El legado discográfico de Pierre Boulez como director es
ingente. En sus primeros tiempos, antes de empezar a grabar para CBS/Sony, se
limitó casi solo a música del siglo XX, bien fuesen clásicos o compositores
entonces muy recientes: la precisión de las interpretaciones de estos es
incuestionable, y también aportó a aquellos, a los clásicos de la primera mitad
del XX -de Stravinsky a Webern- un conocimiento profundo, una lucidez y una
nueva forma de enfocarlos indudable. Sus quejas de que en su país (y no solo en
él) los intérpretes no entendían la música de la Segunda Escuela de Viena
parece que eran muy ciertas. El hecho de que él fuese compositor le ayudó no
poco a comprender a fondo unas y otras músicas.
Con el tiempo, fue ampliando su radio de acción, pero en mi
opinión con diferentes grados de acierto. Por ejemplo, sus tempranos Wagner
valen, sobre todo vistos desde hoy, bastante poco: su Parsifal para DG pretendió una desmitificación que dejó la
partitura en el esqueleto, desprovista de gran parte de su belleza y su
trascendencia (se esté o no de acuerdo con la teología parsifaliana); esa desmitificación sí la lograrían con
éxito, sin devaluar precisamente la música, Solti y Barenboim.
En cuanto al famoso Anillo
del nibelungo, también en Bayreuth, que le filmó Philips/DG, creo que su
notoriedad (en un principio recibió sobre todo furibundos ataques de los
wagnerianos más conservadores) se debe a la rompedora y genial escena de
Patrice Chéreau, pero musicalmente Boulez aportó bien poco que merezca la pena
ser conservado, privándole de gran parte de la grandeza, la hondura y el tremendo
sentido trágico que la música encierra.
Pero Boulez grabó para CBS/Sony, con las Orquestas
Sinfónicas de Londres y de la BBC, con la de Cleveland y la Filarmónica de
Nueva York, multitud de obras de clásicos del XX realmente admirables, tanto de
los tres grandes compositores de la Escuela de Viena como de Bartók, de Debussy
y Ravel, de Scriabin, Falla, Varese, Messiaen, Carter, Kurtág o de su propia música. Las
aportaciones artísticas de estas interpretaciones son globalmente muy
importantes, aunque en algunos casos resulten controvertidas. Las etiquetas de frío,
puramente analítico y cerebral que muchos le habían colgado desde que comenzó a
dirigir pudo comprobarse que en demasiadas ocasiones, y cada vez más, resultaban
simplificadoras o del todo impropias. Ya por entonces comenzó a interesarse por
Berlioz y por Mahler, del que realizó un Das klagende
Lied completo (más tarde lo haría sin su primera parte, Waldmärchen) y el Adagio de la Décima Sinfonía. También grabó por esos años para el sello Erato.
Su etapa más fructífera en cuanto a cantidad de grabaciones
se la brindó en sus últimos años Deutsche Grammophon, con la que amplió la
lista de orquestas a cuyo podio se subió, incluyendo las más grandes:
Filarmónicas de Viena y Berlín y Sinfónica de Chicago. Volvió a incidir en sus compositores, pero abordó otros
nuevos, como Bruckner, Liszt, Janácek o
Szymanowski, incluso algunos que él había antes denostado, como Richard Strauss
(un intersantísimo Zaratustra en
Chicago). Se convirtió, pues en -de alguna manera- en un intérprete menos
radical y más clásico, y no solo por extender hacia el pasado su repertorio,
sino también por su forma de entender la música, limando por así decirlo -solo
en ciertos casos, no siempre- sus anteriores aristas. En estos años son muy
numerosos los logros extraordinarios que ha dejado, sobre todo en una amplísima
colección Béla Bartók y en su renovador, sobrio y ensencializado ciclo Mahler
(todas las Sinfonías y los Lieder orquestales). En cambio, para mi
gusto, algunos de los Stravinsky, los Debussy y los Ravel de esta etapa son
menos interesantes y conseguidos que los suyos anteriores; algunos, recalco.
Por suerte, en los últimos años se dejó también filmar en no
pocas ocasiones; en ellas puede apreciarse su aparente impasibilidad, que suele
desmentir lo que suena. Varios de estos filmes me parece que recogen muchos de
los mayores logros de toda su carrera: su Pájaro
de fuego (completo) con la Sinfónica de Chicago (TDK/EuroArts), su Primer Concierto de Bartók
(Barenboim/Filarmónica de Viena, C Major), el Concierto para orquesta del mismo autor (Filarmónica de Berlín,
Lisboa, EuroArts); Das klagende Lied
(Filarmónica de Viena, C Major), la Sinfonía
"Resurrección" (Staatskapelle Berlin, EuroArts), Des Knaben Wunderhorn más el Adagio de la Décima de Mahler (Orquesta de Cleveland, Accentus); Desde la casa de los muertos de Janácek
escenificada por Chéreau (Orquesta de Cámara de Europa, Aix-en-Provence, DG), sus
propias Notations I-IV (Filarmónica
de Viena, Arthaus), y su última grabación: los dos Conciertos de Liszt (Barenboim/Staatskapelle Berlin, Accentus).
En su nota necrológica sobre Boulez ("El País",
7-I-2016) Jorge Fernández Guerra afirma que la "reputación [de Boulez] se
reservará a lo que siempre queda y atraviesa el tiempo: su música". De
acuerdo, pero parece olvidarse de que un legado discográfico y videográfico
también permanecerá, y el suyo es uno de los más extensos y decisivos.
Muy bien su repaso discográfico pero de Boulez siempre me ha llamado la atención su capacidad para la publicidad. Eso de atacar a todo lo que se mueve con tal de llamar la atención. Dijo herejías de Mahler, del que luego lo grabó todo. Y así sucesivamente. Rompedor era Bartok, que no tuvo que atacar a nadie. Igual Wagner, o Debussy. No digamos Schoemberg. Hay artistas renovadores y otros culminadores. Que se lo pregunten a Mozart. Y parece que siguió hasta el final abominando de lo que no es transgresión, pero dirigiendo lo que atacó. Menos mal que no llegó a Chostakovich. Ahora todo son parabienes. Pero me queda la duda: Si la composición era lo importante, ¿porqué no le dedicó mas tiempo?
ResponderEliminarEstimado Bruno: no estoy seguro de que "atacase a todo lo mque se mueve" para llamar la atención. ¿Qué te hace pensar que no era lo que de verdad pensaba? Tampoco sé de dónde sale que la composición fuese lo (más) importante. No sé si es que él dijo eso en alguna ocasión; de ser así, tal vez cambió de opinión, o bien la "fuente de inspiración" se le secó...
EliminarHace tiempo que leí ya cosas en las que atacaba las que no eran lo de él. Una postura muy común con la escuela de Viena, lo que no es mi camino está errado. Pura intransigencia. Un sólo camino para el arte. Siento no poder darle esas referencias. Creo que me llamó mucho la atención un prólogo a un libro de o sobre Bruno Walter. Ya hace muchos años.
ResponderEliminarLe acompaño de una serie de enlaces de ahora mismo:
http://cultura.elpais.com/cultura/2016/01/06/actualidad/1452106758_143536.html
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/03/26/actualidad/1427388004_707126.html
http://elpais.com/elpais/2013/06/18/eps/1371549174_474928.html
http://cultura.elpais.com/cultura/2016/01/06/actualidad/1452112032_547533.html
http://cultura.elpais.com/cultura/2016/01/06/actualidad/1452109413_601301.html
En cualquier caso con una persona de su cultura soy muy retincente. Sibelius está muy bien, pero no es lo mío, podía haber dicho. Mozart no revolucionó la música, bastante hizo con su síntesis, podía haber dicho. Hay sitio para (casi) todos, afortunadamente.
Creo que hay que entender las declaraciones de Boulez en su contexto. En el período de entreguerras las vanguardias se combatieron desde el poder en Europa, tanto en las zonas afectadas por los fascismos como en las comunistas, mientras que en EE.UU., tierra de acogida, no parecían tener ningún interés. Las consiguientes diásporas, aceleradas por la guerra, no hicieron más que agravar la situación, caracterizada por un "corte" de los procesos evolutivos que se venían desarrollando en Europa (en la música y en otras artes). Tras la guerra (la segunda mundial) Boulez, junto a otros jóvenes, debió sentir la necesidad de conectar con esas vanguardias interrumpidas y seguir el camino que, idealmente, habrían seguido de no interrumpirse. Las vanguardias de entreguerras no habían tenido la oportunidad de seguir evolucionando, ni de afectar los repertorios o la enseñanza. A esto debió sumarse la masiva aportación estatal a la cultura en los estados del bienestar de postguerra (educación musical, interpretación y difusión de la música, etc.), con un sesgo muy conservador en líneas generales.
ResponderEliminarEs interesante leer las necrológicas del New York Times dedicadas a Boulez, y el recuerdo de sus temporadas como titular de la Filarmónica de Nueva York, que acaban en 1977. Sus programas eran muy variados, combinando música de un espectro más amplio que el que llevó al disco. Por cierto, su último concierto en Nueva York como titular acabó con la Quinta de Beethoven, de la que hay una grabación anterior, con la Philharmonia, de 1969 creo (caja dedicada a Boulez por Sony), que es sorprendente. Quizás se recuperen estos conciertos, y podamos escuchar a Haydn o música barroca dirigida por él.
Como compositor pasará a la historia, y también como gran divulgador de la música. Pero hacer de divulgador de Brahms o de Bruckner hoy no tiene quizás demasiado sentido (salvo para componer programas atractivos para todos los públicos, y él lo hizo). Él fue un gran divulgador de lo que necesitaba conocimiento y aceptación, y quizás también de compositores del pasado olvidados (Liszt es un ejemplo) o interpretados de forma discutible (y él entraba en la discusión). Quizás en este último aspecto es donde yo sería un poco crítico: sus interpretaciones de los grandes nombres del repertorio asentado, siendo magníficas, no siempre son todo lo diferentes que uno esperaría de una personalidad tan radical e inconformista como Boulez, y tampoco consideró que debía o podía revisar de forma significativa grandes áreas del repertorio (aunque esa Quinta de Beethoven apunta a lo que pudo haber sido, a la espera de ediciones radiofónicas).
Todo lo que dice Nemo es cierto. Siempre ha habido renovadores, inventores y consolidadores. Lo que siempre me ha llamado la atención es que manifestaba que la ÚNICA vía válida era la suya. En composición. En dirección no sé porque dirigió a compositores que dijo que abominaba. ¿Marketing?
ResponderEliminarCarrascosa no ha entrado en Boulez compositor, sino en Boulez director, así que la polémica sobre el primero no ha lugar. Lo que creo que hay que decir bien claro es que, no solo en cantidad, Boulez ha sido el director que más ha aportado como director a la interpretación de la música del siglo XX: "clásicos" y "vanguardistas". L.M.G.
EliminarPor descontado. Sólo he hecho alusión a su labor de director por la incorporación a su repertorio de autores que menospreció siendo ya talludito. Evidentemente se quería hacer un hueco exclusivo en su faceta de compositor, según lo que sé. Pretensión innecesaria que no lo hace más grande y lo puede empequeñecer.
ResponderEliminarBoulez como intérprete en discos nos cuenta una historia, nos presenta un relato.
ResponderEliminarLos conciertos seguían otro criterio, especialmente en Nueva York.
Boulez ha grabado la historia de la música moderna, sus antecedentes. Empieza en Liszt y sigue con Wagner. Salta a Mahler. Graba solo una obra de Strauss, tratando de decir con ello que en un principio Strauss fue vanguardia, pero que se desvió, quedando fuera de su relato. Pasa a la Segunda Escuela de Viena. Esa es la rama austroalemana.
La rama francesa incluye a Debussy y Ravel, y después a Messiaen, hasta él.
Hay otra corriente de heterodoxos, como Stravinsky, Bartok o Scriabin, que conectan parcialmente con las anteriores corrientes principales, recibiendo o aportando influencias.
Esos ríos desembocan en el serialismo de posguerra.
Toca puntualmente a otros autores, pero no de forma sistemática (Strauss es un ejemplo, o Bruckner), porque los considera ajenos a esta evolución de la música moderna, aunque pudieron estar conectados algún momento.
No creo que Boulez grabara lo que le gusta, sino lo que necesita para contar su historia.
Nemo, creo que tienes toda la razón. Muy atinado tu razonamiento. Ángel.
EliminarYo he estados estos días escuchando Le Marteau san maitre de Boulez en su segunda versión CBS y la sonata para chelo de Shostakovich en versión del propio autor con Danil Shafran; y qué quieren que les diga, que si alguien quiere el disco de Boulez se lo regalo.
ResponderEliminarAAL
La música de Boulez es muy difícil de comprender, pero la mayor parte de los entendidos la tienen por muy importante; o sea, lo contrario que la efectista, aparatosa y tantas veces banal música de Shostakovich. En todo caso, comparar a Shostakovich con Boulez es algo así como comparar a Rachmaninov con Webern. Luis H. L.
EliminarHe escuchado varias veces dos discos de la Segunda Escuela de Viena dirigidos por Pierre Boulez, el Concierto de violín de Alban Berg con Yehudi Menuhin (EMI) y el más reciente Concierto de piano de Schoenberg con Mitsuko Uchida (Sony). El de Alban Berg creo que lo conservaré y volveré a escucharlo más adelante, tiene algunos momentos de belleza y emoción. El de su maestro Arnold es más difícil de disfrutar; vaya, creo que aparte de al Gran Pierre y al Gran Daniel Barenboim, ¿hay alguien a quién le guste?
ResponderEliminarAAL
Te aseguro que hay más personas a las que también nos gustan los Conciertos de Schoenberg. Son obras mucho más difíciles de asimilar que el Concierto de Berg, que tiene fuertes raíces "románticas". Aparte de Boulez y Barenboim, los Conciertos de Schoenberg han interesado, hasta el punto de interpretarlas o grabarlas, a pianistas como Ax, Gould, Pollini, Brendel, Aimard o Serkin padre e hijo, violinistas como Znaider, Amoyal, Zeitlin, Hilary Hahn o Michael Barenboim y directores como Mitropoulos, Salonen, Gielen, Kubelik, Abbado, Belohlávek y seguro que muchos más que ahora no recuerdo. Por algo será, digo yo.
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