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martes, 10 de abril de 2018

Jonas Kaufmann como Otello


En el Covent Garden, con Agresta, Vratogna y Pappano

Como se sabe, el famoso tenor alemán interpretó por primera vez el exigente papel protagonista de la penúltima ópera verdiana en el Covent Garden el pasado junio de 2017. Yo no pude asistir a ninguna de aquellas representaciones, pero ahora ha sido divulgada la filmación de alguna de ellas, con una calidad de sonido e imagen suficientes como para poderla comentar. Otello es seguramente el papel más exigente de toda la producción verdiana, y no solo -que también- por su dificultad vocal, sino en no menor medida por la tremenda dificultad que supone encarnarlo con toda credibilidad, interpretándolo y actuándolo. La expectación despertada era enorme, pero hubiera sido casi milagroso que el gran tenor pudiese tocar fondo en una primera aproximación. No, no lo hizo. Aun así, es de admirar lo gran cantante y lo gran artista -artista completo, sobre todo por su musicalidad- que es este tenor nacido en 1969. Tras su obligado retiro a causa de una seria afección vocal, no se sabía muy bien en qué estado reaparecería. Quizá no está tan pletórico como antes, pero bien podría ser que se mostrase un poco reservado por temor a fallar o a desfondarse. En resumen, su interpretación me ha parecido muy notable desde cualquier punto de vista, pero es también evidente que este papel le supera un tanto, de momento: su legato y sus medias voces siguen siendo muy de admirar; le falta sin duda algo de squillo a su voz para ser un Otello ideal; en los pliegues psicológicos del personaje no ha ahondado tanto como puede pedirse, e incluso como actor le falta algo de la gran credibilidad que suele mostrar. Tal vez sea cuestión de tiempo que llegue a subsanar algunas -o todas- estas carencias.

He hecho algo que no le ha beneficiado en absoluto: comparar varios fragmentos con los de la anterior versión en el mismo coliseo en 1992 -en el DVD de Opus Arte- en el que Plácido Domingo encarnó el quizá más convincente de cuantos Otellos le hemos escuchado o visto, junto a Kiri Te Kanawa, Sergei Leiferkus y Sir Georg Solti (escena de Elijah Moshinsky). Si ya sabía yo de sobra que el tenor madrileño había redondeado en esa ocasión (yo estuve presente en el teatro) el más grande Otello que he escuchado jamás, en directo, grabado o filmado, tras hacer las comparaciones Plácido se despega absolutamente hasta el Olimpo. Desde el "Esultate!" en el que no solo la voz es más restallante, sino sobre todo que Domingo lo dice, lo expresa con una intensidad arrebatadora. Hasta el "Niun mi tema" final, donde el madrileño sobrecoge y desarma por su tremenda sinceridad, muy por encima del alemán. No, por ahora no hay comparación posible.

Desdemona fue encomendada a una de las sopranos italianas más apreciadas de la actualidad, Maria Agresta, que estuvo francamente bien por sus intenciones y su realización, si bien queda por debajo de lo excepcional -que habría que reservar para Freni, Caballé o Kanawa- a causa quizá de un caudal no todo lo maleable que desearíamos: la regulación de la voz, sobre todo en el pianissimo, no encandila. Creo que actualmente Anja Harteros o Anna Netrebko lo podrían hacer mejor. Pero el borrón de la versión que comento estuvo, claramente, en el Iago de Marco Vratogna, un barítono que simplemente no da la talla. En ningún aspecto. Una lástima. Me parece que fue una sustitución de Ludovic Tézier, que seguramente habría estado mucho mejor. Por no hablar de Carlos Álvarez, seguro que el gran Iago actual. El resto de los personajes estuvo bien servido, así el Cassio de Frédéric Antoun, el Lodovico de In Sung Sim o la Emilia de Kai Rüütel.

El Coro de la Royal Opera House, preparado por William Spaulding, no estuvo tan bien como en otras ocasiones -también su dificultad, sobre todo en "Fuoco di gioia", es muy grande-. Pero lo cierto es que preparado por Renato Baldasonna solía rendir a más nivel. Creo que también la Orquesta estuvo algo menos bien de lo habitual; o sea, muy bien. Pero lo que me parece más claro es que Antonio Pappano no ha estado a su altura, que en Verdi suele ser extraordinaria. Correctísimo, sin nada realmente que achacarle, no hay más que medirlo con Solti (en la citada versión con los mismos conjuntos) o con Barbirolli (CD EMI, 1970) para darse cuenta de que estos dos sí son verdaderamente formidables. De la escena, nada descabellada, de Keith Walter diré poco: escueta, casi austera a veces, me ha convencido bastante poco, aunque no carece de algún hallazgo interesante aquí y allá. En definitiva: si este Otello se comercializa en imágenes, como parece, no es para salir corriendo a comprarlo. En DVD, el de Domingo/Solti le va a dar sopas con honda.