Otro joven director con muy buenas trazas
Alessandro Crudele, director italiano bastante joven aún al que no conocía, firma al frente de una soberbia Orquesta Philharmonia una estupenda, sugerente y muy sentida versión de los maravillosos Cuatro interludios marinos de Peter Grimes de Britten, en curioso acoplamiento con el magno y tan comprometido Concierto para violín de Elgar, el más extenso de los importantes de su género. El solista es Michael Barenboim, el violinista de su generación (n. 1985) que más difíciles charcos ha pisado: Conciertos de Beethoven (sí, dificilísimo musicalmente hablando), Berg o Schoenberg, la Sonata para violín solo de Bartók, composiciones de estricta vanguardia (Berio, Boulez, Sciarrino, Widmann)… El enfoque con que abordan el Elgar, menos fulgurante que de ordinario (Chung/Solti; Perlman/Rohzdestvensky y Barenboim; Takezawa, Znaider o Hilary Hahn: los tres con Colin Davis), es sin embargo más intimista y doliente (más en la línea, así, de Menuhin/Boult, Ida Haendel/Boult o de Zukerman/Barenboim). Un disco del sello Linn estupendamente bien grabado.
Hélène Grimaud vuelve a dos de sus autores favoritos, Schumann y Brahms, en un CD de la etiqueta DG titulado “For Clara”. Espléndida interpretación de la Kreisleriana, con algún momento (No. 7, “Sehr rasch”) quizá casi descontrolado -cualidad, sin embargo, muy schumanniana, músico proclive a los excesos temperamentales-. Admirables de todo punto los 3 Intermedios op. 117 de Brahms (que ya había grabado en 1996 para Erato); si ya eran hace más de un cuarto de siglo ejemplares, ahora revelan mayor poso introspectivo aún. El programa se completa con los 9 Lieder und Gesänge op. 32 del mismo autor, con Grimaud como magnífica “acompañante” (mucho más que eso, claro) del barítono Konstantin Krimmel (Ulm, 1993), un cantante de irreprochable línea e impecable estilo, al que quizá sea pronto para pedirle la variedad de expresión que lograba Fischer-Dieskau.
Yannick Nézet-Séguin prosigue su labor en pro de música estadounidense prácticamente olvidada. Vuelve en este CD de DG a la compositora negra Florence Price con su Cuarta Sinfonía, una amplia composición (34’) de 1945 en cuatro movimientos muy injustamente postergada. Si acaso se le puede achacar una posible falta de unidad: el extenso primer movimiento posee un carácter sinfónico, mientras los tres restantes son más folklóricos o pintorescos (el 2º, “Andante cantabile”, comparte la melodía del “Largo” de la Sinfonía del Nuevo Mundo que ha acabado popularizándose en la canción Going home). Y comparte disco la Negro Folk Symphony (1934) del también negro William Dawson (1899-1990), estrenada en su día por Leopold Stokowski y aquí registrada en público. Este tan controvertido director, pero que tanto hizo por dar a conocer obras nuevas, la grabó por primera vez en 1963, tras una revisión realizada por el propio autor. La obra, en tres tiempos y que dura en total unos 35’, se basa al parecer en diversos espirituales negros. Es de vocación más popular, siendo quizá menos valiosa que la otra partitura del disco. En todo caso, las interpretaciones parecen (no conozco otras) de verdadero lujo, con una sensacional Orquesta de Filadelfia.
Otro interesante disco recién aparecido es el titulado
“Bach & l’Italie”, del sello Alpha e interpretado por el joven
clavecinista Justin Taylor. Contiene la Fantasía cromática (absurdamente sin
la fuga), el Concierto italiano, BWV 971, la Toccata BWV 914,
los Conciertos (sin orquesta) BWV 972, 974 y 978, así como
pequeñas piezas, cadenzas, etc. Es un instrumentista técnicamente dotado, vehemente
y apasionado que insufla a menudo a estas piezas un aire pocas veces asociado a este
repertorio, pero que puede sentarle muy bien. También es capaz de cantar con delectación (“Andante” del BWV
971). Un músico a seguir. Encuentro la toma de sonido un poco descarnada.
Para el clave solo, prefiero una cierta distancia de los micrófonos, y menos
volumen en los discos.