junto a la conclusión vocal. Y, entre medias, no resulta en absoluto cargante con las languideces y los empalagos tan en boga. Incluso no irrita demasiado en toda la excesivamente prolija primera parte –el scherzo, con todas las fanfarrias y tamborradas– del dilatadísimo último movimiento.

Excelentes tanto la soprano Diana Damrau, nada ñoña, como Petra Lang, una auténtica contralto, y el Coro de la Ópera Estatal berlinesa, preparado por Eberhard Friedrich (el maestro de coros de Bayreuth). Esta es, desde luego, mi “Resurrección” favorita en DVD, y una de las que más en cualquier soporte.

Y absolutamente sensacional la Staatskapelle Berlin (igual que en la Novena de Mahler con Barenboim: sus dos DVDs mahlerianos son ejecuciones de antología). Barenboim, por cierto, estaba presente, junto a su hijo Michael (¡violinista que va atreverse en Milán con el pavorosamente difícil Concierto de Schönberg!) en la sala de la Philharmonie berlinesa en la interpretación de esta Segunda Sinfonía, filmada el mismo día que Boulez cumplía, en plena forma, sus 80 años. ¡Larga vida al compositor y director francés!

sábado, 17 de diciembre de 2011

Fleming, Eschenbach y la Filarmónica de Londres en Ibermúsica

El concierto de Ibermúsica (Auditorio Nacional, 16 de diciembre de 2011, ¡a las 22,30 h!) con la Filarmónica de Londres dirigida por Christoph Eschenbach contó con Renée Fleming para los Cuatro Últimos Lieder de Strauss. Tengo la grabación de estos intérpretes, con la Sinfónica de Houston (RCA 1996) como mi favorita después de la mítica e incomparable de Schwarzkopf y Szell (EMI 1966). Más recientemente, con Thielemann (Decca 2008), ni la soprano norteamericana ni la batuta alcanzan tal grado de inspiración.

Pues bien, en el concierto, hubo en la voz muchos destellos de la maravilla del disco RCA, pero Fleming estuvo algo resevada en las dos primeras canciones e incluso sobreactuó un poco o recurrió a ciertos tics que asoman en ella de vez en cuando. Por fin en las dos últimas dio rienda suelta no sólo a su espléndido caudal sonoro, sino que además se entregó con voluptuosidad a la excelsa música. Se trata, por supuesto, de una voz –cuya pureza sigue casi intacta– straussiana a más no poder, por belleza, morbidez, maleabilidad, estilo y línea de canto. También se entregó por entero en el precioso bis, Waldseligkeit. En ésta y en las otras canciones, Eschenbach dio lo mejor de sí, combinando felizmente inspiración y emoción. Al final del último de los Cuatro Lieder, aun antes de que la soprano cante las últimas palabras, Eschenbach fue rallentando de modo portentoso, para acabar en un clima de serenidad extática. Toda una experiencia, que deja bien de manifiesto la altísima talla musical del otrora notable pianista y hoy director capaz de auténticas maravillas (como esa hondamente conmovedora Novena de Mahler con la Orquesta de París, disponible en imágenes en la página de la orquesta).

Antes había ofrecido una noble, elegante y confortable, demasiado circunspecta Obertura de Tannhäuser que no me convenció gran cosa, pues está ausente de ella toda exaltación del amor carnal que desborda la página. Algún brusco tirón en el tempo y destacar en excesivo primer plano algunos dibujos que deben percibirse, pero permanecer en segundo, fueron otros aspectos que no me terminaron de gustar.

La segunda parte la ocupó una Séptima de Beethoven muy bien –a mi entender– planteada, pero no tan bien realizada. Robusta, poderosa, densa, apasionada, rítimicamente muy marcada, con un “Allegretto” despacioso (llevado, acertadamente para mí, más bien como un “andante”) y de marcado aire fúnebre, un scherzo algo tumultuoso y no del todo limpio y claro, y un finale absolutamente orgiástico –lo que me parece estupendo–, pero que no resultó. Algo falló, y creo que pudo ser un problema de regulación de la tensión, de pulso y de técnica –que, me parece, no está a la altura de su musicalidad–. La orquesta, además, no está en su mejor momento. A pesar de sus cualidades y de su entrega, tuvo bastantes “más y menos”, como un tremendo y bastante prolongado desajuste (cinco segundos pueden parecer una eternidad) nada más empezar, el referido emborronamiento del scherzo y, salvo el solista, unas trompas de sonido rudo y un poco fuera de control (unas trompas que tiempo atrás fueron la repanocha, sobre todo por su sonoridad “vienesa”). Lo mejor sigue siendo la cuerda, de muy bello, aterciopelado sonido.